Juan Sheput: “A PPK no le deben preocupar los que chillan en Twitter”

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Fernando Vivas

Juan Sheput se engola cuando habla del bicentenario –el Congreso le ha dado la tarea de presidir la comisión respectiva en reconocimiento a su pasión por la historia republicana– y saca esquina para responder por los retos coyunturales. Lo hace en nombre de una bancada que se esfuerza en traducir a un gobierno que no siempre se las pone claras. Bancada pequeña ante la naranja gigante y que Sheput sugiere que podría crecer –extraña matemática política– si más congresistas como él pasaran a ser ministros.

— ¿Qué expectativas sobre el diálogo del martes?
Amplias. No es una conversación, eso se da entre afines. Es un diálogo porque hay cierto antagonismo y a partir de allí se identifican los problemas y se estructura la agenda para trabajar, no en conjunto, pero sí complementariamente.

— Siguiendo su precisión dialéctica, ¿dialogar podría ser pactar?
Podría ser pactar si diagnosticamos qué nos separa y de ahí se fortalece la gobernabilidad.

— Un ejemplo. ¿Podrían hacerlo con el destrabe de megaproyectos?
Los megaproyectos ya son el desarrollo, es la parte ejecutiva. Pon al gobierno a desarrollar la línea de proyectos y al Congreso a fiscalizar.

— Si se consultaba la adenda de Chinchero con la oposición, hubiéramos ahorrado bastante.
Claro, los líderes pueden llegar a un acuerdo macro, pero el detalle es otra cosa. El arte de la política es dar el marco. Debería haber una agenda legislativa, que priorice las necesidades del Ejecutivo.

— ¿Para hablar de todo esto era conveniente que estén solos?
Con todo el respeto que se merece Luis Bedoya Reyes, el presidente no necesita estar acompañado. De igual modo la lideresa de la oposición. Bedoya está por encima del bien y del mal. La incomodidad que hubiera podido generar en otros a él no lo alcanza.

— Nos vamos a quedar sin alguien que cuente si hablaron del indulto.
[Ríe] Conociéndolo, él no diría nada que no vaya más allá de lo que digan el presidente y Keiko Fujimori.

— Honestamente, decir que lo tratado irá al Acuerdo Nacional (AN) sonó a bajarle la llanta.
Si hablamos de realpolitik, el desarrollo del diálogo se dará en el Parlamento, pero si hablas de un todo institucional llamado Perú, ahí el AN cumple su función.

— Ustedes como operadores oficialistas sí han dialogado en el Congreso. ¿Cuál es su balance?
Positivo. Si analizamos resultados concretos, todo lo que hemos buscado lo hemos obtenido de parte de la oposición.

— Eso se contradice con lo que dijo el primer ministro Zavala sobre el obstruccionismo.
Creo que se refería en ese momento a las interpelaciones y llamados permanentes a los ministros. Si vemos leyes y facultades, es otra cosa. Pero en el control político sí hubo un exceso, menos mal que retrocedieron.

— El primer ministro Zavala tiene un nuevo cargo de tiempo completo en el MEF. ¿No es necesaria otra persona en la PCM?

Más allá de quién ocupe el cargo del MEF, se buscaba la continuidad en un momento de turbulencia. Y como él es economista y está cerca de las decisiones económicas, esa garantía de continuidad era importante, lo que no quita que el presidente en un tiempo determinado pueda hacer los cambios que considere convenientes.— O sea, ¿antes de 28 de julio?

[Sonríe] No creo que los cambios vengan acompañados por las Fiestas Patrias, no vienen con escarapela.

— ¿Podría salir algún ministro como usted o Mercedes Aráoz de la bancada? Ya es bastante pequeña.
No es una pérdida que Pedro Olaechea sea ministro. Un ministro parlamentario potencia la bancada porque puede ir a comisiones, hablar con sus pares parlamentarios, construir espacios para el gobierno. La bancada de PPK siempre ha podido convencer. Tenemos buenos especialistas, como Gino Costa en seguridad. Cuando el fujimorismo dice que es alternativa, ¿acaso ha podido construir un gabinete en la sombra o se ha dedicado a la crítica, que es lo más fácil?

— Claro, para ustedes sería mejor un gabinete en la sombra a que interpelen ministros.
Yo no puedo identificar quién es el especialista en materia económica en la bancada fujimorista, o cuál es la posición única en materia de seguridad, escucho posiciones disímiles entre Octavio Salazar y Marco Miyashiro. El Frente Amplio sí plantea alternativas, no hablo de sus problemas burocráticos, pero es enriquecedor tener una bancada con un componente ideológico. No lo veo en el fujimorismo.

— Porque se parecen, son de derecha popular y no se han percatado.
[Ríe] Somos de centro. Para mí, la derecha es sinónimo de statu quo. La falta de propensión al cambio les impide impulsar reformas y le quita dinamismo al Parlamento. Somos la generación política del bicentenario. El día que Keiko se dé cuenta de que su actitud socava los cimientos para cambiar hacia el 2021, va a cambiar.

— ¿Ese día podría ser el martes? ¿De qué reformas podrían hablar?
Moisés Naím decía que la reforma de la justicia es imprescindible. Tiene que haber esa gran reforma, y la otra, una institucional con el componente de reforma política. El formato que tenemos no da para más. Pero una reforma sin liderazgo no sirve. Y la lideresa de una fuerza que es mayoría en el Congreso no se puede eximir de un fracaso del país hacia el bicentenario. El éxito de uno está atado al éxito de la otra, sin claudicar del control político, de la fiscalización. El Congreso tiene que fiscalizar, el gobierno tiene que convencer.

— El fujimorismo tiene su propia crisis. Un acercamiento del presidente a los familiares de Keiko se interpretaría como una acción divisionista.
Definitivamente, un acercamiento a Kenji puede ser visto como estar del lado albertista y tratar de debilitar el liderazgo de Keiko. De otro lado, es natural, en el proceso de crecimiento de un partido, la disputa de los herederos. Eso al final fortalece.

— ¿Cuáles son las condiciones para que el presidente llegue al 2021?
El 2021 debe significar un antes y un después que involucre aspectos sustantivos en la reconciliación, en el ámbito institucional y, en tercer lugar, en la infraestructura. Estamos pensando en el martes a las 4 de la tarde. No está en juego la presidencia, está en juego el juicio de la historia.

— ¿El juicio de la historia verá bien un diálogo?
Creo que sí. El conductor del país y otro con papel de crítico pueden ver mejor las cosas.

— Esa era la pregunta fácil. ¿Cómo vería la historia un indulto?
Creo que no habría ningún problema. Los problemas complejos no los juzga la encuesta de fin de semana, los juzga la historia. A PPK no le debe preocupar lo que digan los grupos que chillan en el Twitter. Si hechos como ese llevan a la reconciliación nacional, de repente no te generan un artículo positivo en “The New York Times”, pero sí en el próximo Basadre. Tenemos un Parlamento en manos de la oposición, pero eso también puede generar una situación excepcional, la de una mayoría parlamentaria noble que, sin claudicar de su rol de oposición, entienda el bicentenario y permita sacar adelante las reformas que el Perú necesita.

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