No todos los grandes hombres y mujeres de la historia obtienen siempre el reconocimiento que se merecen. Muchos, por uno u otro motivo, quedan relegados a la sombra de otros a pesar de sus méritos. Ese es el caso por ejemplo de Lise Meitner, descubridora de la fisión nuclear, Nicola Tesla, némesis de Thomas Edison, la hija de Lord Byron Ada Lovelace y Alan Turing, el matemático británico que logró descifrar el código secreto que los nazis utilizaban en su máquina Enigma.

Sin embargo, en ocasiones el tiempo hace justicia y reivindica la figura de estos genios olvidados. Está pasando con Tesla y también con Turing, cuyo nombre es cada vez más popular. Este 2015 está siendo clave para la imagen del matemático de cara al gran público. En primer lugar, su historia se ha colado en los Oscar gracias a la película The Imitation Game, donde el actor Benedict Cumberbatch da vida a Turing. Además, el próximo junio se cumplirán sesenta años de su muerte y, mucho antes, el próximo lunes 13 de abril, se subastará una libreta de 56 páginas con anotaciones escritas por él mismo.

Los expertos han datado la libreta en el año 1942, cuando Turing lideraba al grupo de analistas que luchaba por descifrar el código secreto de los nazis. Turing legó la libreta que sale a la venta a su compañero Robin Gandy junto con otros papeles. El también matemático depositó gran parte de ese legado en el archivo del King’s College, en Cambridge, pero conservó esa libreta, que ha sido puesta a subasta por un vendedor anónimo y se rematará este lunes en la sala de Bonhams en Nueva York.

Entre los textos y fórmulas matemáticas que Turing esbozó en las páginas de esa libreta se encuentran algunas de las ideas que acabarían convertidas en las bases de la actual computación. La especialista en manuscritos de la casa de subastas Cassandra Hatton aseguró que la libreta es “probablemente el manuscrito de Turing más extenso” que se conserva. “Trabajaba en lógica y en los fundamentos de las matemáticas para intentar crear un lenguaje universal para las computadoras”, detalló la experta. El documento saldrá a subasta por un precio estimado de un millón de dólares (860.000 euros).
Una vida peculiar

Pero, ¿por qué tanta admiración por Turing? Su papel en la Segunda Guerra Mundial fue clave y además es considerado uno de los padres de la informática moderna pero, más allá de esos grandes méritos, son los extraños avatares de su vida los que lo han convertido en un personaje de gran atractivo histórico. Brillante desde niño, muy aficionado a los números, los crucigramas y los rompecabezas, su vida está salpicada de llamativos acontecimientos.

Por ejemplo, en 1926, con catorce años, ingresó en el internado de Sherborne en Dorset. Su primer día de clase coincidió con una huelga general en Inglaterra, pero eran tantas sus ganas de acudir a la escuela que recorrió en bici 96 kilómetros y medio y pasó una noche en una posada para poder acudir. Tal hazaña le valió aparecer en la prensa local. Este hecho no fue algo aislado sino que demostraba un verdadero gusto de Turing por el deporte, quien se aficionó a correr y llegó a competir en maratones con muy buenos resultados.

En la escuela conoció a Christopher Morcom, un chico un poco mayor que él que no tardó en convertirse en el primer amor de Turing, un amor secreto que nunca llegó revelarle puesto que Morcom falleció en 1930 de tuberculosis. Su muerte produjo en Turing un gran impacto que destruyó su fe religiosa y afectó a su forma de pensar.

Alan Turing llegó a discutir acaloradamente con el célebre filósofo Wittgenstein sobre la importancia de las matemáticasEn cuanto a su personalidad, Turing era tímido y tenía un leve tartamudeo, pero no era tan excéntrico como se le muestrae en The Imitation Game. De hecho, algunos aseguran que tenía un gran sentido del humor. Eso no le libró de controversias y enfrentamientos, llegando a discutir acaloradamente con el célebre filósofo Wittgenstein sobre la importancia de las matemáticas.

A lo largo de su carrera dio a luz a la llamada máquina de Turing, elaboró el test de Turing —que pone a prueba los límites que puede alcanzar la inteligencia artificial—, creó el primer programa de ajedrez y, en resumen, se convirtió en todo un referente de la informática, la cibernética, la lógica y las matemáticas.

Sin embargo, su brillante trayectoria se vio truncada en 1952 cuando acudió a la policía para denunciar un robo en su casa. Durante la declaración confesó su homosexualidad y fue acusado de indecencia grave y perversión sexual, que estaban considerados delitos graves en el Reino Unido de aquella época. Una vez condenado, se le dio a elegir entre la cárcel y la castración química. Turing optó por esto último, un proceso que le produjo grandes cambios físicos y acabó afectando a su trabajo.

Dos años después murió tras morder una manzana envenenada con cianuro. Aunque habitualmente se da por hecho que Alan Turing se suicidó, a lo que contribuye el carácter poético e histórico del cianuro y el hecho de que Blancanieves y los siete enanitos fuese la película favorita del genio, aún se debate sobre su muerte. Algunos dicen que pudo haber sido un simple accidente consecuencia de un descuido mientras que otros como el profesor de filosofía Jack Copeland no descarta la idea del asesinato.

Tras una masiva petición popular, en la que intervinieron conocidas figuras británicas, la reina Isabel II concedió un indulto póstumo a Alan Turing en diciembre de 2013. No es el único homenaje que ha recibido el matemático recientemente. En los últimos quince años, su nombre y su rostro no han cesado de recibir reconocimientos en forma de novelas, conmemoraciones, estatuas e incluso a través de un doodle de Google que en junio de 2012 logró que muchos internautas descubrieran la fascinante historia de este cada vez menos desconocido genio.

Hasta entonces, el único reconocimiento que tenía el matemático era el premio Turing, que se otorga desde 1966 a quienes hayan contribuido de manera trascendental a la informática.


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