Guillermo Altares

El equivalente académico de sacar la espada Excálibur de la piedra es encontrar el auténtico emplazamiento de Camelot, la mítica fortaleza que reunió al rey Arturo y a sus caballeros en torno a una tabla redonda. Un profesor británico asegura haberlo conseguido utilizando un instrumento muy poderoso para leer el pasado: la filología. El investigador Peter Field, medievalista, experto en el ciclo artúrico y profesor retirado de la Universidad de Bangor, mantiene que un antiguo fuerte romano llamado Camulodunum, situado en el norte de Inglaterra, encierra el secreto de Camelot.

El hallazgo ha sido recibido con cierto escepticismo por algunos expertos —entre otras cosas porque resulta imposible demostrar su relación con el rey Arturo al ser una deducción erudita sin restos físicos que lo apoyen—, pero el ruido mediático que ha provocado en Inglaterra y en las revistas especializadas en historia demuestra hasta qué punto nos sigue fascinando aquel relato de caballeros que se pierde en las nieblas del periodo más misterioso de la historia del Reino Unido: los llamados años oscuros, durante los que sajones y celtas se enfrentaban por el control de la isla.

“Me di cuenta de que Camulodunum se transforma en Camelot por un proceso filológico bien conocido”, explica Peter Field por correo electrónico, que presentó su deducción en un congreso celebrado en diciembre en la Universidad de Bangor. Camulodunum, que se encuentra en Slack, cerca de la ciudad de Huddersfield, en Yorkshire, significa “el fuerte del dios Camul” y de ahí deriva Camelot. “En el Reino Unido existen dos lugares que comparten ese nombre. Uno de ellos se encuentra en el extremo suroeste y es imposible que un caudillo guerrero que luchase contra los anglosajones tuviese su base allí. Sin embargo, Slack está emplazado en la vía romana que unía las dos principales guarniciones del norte de Inglaterra. El ejército romano se había ido, pero sus carreteras seguían siendo la mejor forma de mover fuerzas de un lugar a otro”.

El mítico Camelot del rey Arturo emerge desde la leyenda

La historia del rey Arturo tiene varias vidas e infinidad de versiones. La inmensa mayoría de los expertos siguen pensando que se trata de una leyenda porque, aunque se han relacionado diferentes lugares con este personaje, no se ha encontrado ninguna prueba de su existencia. Sin embargo, es posible que tenga alguna conexión con la realidad, con un remoto caudillo celta del siglo VI. Su entrada en el mundo de los caballeros andantes es muy posterior: en el siglo XII, el monje galés Geoffrey de Monmouth se inspiró en un conjunto de viejas historias dispersas para construir una saga caballeresca coherente de la que surgen los principales personajes: el rey Arturo, el mago Merlín, el hada Morgana, la reina Ginebra, Lancelot…

La importancia de descubrir un lugar asociado a Camelot estriba en que le da una pátina de veracidad al origen histórico del ciclo artúrico, aparte de la repercusión turística. Tintagel, la fortaleza en Cornualles en la que Geoffrey de Monmouth sitúa el nacimiento de Arturo, recibe decenas de miles de visitantes cada año en busca de las huellas de la vieja leyenda. Después de Geoffrey de Monmouth, el ciclo artúrico fue impulsado por los grandes autores medievales de libros de caballerías como Chrétien de Troyes (siglo XII), que es quien introduce Camelot. Thomas Malory (siglo XV), con La muerte de Arturo es esencial en la cimentación de un mito al que tampoco se resistieron Walt Disney, los Monty Python o el premio Nobel John Steinbeck.

El actor Franco Nero a caballo en el film Camelot (1967).
El actor Franco Nero a caballo en el film Camelot (1967). Getty

“El ciclo artúrico es medieval, pero se apoya en ciertas leyendas anteriores”, explica el catedrático de Filología de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos García Gual, que acaba de publicar La muerte de los héroes (Turner) y es autor, entre otros libros, de Historia del rey Arturo y de los nobles y errantes caballeros de la tabla redonda (Alianza). “Geoffrey de Monmouth conocía aquellos relatos, en los que todavía no existían Camelot, ni la reina Ginebra. Es él quien los introduce en la gran literatura europea. Seguramente en el siglo VI hubo un noble llamado Arturo, pero no hay nada seguro. Resuenan ecos celtas, pero el mito se forja cuando se crea la gran literatura europea”.

Peter Field se pronuncia en el mismo sentido: “No tenemos ninguna certeza sobre Arturo porque vivió (si es que vivió) en la época de la historia británica sobre la que existen menos documentos. Una guerra en la que la facción ganadora, los anglosajones, eran prácticamente iletrados, mientras que los derrotados, los celtas, vieron desvanecerse su lengua y sus tradiciones porque justo eso es lo que ocurre a los perdedores en las guerras. Arturo (si vivió) fue un general que se apuntó éxitos militares en el lado de los perdedores pero, como no existen documentos, no sabemos casi nada de él. Sin embargo, la leyenda artúrica ha acabado por convertirse en la saga no religiosa con más éxito del mundo”. En cambio, García Gual se muestra escéptico ante el posible descubrimiento de Camelot porque cree que “un nombre no significa nada, es construir en el aire”. Y agrega: “Camelot es un lugar fantástico que refleja un mundo ideal”.

Entre la historia y la leyenda

Los alemanes Heinrich Schliemann y Wilhelm Dörpfeld se pasaron media vida dando vueltas por Anatolia en busca de Troya hasta que, a finales del siglo XIX, encontraron los restos de un yacimiento que podría ser la ciudad mítica de los héroes de Homero. Muchos lugares en los que se mezcla la historia con el mito se nos escapan todavía: los historiadores no se ponen de acuerdo en la localización del Rubicón, el río del norte de Italia que César cruzó en su camino hacia Roma para acabar con la República, y sólo muy recientemente se encontró el lugar donde fue asesinado. Numerosos investigadores han tratado de hallar algún tipo de apoyo histórico en el mito de la Atlántida y algunos piensan que su origen podría estar en una ciudad perdida de Tartessos en Doñana. Ahora emerge Camelot desde las nieblas del mundo celta.

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