Nuño Domínguez

Los humanos somos como somos gracias en parte a que nuestros ancestros se acostaron con otras especies. Desde que el Homo sapiens salió de África no perdió ocasión para tener sexo e hijos con los neandertales, los denisovanos y otros homínidos que aún están por identificar. Algunos de estos cruces han dejado tesoros evolutivos que nos han ayudado a sobrevivir, como los genes que hacen más fuerte nuestro sistema inmune que nos pasaron los neandertales o la capacidad para vivir en el Himalaya gracias a genes de adaptación a la altura que los denisovanos pasaron a algunos humanos modernos.

Hasta ahora este proceso de mestizaje se consideraba una rareza, pero resulta que los humanos tampoco somos especiales en esto. Un estudio genético de los grandes felinos acaba de desvelar que también estos mamíferos se cruzaron los unos con los otros y se pasaron genes que les han ayudado a convertirse en los mejores cazadores de sus respectivos hábitats.

La historia evolutiva del grupo panthera —tigres, leones, leopardos, jaguares y leopardos de las nieves— es poco conocida. Los estudios hechos hasta el momento no conseguían aclarar el árbol genealógico de esta familia y cómo pudieron surgir especies tan diferentes en periodos de tiempo tan cortos en términos evolutivos, tal y como explica un equipo de científicos de varios países, incluida España, en un estudio recién publicado en Science Advances. El trabajo toma el relevo de otro publicado en 2013 y que analizó el genoma de tigres leones y leopardos de las nieves. Ahora, un equipo liderado por Eduardo Eizirik, investigador de la Universidad Católica Pontificia de Río Grande del Sur (Brasil), ha secuenciado por primera vez el genoma del jaguar y analizado el de un leopardo para comparar las cinco especies y completar la foto de familia.

El trabajo apunta a que el ancestro común de todos los grandes felinos vivió hace 4,5 millones de años y que los últimos en separarse, leones y leopardos, lo hicieron hace unos 2,5 millones de años. El estudio señala varios genes responsables de las características más llamativas de cada felino, como la capacidad de vivir a grandes alturas del leopardo de las nieves, el gran desarrollo del cráneo y las mandíbulas que hacen que el jaguar sea el miembro con un mordisco más fuerte de todo el grupo y los genes que posiblemente son responsables de que los tigres tengan rayas en su pelaje.

El trabajo también desvela una enrevesada historia de cruces entre las cinco especies. Los ancestros de los leones se cruzaron con los de los leopardos de las nieves, los de los tigres con los leones y los de estos con el jaguar. El tipo de análisis genéticos realizados no permiten saber cuándo sucedieron esos cruces, pero, según Eirizik, “son más recientes que las fechas en las que las especies se separaron”.

El investigador destaca que es uno de los primeros ejemplos de “hibridación” en grandes mamíferos y destaca que una pequeña parte de la riqueza genética que tienen los grandes felinos, esencial para evitar la extinción, se debe a estos cruces entre especies. Además de en los humanos, este tipo de cruces entre especies aparentemente distintas también sucedieron entre bonobos y chimpancés.

Entre los 19.000 genes del jaguar, los investigadores señalan a dos, DOCK3 Y COL4A5, que probablemente pasaron de una especie a otra con un importante regalo en términos evolutivos para el jaguar, pues parecen estar relacionados con el desarrollo del nervio óptico, una mejor visión para el mayor de los felinos de América que heredó gracias a que sus ancestros se acostaban con otras especies, igual que hicieron nuestros antepasados.

El trabajo apunta a que el ancestro común de todos los grandes felinos vivió hace 4,5 millones de años y que los últimos en separarse, leones y leopardos, lo hicieron hace unos 2,5 millones de años

“Son unos resultados sorprendentes”, resalta Toni Gabaldón, investigador del Centro de Regulación Genómica, en Barcelona, y coautor del estudio. “Lo mismo que vemos en humanos lo vemos en los felinos, lo que apunta a que estos casos no son tan raros”, resalta Gabaldón.

Cuatro de las cinco especies analizadas están en peligro de extinción y algunas empiezan a notar los efectos de la poca diversidad genética, como el tigre asiático. “Este estudio obliga a reflexionar sobre la pérdida de biodiversidad ya que muestra que la extinción de especies tiene un impacto mayor de lo que pensábamos, porque no solo desaparece la especie, sino también la posibilidad de que sus adaptaciones evolutivas pasen a otra especie y le ayuden a sobrevivir”, resalta Gabaldón.

“Es un trabajo muy interesante y las hibridaciones se asemejan a lo encontrado ya en homininos, osos y proboscídeos”, reconoce el genetista Carles Lalueza-Fox, que no ha participado en el estudio. “Creo que es evidente que las especies son definiciones arbitrarias; convenientes para paleontólogos, taxónomos y conservacionistas, pero en buena medida arbitrarias”, añade.


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