El veterano actor estadounidense falleció el pasado domingo, a los 91 años, en su casa de Las Vegas, a causa de una distrofia muscular.

En la última entrevista que le hicieron a Jerry Lewis, la estrella de televisión, parece convulso por la rabia. Le responde a Andy Lewis, editor de Hollywood Reporter, con un atropellado tono de voz y monosílabos ahogados por el aire que no alcanza a salir bien de su boca.

Lewis hacía parte de una serie de diez estrellas que todavía trabajaban a pesar de tener 90 años. El número especial de fin de año tenía por nombre Creativo hasta morir. El objetivo no era sólo celebrar su longevidad sino intentar obtener una idea de lo que los hacía creativos y vitales en una época en la que la mayoría de sus contemporáneos ya se habían retirado. El grupo incluía a Don Rickles, Norman Lear, Betty White y Jerry Lewis. Cada persona sería fotografiada y filmada para una breve entrevista de diez a quince minutos. La idea era que hablaran sobre la vejez y la creatividad y de esa forma reflexionaran sobre sus carreras.

Jerry Lewis, sin embargo, no quiso. No le gustaba la gente extraña en su casa y mucho menos si esa gente tenía encima luces y cámaras y una cantidad, para él, innecesaria de equipo.

Ofreció un bombardeo de críticas sin parar, haciendo caso omiso de los intentos del fotógrafo por relajarlo. Al principio, el periodista pensó que Lewis sólo estaba actuando —que ser malhumorado era un truco—, pero él parecía estar cada vez más enojado y furioso con el paso del tiempo. Luego, cuando la conversación iba por la mitad, Lewis dijo que estaba cansado de viajar y que haber apretado su agenda para hacer una entrevista había sido un reto para un hombre de 90 años.

Las entrevistas no se le daban bien, pero los papeles en cine sí.

Lewis luchó contra infartos cardíacos, un cáncer de próstata, diabetes, inflamaciones pulmonares y un dolor de espalda crónico. El veterano intérprete aún se encontraba activo y tenía pensado trasladarse a Canadá para participar en el rodaje de una película. Precisamente el año pasado intervino en la película Policías corruptos, en la que encarnaba al padre del protagonista, Nicolas Cage.

Considerado uno de los grandes y más recordados actores de comedia de los años 50 y 60, Lewis formó un recordado dúo con el cantante Dean Martin, tanto en clubes nocturnos como en televisión y en cine, donde realizaron 17 películas juntos, entre ellas My Friend Irma (1949) y Loco por Anita (1956).

Los dos llevaban las situaciones a extremos maniacos y absurdos, lo que causó un impacto muy fuerte en una sociedad agazapada bajo los valores tradicionales del deber ser. Se separaron como pareja artística de forma abrupta en 1956, aunque cuentan que 20 años después fue Frank Sinatra quien volvió a unir a los antiguos amigos.

Criado en una familia de artistas judíos de origen ruso, Jerry Lewis fue un innovador. Desarrolló nuevas técnicas ante la cámara, donde perfeccionó el papel de payasón en comedias muy visuales, y también como director. Incluso se ganó el reconocimiento como escritor. Para la Paramount fue una máquina de hacer dinero. En más de 50 años, sus películas recaudaron unos US$800 millones, una cifra espectacular si se piensa en los precios del cine en la época.

Su nombre figura en más de 60 películas, incluyendo su labor como productor. Ocasionalmente dirigió series de televisión. Sus detractores le reprochaban haber sido demasiado repetitivo con su humor. Como otros artistas caracterizados por una personalidad compleja, era más querido fuera de EE. UU., donde se lo comparaba con Chaplin y Buster Keaton.

Por todo eso, para el editor de Hollywood Reporter era casi impensable ese enojo, esa ira en medio de la entrevista del año pasado. Andy Lewis había discutido algunas preguntas de apertura con el editor del especial, Peter Flax, y decidieron comenzar con “¿Alguna vez ha pensado en la jubilación?”, como un desafío de buena voluntad. Otros personajes a quienes les habían preguntado lo mismo lo habían tomado de esa manera (Cloris Leachman dijo, “Fuck that”). Lewis simplemente dijo, “¿Por qué?”. Y lo miró furioso.

El periodista acaba de publicar una nota por la muerte del actor en la que dice: “Me gustaría haber apagado las cámaras y preguntarle a Lewis si había algo en mi poder para hacerlo más feliz”.


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