El cineasta migrante. El director de cine patriótico. Es difícil encontrar figuras más influyentes en el cine mexicano que la de Emilio El Indio Fernández, que hoy se cumplen 31 años de su muerte. El director de más de 40 películas, algunas de ellas reconocidas en los festivales de Cannes y San Sebastián, se hizo de un estilo propio después de ver como un extranjero, un ruso para ser más específico, Sergei Eisenstein, se enamoró de su país. Fernández no fue el mismo después de ver ¡Qué viva México!, el clásico de 1932 filmado por el europeo en un recorrido por el país.

Fernández nació en 1904 en un pueblo de Coahuila. Su padre fue un general de la Revolución mexicana y su madre era una indígena de la tribu kikapú, de ahí tomó su famoso apodo. En su adolescencia, El indio se enroló en el movimiento encabezado por Adolfo de la Huerta, que se levantó en armas en contra del Gobierno del presidente Álvaro Obregón. El joven fue desarmado, capturado y apresado. En una vida que parece haber sido escrita por un libretista de Hollywood, Fernández escapó de prisión para fugarse a Estados Unidos. Allí vivió en Chicago y Los Ángeles, dos ciudades que siempre han recibido a la población mexicana con los brazos abiertos.

En Estados Unidos, Emilio El Indio Fernández trabajó de albañil. Un día, el azar lo llevó a trabajar en una construcción cercana a los grandes estudios de Los Ángeles. Allí comenzó su carrera cinematográfica. Su primer trabajo fue como extra en The Oklahoma Cyclone, un desconocido western filmado en 1930. A partir de entonces hizo de todo: fue actor secundario y llegó a ser bailarín en Flying down to Rio(1933), la película protagonizada por Dolores del Río, la diva del cine mexicano que triunfó en Estados Unidos.

Fernández volvió a México después de haber bailado en aquella producción. Pero antes de afianzarse como profesional del cine probó suerte en varios oficios. Fue boxeador, panadero, maestro de tiro, pescó camarón, aviador y clavadista en Acapulco. Su primer protagónico llegó ofrecido por Carlos Navarro en el mediometraje Janitzio.

El Indio actuó en casi 90 películas, buena parte de ellas eran westerns. Sam Peckinpah lo utilizó en The Wild Bunch y Pat Garrett y Billy the kid. John Huston también lo dirigió en La noche de la Iguana (1964), protagonizada por Richard Burton y Ava Gardner. También regresó a Estados Unidos a hacer televisión, con apariciones en las series Colombo y Kung Fu.

Fernández logró un nombre en el cine mexicano por su trabajo como director. Su ópera prima fue firmada en 1942 bajo el nombre de Clipperton: la isla de la pasión. Dos años después filmó María Candelaria, que se ha convertido en un clásico de la filmografía nacional y que obtuvo el premio a mejor fotografía en Cannes. Entre sus más de 40 títulos dirigidos se encuentran también La perla (1945), Enamorada (1946), Salón México (1948) y Pueblito (1961).

Fernández falleció en su legendaria casa del barrio de Coyoacán el 6 de agosto de 1986 tras complicaciones por una fractura de la clavícula. Tenía 82 años.


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