‘Su mejor historia’, la magia del cine en el amor y en la guerra

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ANA BELÉN GARCÍA FLORES

Durante la II GM una compañía de cine británica recibe el encargo de realizar una película con un argumento heroico y optimista, que anime a la población civil asediada por las bombas.

El filme debe incorporar un punto de vista femenino, por lo que reclutan a la joven secretaria Catrin Cole como guionista. Su talento cambiará el rumbo de su propia vida y el de la cinta propagandística que rueda, y que, al final, se inspirará lejanamente en hechos reales.

Es el núcleo que nos presenta Su mejor historia, una comedia romántica bélica, dirigida por la directora danesa Lone Scherfig (An education), con Gemma Arterton (Prince of Persia) como protagonista, Sam Clafin, popular por su participación en la saga de los Juegos del hambre, en el papel de un cínico guionista que sufrirá una sutil y definitiva evolución, y el veterano Bill Nighy (Love actually), en el rol de un intérprete carismático, que triunfó en otra época y se resiste a caer en el olvido.

La película parte de la adaptación de la novela Their finest hour and a half, de Lissa Evans, y llega a las pantallas españolas este viernes, 14 de julio.

La principal virtud de Su mejor historia es su conseguido equilibrio: mezcla drama romántico, tragedia y dosis de humor en su justa medida, en una narración entretenida y fluida donde todas las piezas encajan.

Las sonrisas y la simpática historia de amor no eclipsan, ni lo pretenden, el horror de la guerra en un Londres devastado por los bombardeos alemanes, dónde se transmite el sufrimiento pero también la unión entre los ciudadanos, que marcaron aquellos años donde la esperanza era el único horizonte posible al que aferrarse.

“Hay una gran cantidad de dificultades que están presentes en la película, que te recuerdan en todo momento que hay asuntos de vida o muerte que pasan por debajo de esto. Esto es lo que impide que se vuelva un relato demasiado frívolo, lo que consigue es que se respete la verdad en el momento en que transcurre”, señala la productora Amanda Posey, sobre los golpes de realidad presentes en el filme, que se aceleran en su tramo final, en una propuesta que contiene ingredientes para atrapar a un público amplio.

Las mujeres toman las riendas

La cinta, por un lado, nos sumerge en el universo de las incipientes películas de propaganda que arrancaron en los 40, y que muestran cómo el cine puede actuar como un catalizador mágico de emociones, y su influencia en la vida de las personas, por otro, pone de relevancia el papel de las mujeres, con ecos que resuenan al presente: infravaloradas o relegadas por la industria del cine a trabajos con menos peso, demuestran su valía en un mundo de hombres en el que comienzan a tomar las riendas y a ser visibles, ocupando en las fábricas y en la sociedad, los puestos de sus compañeros masculinos que han marchado al frente, en el arranque de una nueva era.

Con una ambientación cuidada al detalle, reflejo del profundo conocimiento del cine británico de los 40 y 50 por parte del otro productor del filme, Stephen Woollley, sobresale la excelente actuación de una cálida Gemma Arterton, merecedora de premios, que encarna a la perfección a una mujer normal que se descubre a sí misma a través de su trabajo en el cine; junto a Arterton, saca la sonrisa el cascarrabias y presumido Ambrose Hilliard (Bill Nighy), un roba escenas que cautiva en su rol de vieja gloria.

“Casi siempre uso el humor como palanca hacia algo más serio y viceversa”, relata la directora en las notas de producción sobre la forma de enfocar esta historia de amor, guerra y celuloide.


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