El Convento de los Descalzos en el Rímac

El Convento de los Descalzos en el Rímac

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Desde 1595 este monasterio se afianza como uno de los más tradicionales del país. Su sencilla fachada corona la elegante Alameda de los Descalzos, la cual se mantiene en silencio hasta que abre sus puertas.

Sus patios conventuales son testigos del ir y devenir de los religiosos. Las monjas adornan los huertos y jardines con un vaivén y gracia de antaño. Como decía José de la Riva Agüero: “Son los únicos sitios en que aún es posible imaginar y sentir la poesía de la colonia, poesía blanda y muelle, enervadora”.

El Convento de los Descalzos fue un importante centro apostólico de donde salieron cientos de misioneros a catequizar las zonas apartadas del Perú durante el siglo XIX. La construcción de este monumento histórico nacional se efectuó sesenta años después de la fundación de Lima por Francisco Pizarro en terreno donado por Doña María de Valera y su hijo Don Luis Guillén, benefactores de la orden.

El aroma del Perú antiguo se percibe en el Convento de los Descalzos, Rímac. Foto: Marco Gamarra Galindo.

A pedido del arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo, el rey español Felipe II aceptó la creación de una casa franciscana de oración, penitencia y recogimiento. Su denominación oficial fue la de Convento de Nuestra Señora de los Ángeles. Sin embargo, la tradición popular la llamó “los Descalzos” debido a las sandalias usadas por los sacerdotes.

A pesar de no tener la intención de acumular riquezas, la devoción había reunido valores para el patrimonio histórico y artístico de la nación como reliquias de San Francisco Solano, San Francisco de Asís y San Antonio de Padua junto a más de 300 lienzos de la escuela cusqueña, limeña y quiteña, y una biblioteca de dos niveles con más de 15,000 libros de piel de cabra de los siglos XVI al XX que actualmente se pueden apreciar en el Museo de los Descalzos.


Fuente: http://blog.pucp.edu.pe/blog/labibliotecamarquense/2010/07/23/el-convento-de-los-descalzos-en-el-rimac/

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