Eulàlia Iglesias

Pocos directores como Nacho Vigalondo se plantean su carrera como un reto constante. Desde ese musical de final inesperado que le dio a conocer, ‘7:35 de la mañana’, en cada nuevo filme el cineasta cántabro se aproxima a algún género retorciendo nuestras expectativas, al adentrarse por caminos inesperados que desembocan en atrevidas relecturas de sus referentes. Además, como certifica ahora ‘Colossal’, estas visiones heterodoxas del fantástico encapsulan una serie de variaciones en torno a las masculinidades tóxicas. El corto antes mencionado plasmaba el grado de violencia y hostigamiento que puede esconderse tras una supuesta declaración de amor pública y ultrarromántica por parte de un hombre. ‘Los cronocrímenes’ no dejaba de ser una exploración del deseo masculino articulada a través de una trama de ciencia ficción, variante viajes en el tiempo. La invasión fuera de campo de ‘Extraterrestre’ tenía algo de caja de resonancia de los esfuerzos de los tres personajes masculinos por ocupar el espacio privado de la protagonista femenina. Y en ‘Open Windows’, el artefacto metanarrativo encerraba una actualización 2.0 de la idea del cine como dispositivo voyeurístico al servicio del placer de la mirada masculina.

‘Colossal’, su segunda incursión en el cine de habla inglesa, resulta también una versión insospechada de las ‘kaiju eigas’, las películas asiáticas protagonizadas por monstruos gigantes estilo ‘Godzilla’. La película arranca cuando el novio de la protagonista, Gloria (Anne Hathaway), corta con ella y la echa de su apartamento neoyorquino cansado de su vida fiestera. Sin trabajo, ni piso ni dinero, Gloria se ve obligada a volver a su pueblo e instalarse en la antigua casa de sus padres. Allí se reencuentra con un amigo de la escuela, Oscar (Jason Sudeikis), que le ofrece trabajo en su bar y con quien comparte noches de borrachera. Paralelamente, las noticias se centran en la misteriosa aparición en Seúl de un monstruo gigante de intenciones en apariencia hostiles. Estupefacta, Gloria no tarda en darse cuenta de que hay una extraña conexión entre ella y ese coloso fantástico. Al tiempo que se le crea otro problema: Oscar empieza a desarrollar un sentimiento posesivo y controlador hacia su persona.

Regreso a las raíces

Sobre el papel, costaría apostar por esta mezcla entre película ‘indie’ estadounidense en torno a la protagonista que regresa a sus raíces para encontrase a sí misma (o perderse definitivamente) y el enésimo ‘remake’ godzilliano. Y, aunque Vigalondo nos tenga acostumbrados a las combinaciones improbables, es esta, la más inverosímil de todas sus películas, la que mejor le ha cuajado. Aquí las conexiones entre la trama fantástica y el drama que envuelve a los personajes funcionan a todos los niveles, de manera que ‘Colossal’ resulta al mismo tiempo una tragicomedia sobre una mujer al límite, una espléndida radiografía de hombres estancados en su pueblo, un homenaje a las ‘kaiju eigas’, una metáfora sobre el engendro de los celos, una relectura de los vínculos viciados entre mujeres y monstruos en la narrativa fantástica y, como también es habitual en la obra reciente de Vigalondo, una denuncia de la irresponsabilidad de quien mantiene actitudes violentas en un entorno virtual donde no percibe sus consecuencias. Todo ello sin que la película pierda fluidez, inteligibilidad ni brillo.

Escena de 'Colossal'.
Escena de ‘Colossal’.

El director se muestra especialmente sólido a la hora de transmitir la extrema incomodidad que se crea en torno a Oscar en cuanto este manifiesta sus tendencias agresivas a causa de los celos que le provoca el que Gloria no corresponda a sus sentimientos. Cabe destacar la estupenda interpretación de Jason Sudeikis, un actor proveniente del mundo de la comedia que aquí se sale en un registro en las antípodas del habitual. Y que complementa a la perfección a una estupenda Anne Hathaway en el papel de una mujer a punto de tocar fondo que acaba rebelándose como una especie de superheroína a su pesar.

'Colossal'.
‘Colossal’.

En la magistral ‘Death Proof’, Quentin Tarantino llevaba a cabo un ‘rape&revenge’ ‘sui generis’ en que un grupo de mujeres se vengaba de forma activa en la segunda parte del filme del rol de víctimas pasivas que les había tocado jugar a los personajes femeninos en buena parte del cine de terror tal y como se plasmaba en la primera parte. Algo parecido lleva a cabo Nacho Vigalondo en ‘Colossal’ respecto a las vinculaciones en el fantástico (y en el mundo real) entre los hombres/monstruos y las mujeres a las que han acechado con la excusa de su presunto enamoramiento, empezando por ese King Kong que inspiró las ‘kaiju eigas’. La película no solo explora de forma muy minuciosa la naturaleza tóxica de esa falsa vocación protectora que mueve a tantos hombres ansiosos de controlar a una mujer. Sobre todo construye uno de los personajes femeninos más interesantes del cine reciente, una Gloria capaz de tomar las riendas respecto a ese problema colosal que se ha formado a su pesar y derrotarlo sin ayuda externa. Y todo ello sin necesidad de apelar a ninguna épica típicamente masculina. Pocas películas tan coherentes, atrevidas, originales y satisfactorias ha dado el cine español reciente como esta ‘Colossal’.


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