Revolución caliente, conocido también con el nombre de caramanduca o karamanduca, es una especie de galletita o panecillo tradicional, de sabor dulce y crocante, preparado con azúcar, clavo y canela. Su nombre se debe a que al masticarlo producían mucho ruido y se vendía caliente.

Era vendido en paquetitos por los pregoneros de la Lima de antaño (vendedores ambulantes que anunciaban a voz alta su producto mediante cantos o frases). Generalmente la venta se ralizaba durante la noche, motivo por el cual los vendedores llevaban consigo siempre un lamparín.

Yo aún recuerdo que durante mi infancia y los comienzos de mi adolescencia, algunas noches, veía pasar a un vendedor de revolución caliente cerca de mi casa, era un señor de mediana edad y de tez morena, que llevaba consigo un lamparín y una bolsa de tela blanca colgada de su hombro. En esa bolsa llevaba su delicioso producto, una especie de pequeño pan dulce de consistencia un poco dura, el cual anunciaba a través de un bonito canto o pregón característico que decía lo siguiente:

Revolución caliente,
Música para los dientes
Azúcar clavo y canela, para rechinar las muelas,
Por esta calle me voy,
Por la otra me doy la vuelta,
Todo el que quiera comprar,
Que deje la puerta abierta.

Transcurrieron los años hasta que me convertí en adulto, pero nunca más volví a ver a ningún otro tradicional vendedor de revolución caliente, recorriendo las calles de la ciudad. Me causa nostalgia y un poco de tristeza, el saber que esta costumbre típica y pintoresca (así como muchas otras) de una Lima tradicional, se perdió en el tiempo, dando paso a la modernidad, en donde se aprecian menos los detalles, se valora más la rapidez y las relaciones son cada vez más impersonales.

Según el escritor costumbrista Ricardo Palma (7 de febrero de 1833 – 6 de octubre de 1919), quien escribió Las Tradiciones Peruanas, la revolución caliente era ofrecida en Lima en el siglo XIX, por los cholos bizcocheros, junto con encimadas, rosquetes y alfajores. Ya era para entonces era una galleta pequeña, preparada de pasta fina, con azúcar, huevo y canela, muy tostada y de forma cúbica, que se vendía en invierno manteniéndola caliente.

Según el escritor Pedro Benvenutto Murrieta (1913-1978), quien en 1932 escribió Quince plazuelas, una alameda y un callejón , se trata de un bizcocho pequeño, muy tostado, de pasta fina idéntica a aquella con que fabricaban los rosquetes. Su masticación producía un ruido notable, razón por la cual sus vendedores pregonaban:

Caramanduca caliente,
Música para los dientes,
A dos centavos ¡caliente!

Los pregoneros eran quienes marcaban la hora en la antigua Lima, ya que salian a vender sus mercancias cada día a la misma hora. Algunos de los más populares son los siguientes:

  • A las 6 de la mañana la lechera
  • A las 7 a.m. la tisanera y chichera de terranova
  • A las 8 a.m. el panadero
  • A las 9 a.m. el aguador
  • A las 10 a.m. la vendedora de tamales (tamalera)
  • A las 11 a.m. los pescadores y la mulata del convento vendiendo ranfañote, cocada y fréjoles colados.
  • A las 12 del medio día el vendedor de empanaditas de picadillo
  • A la 1 p.m. el ante con ante (dulce)
  • A las 2 p.m. el humitero y la picaronera
  • A las 3 p.m. el melcochero, anticuchero y turronero
  • A la 4 p.m. el vendedor de pisco y aguardiente
  • A las 5 p.m. la mixturera (vendedora de flores)
  • A las 6 p.m. el quesero y el sereno para prender los faroles
  • A las 7 p.m. la mazamorrera
  • A las 8 p.m. el heladero
  • A las 9 p.m. el vendedor de revolución caliente
  • A las 10 p.m. el sereno para apagar los faroles

Receta de revolución caliente para 24 porciones

Ingredientes

1 kilo de harina sin preparar
200 gramos de mantequilla
300 gramos de azúcar
10 gramos de sal
30 gramos de levadura
1 taza de leche
4 huevos
1 cucharada de clavo de olor
2 cucharadas de canela en polvo
1 1/2 tazas de azúcar en polvo (para espolvorear)
1 cucharada de canela en polvo (para espolvorear)

Prep Time: 45 minutes
Cook Time: 15 minutes

Total Time: 60 minutes
Yield: 24 porciones

Preparación

Sobre la mesa de trabajo cernir la harina sin preparar y luego formar dos montículos con forma de volcán, uno pequeño de 200 gramos aproximadamente y el otro más grande con el resto.

En el montículo con forma de volcán más pequeño, vaciar ½ taza de agua y la levadura. Luego amasar hasta que se forme una masa elástica y pareja. Verter agua tibia en un bol y enseguida colocar la masa dentro del agua hasta que flote y se ponga esponjosa.

En el otro montículo con forma de volcán de tamaño más grande, colocar el resto de los ingredientes y mezclar poco a poco. Después de amasar un poco la mezcla anterior, agregarle la masa esponjosa reservada. Continuar amasando y golpeando la preparación contra la mesa de trabajo para que se integren bien las.

Cuando la masa esté suave, homogénea y se despegue fácilmente de la mesa de trabajo, dejarla reposar sobre una superficie ligeramente aceitada. Pasar las manos untadas con aceite encima de la masa y luego dejarla reposar en un lugar que no tenga corriente de aire, cubriéndola completamente con un paño seco para que fermente y aumente su volumen.

Volver a amasar la preparación y dejar reposar, cubriendo con el paño para que la masa vuelva a aumentar su volumen. Amasar nuevamente, cortar en dos partes y presionar con el puño para sacar el aire que tenga dentro.

Estirar la masa y cortar rectángulos de 1 centímetro de ancho por 2 centímetros de largo. Colocarlos sobre latas o bandejas de hornear previamente engrasadas.

Dejar reposar hasta que aumenten su tamaño al doble y luego espolvorearles la canela y el azúcar en polvo.

Llevar al horno a una temperatura de 225ºC (437 ºF) por aproximadamente 15 minutos.


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