Alfredo Meza

El mandatario Nicolás Maduro ha ofrecido este martes una conferencia de prensa en el palacio presidencial de Miraflores, en Caracas, para desplegar sus habituales denuncias contra el imperialismo yanqui, insultar a los presidentes de América Latina más críticos con la deriva autoritaria del régimen bolivariano y atrincherarse en su apuesta de la Asamblea Nacional Constituyente, la instancia suprema que mantiene sojuzgados a todos los poderes constituidos en Venezuela. La comparecencia de Maduro ha dejado dos noticias: el anuncio de una petición a Interpol para que capture en Brasil a la fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, y a su esposo, el diputado chavista Germán Ferrer y la invitación a una cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que impulse un diálogo con la alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

“Yo espero que estos delincuentes sean entregados a la justicia venezolana”, dijo el mandatario durante su larga conversación con la prensa, que tuvo enlaces con las principales embajadas venezolanas en el mundo. Fue un acto curioso, porque también preguntaron los embajadores de Venezuela, líderes sindicales o abogados defensores de la causa de izquierdas en Estados Unidos. Cada uno en su momento le dio pie a Maduro para descargarse al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos —a quien acusó de liderar las agresiones contra su Gobierno— al de Argentina, Mauricio Macri —a quien llamó “cobarde”—, al secretario general de la OEA, Luis Almagro —a quien le dijo “basura”— “y a los gobiernos golpistas de Paraguay y de Brasil”, que en días pasados acordaron la expulsión de Venezuela del Mercosur.

Maduro también se refirió a la relación con Estados Unidos y reconoció que se encuentran “en su peor momento”. Acusó a Washington de ordenar “una persecución financiera” contra su país y auguró que el Gobierno de Donald Trump va a tomar medidas económicas contra Venezuela “que van a empeorar la situación”. Pero dijo que estaba preparando “una serie de decisiones para proteger a los venezolanos del bloqueo comercial, petrolero y financiero”. Pidió el apoyo de los venezolanos: “Si esta revolución es acosada desde adentro y desde afuera tiene derecho a defenderse. Lo vamos a hacer”.

En los últimos meses, Washington ha sancionado a altos cargos venezolanos, incluido el propio gobernante venezolano, a quien ha calificado como un dictador. A pesar de todo, Maduro se mostró dispuesto a conversar con su homólogo estadounidense. Prometió escribirle una carta: “Si la lee con buena voluntad estoy seguro de que las relaciones entre los dos países van a mejorar”.

Maduro aseguró que el diálogo con la oposición se mantiene a diario en privado, pero que desea iniciar un ciclo de conversaciones públicas, en cualquier país del mundo, con el acompañamiento de la Celac. “El expresidente de España José Luis Rodríguez Zapatero es testigo. Estamos haciendo gestiones con las Cancillerías de Ecuador, República Dominicana, El Salvador y Granada para concretar una conferencia por el diálogo y he hecho la propuesta para que invitemos a Gobiernos fuera de nuestra región para restablecer el diálogo por la soberanía y la paz de Venezuela”.

El mandatario reveló que estaba dispuesto a posponer la elección de la Constituyente a cambio de que la oposición participara. “Todo estaba listo, pero un día recibieron una llamada. Alguien habló en inglés. Al culminar la llamada decidieron no firmar ese acuerdo”. Con esa infidencia Maduro intentó la descalificación de sus adversarios. “La oposición no tiene capacidad de decidir. Para llegar a un acuerdo con nosotros primero deben recibir una orden del Norte (Estados Unidos). Es lamentable. Ninguno tiene capacidad de decisión”.


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