Esteban Linés, Barcelona

Un juez considera que la canción Stairway to heaven , de Led Zeppelin, convertida en prácticamente un himno, en realidad no es tan maravillosa o, como mínimo, que esa maravilla tiene una autoría diferente a la que hasta ahora se consideraba reconocida. Que hay motivos de sospecha de que hubo plagio en una parte del tema. Polémica y debate reabiertos, porque esta cuestión es casi consustancial a la historia de la música en general y de la popular en especial. Y de la que ninguno de los grandes nombres del Olimpo musical se ha escapado en algún momento u otro de su carrera.

Los hechos están de la siguiente manera: al cantante y al guitarrista del grupo británico Led Zeppelin, Robert Plant y Jimmy Page, respectivamente, se les someterá en Estados Unidos a un juicio con jurado para esclarecer si plagiaron los acordes iniciales de Stairway to hea­ven, uno de los grandes clásicos del grupo. En cambio, por su parte el bajista John Paul Jones y la discográfica Warner han sido exone­rados de la acusación de piratería.

Esta nueva situación tiene nombres: el juez Gary Klausner, que ­hace nueve días anunció en Los Ángeles que la mencionada composición de Led Zeppelin y la canción Taurus del grupo Spirit son lo suficientemente similares como para que sea un jurado el que decida si Plant y Page son responsables de haber infringido la legislación que protege los derechos de autor. Si no hay imprevistos, será el próximo 10 mayo cuando comience la vista.

La demanda fue presentada por Michael Skidmore, representante legal del difunto Randy Wolfe, artísticamente conocido como Randy California, que fue el guitarrista del citado grupo Spirit y autor del tema Taurus. Fallecido a los 45 años mientras hacía surf en Hawái e intentaba salvar a su hijo de que se ahogase, Wolfe/California no era ningún desconocido en la escena rockera estadounidense. Hacía ya años que los representantes legales del músico fallecido denunciaban esta usurpación de copyright.

Las suposiciones y los “es posible que” son muy abundantes, sobre todo la que siempre ha defendido Skidmore de que Jimmy Page pudo haberse inspirado cuando componía Stairway to heaven (Escalera al cielo) después de escuchar al grupo Spirit interpretar Taurus cuando ambas bandas estuvieron girando conjuntamente en los años 1968 y 1969. Los defensores de la parte acusada sostienen que Randy Wolfe/California en aquella época era un músico de alquiler y que por lo tanto no podía reclamar derechos de autor; también sostienen, y aquí se entra en el terreno más subjetivo, que los acordes motivo de la demanda eran tan manidos que no requerían ningún tipo de copyright.

Especial atención merece la explicación, someramente bien argumentada, del juez para tomar la decisión, pues en su opinión un jurado podrá encontrar una similitud “sustancial” entre los dos primeros minutos de ambas composiciones, “posiblemente los segmentos más reconocibles e importantes” de las canciones. Y añade que “mientras es verdad que una progresión cromática descendente de cuatro acordes es una convención común que abunda en la industria de la música, las semejanzas aquí superan esta estructura principal” (…) “lo que queda es una evaluación subjetiva del ‘concepto y el sentido’ de los dos trabajos… una tarea más adecuada para un jurado que para un juez”.

El debate en la comunidad musical está asegurado, puesto que para no poca gente, las valoraciones del juez obvian detalles fundamentales como que el motivo de polémica es una parte relativamente pequeña de una composición que en manos de Led Zeppelin no tiene nada que ver con el supuesto material plagiado. Y una reflexión más general: en aquella época, Page estaba en plena convulsión creativa, perfilando su estilo con montones de influencias estilísticas y artísticas, desde el blues añejo hasta la literatura fantástica.

¿Qué pasa con esta canción para haber levantado tal polvareda? Pues que desde que apareciera incluida en el álbum Led Zeppelin IV, en noviembre de 1971, sucesivas generaciones de jóvenes aficionados han quedado/quedan subyugados y aprenden a tocar con devoción la introducción que hace Jimmy Page con la guitarra acústica o buscan los enésimos significados a la letra de Robert Plant. Además de eso, se la puede encontrar en infinidad de listas de las mejores canciones de la historia del rock.

Y ya puestos, ¿qué pasa con algunas canciones de Led Zeppelin que a menudo acaban siendo motivos de sospecha? En el pasado, fueron varias las ocasiones en que emergieron acusaciones sobre la autoría, sobre la no aparición de los nombres de algunos coautores en los créditos de ciertas composiciones de la banda inglesa, o sobre la falta de abono de derechos de autor a músicos que aseguraban ser merecedores de los mismos. Y no son canciones cualquiera: Babe I’m gonna leave you, Dazed and confused, Whole lotta love, The lemon song o Bring it on home, canciones que algunas de ellas bebían en antiguas tonadas blueseras de cuya autoría original muchas veces poco se sabe. Este no fue el caso, sin embargo, de la celebérrima Dazed and confused, uno de los cortes más gloriosos del disco de estreno de Lez Zeppelin y que allí está firmado únicamente por Jimmy Page. El tema, en realidad, es de un cantautor folk inglés que hizo de telonero de los Yardbirds –la banda donde militaba Page antes de formar Led Zeppelin- en 1967, y que despertó el interés de este. Ya disuelto el grupo y preparando el contenido de L ed Zeppelin I, Page escribió una nueva letra y añadió nuevos acordes de guitarra.

Evidentemente, ninguna de esas composiciones sonaban como luego lo hicieron en manos de Plant, Page y compañía. Estos puede que cogieran ideas (en el caso de Whole lotta love, se comentó que tomó prestados detalles de temas de Willie Dixon y de los Small Faces), pero no las copiaban sino que las transformaban deviniendo a menudo en pequeñas obras de arte. Una enorme diferencia.


LEAVE A REPLY