Juan Paredes Castro

Por distintas razones, unas más conocidas que otras, Pedro Pablo Kuczynski (PPK) no viene usando el poder presidencial en todo su alcance posible.

Está demás decir que el poder presidencial tiene, en su ejercicio democrático, y frente a otros poderes, límites y contrapesos naturales y necesarios.

Lo cierto es que el poder presidencial en el Perú, pretendiendo ser constitucionalmente muy fuerte en su estructura vertical, aún se queda a medio camino de los clásicos modelos presidencialistas, lo que lo hace en cierta forma híbrido y débil.

Partimos, pues, del hecho de que la presidencia en el Perú no es lo que parece y que la jefatura del Estado tampoco es lo que parece. Entonces, para quien tiene que lidiar con el poder, ambas realidades limitantes encierran todo un reto de habilidad, carácter y fortaleza, si es que no quiere verse ganado por el corto y fácil camino de la parálisis o la autocracia.

Así y todo Kuczynski tiene facultades y mandatos suficientes para ejercer la presidencia, incluso frente a una mayoría parlamentaria tan desafiante como la fujimorista. El problema es que en este punto su elección no es la confrontación (no tendría cómo ni cuándo acabar) sino la negociación, tal como lo esboza, en sus intenciones, el anunciado diálogo del próximo martes, entre él y la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori.

Ahora sabemos que a Keiko Fujimori también le preocupa la gobernabilidad del país y el hecho de que, a la luz del año perdido e idas y vueltas, los peruanos no podemos seguir sufriendo las consecuencias de incompetencias gubernamentales que no se corrigen sino a golpe de interpelaciones parlamentarias ni de arrebatos autoritarios, como el fujimorista, que se alejan del correcto y equilibrado papel fiscalizador del Congreso.

Antes de abordar cualquiera de los temas previstos para su encuentro, Kuczynski y Keiko Fujimori deberían dejar atrás sus mutuos recelos personales, en beneficio de la serenidad y lucidez con que ambos tendrán que discutir la constructiva vía de tránsito Ejecutivo-Legislativo del momento. De no superarse esos recelos y su rancio mal humor por dentro, el diálogo en la cumbre de las dos principales fuerzas políticas del país volverá a ser esporádico, extraño y distante, en lugar del frecuente, confiado y productivo que todos quisiéramos.

Kuczynski no debe temer ser el presidente y jefe del Estado democrático que es. Desde esta posición puede convocar a los demás poderes cuando desee y desplegar la autoridad gubernamental que convenga a las circunstancias. Para ello necesita, sin duda, un sabio y prudente manejo del poder presidencial por dentro, con cabezas frías más que calientes en su entorno.

Lo que no está bien es el subuso del poder presidencial que hace Kuczynski, desperdiciando oportunidades de convocatoria a todos los poderes como jefe del Estado, debilitando facultades muy suyas como la del indulto, con relación a Alberto Fujimori, en un zigzag de indecisiones, y dejando que caciques regionales y ONG internacionales decidan la suerte de las inversiones y de la estabilidad jurídica que las ampara.


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