Ramiro Barreiro

En las últimas semanas, el director de fotografía cinematográfica Vittorio Storaro (Roma, 1940) ha estado en Nueva York, Milán, Alemania y Bologna; el pasado fin de semana fue la estrella del Festival Internacional de cine en Mar del Plata, donde dio una clase de maestros y este lunes hizo otra en Buenos Aires, luego parte para Praga y antes de mediados de diciembre estará en China. Al sentarse a la rueda de prensa en el viejo hotel Provincial, lo primero que le pregunta a los periodistas es si “hace falta traducir”. Son demasiadas culturas distintas para este maestro de maestros, ganador de 3 premios Oscar y creador de los colores y las luces que nos han impactado en Apocalypse Now (de Francis Ford Coppola), El último tango en París,El último emperador (de Bernardo Bertolucci) y Café Society (de Woody Allen), entre otras. Aunque es un hombre que ha decidido adaptarse a los cambios.

En la charla de maestros que dio al público en general, Storaro se extendió acerca de su propio paso, tras años de resistencia, al cine digital, un campo en el que trabajó por primera vez con Carlos Saura y luego con Woody Allen y que, dice, “no cambia el concepto de iluminación”.

Pregunta: ¿Qué cosas lo convencieron de entrar al mundo digital y qué cosas encuentra mejores?

El encuentro con Saura y el flamenco

Storaro menciona muchas veces a Carlos Saura. Con el de Huesca realizó Flamenco Flamenco, rodada en Sevilla, en 2010: “Nos encontramos con Carlos Saura hace algunos años en Tokio. Fue interesante porque me dijo que quería hacer la historia del flamenco pero no retratada verbalmente, y mientras me contaba sus ideas me hacía dibujos porque le gusta ver las imágenes previamente. Yo le dije que estaba acostumbrado a contar historias con inicio, nudo y desenlace y el me respondió que sí, iba a ser una historia pero contada con el ritmo de la música, la cámara y la luz y que si lo hacíamos bien la gente lo iba a entender. Para trabajarlo me ayudaron las letras del flamenco. Me di cuenta que ahí estaba presente el mundo masculino y el femenino. También, que normalmente el flamenco no se canta ni se baila durante el día sino mas bien al fin del día. Tomé el recorrido simbólico del sol, primero hacia el atardecer con los cálidos, para la simbología de lo masculino. Cuando el sol va cayendo, se inicia la fase de la luna, hay un momento más coral y se encuentran en el alba. Con eso yo creé una historia simbólica”.

Respuesta: Estamos viviendo un cambio de la expresión analógica a la digital. Hace un año hice mi primer filme digital con Saura, antes de Café Society. El ser humano siempre necesitó la expresión con la imagen: desde las pinturas rupestres, luego el mosaico, la pintura, el cine, el cine color, la tercera dimensión, el gran formato, a lo largo del tiempo van cambiando el medio y la materia pero no la idea y eso creo que es clave para entender que la creatividad no se modifica si uno pasa de analógico a digital. Es cierto que estamos en un momento histórico de un cambio importante, podemos acelerar o demorar el progreso pero no podemos detenerlo, lo mejor es atravesar este puente entre mundos distintos de la mejor manera.

P: ¿Entonces no hay una nueva forma de iluminar?

R: Creo que hay formas de iluminación diferentes que van cambiando con el tiempo. Cuando empezó, el cine se filmaba en estudios abiertos con luz natural, luego hubo un gran cambio a la luz artificial, empleando las técnicas que utilizaba el teatro y, en los 60, determinados directores de fotografía cambiaron el modo de ver la iluminación. Obviamente hoy la técnica es mejor, muchos van hacia la tecnología led, pero muchos iluminadores jóvenes cometen el error de pensar que la iluminación digital es sustancialmente distinta de la analógica, cuando lo que nadie debería olvidar es que el cine es imagen que se escribe a través del lenguaje de la luz.

P: ¿Cómo es su trabajo en relación con el director?

R: La idea de iluminación de El conformista, Novecento o Ultimo tango en París es mía pero el cine es como una gran orquesta compuesta por varios solistas: el guionista, el escenógrafo, el montajista, el director de fotografía, que no pueden tocar solos, sino que necesitan una historia (partitura) y un director; sin ellos yo no existo, digamos que el cine tiene muchos autores pero un solo director, ¿Cómo es ese trabajo? Bueno, yo analizo lo que el director quiere contar y luego de esto le propongo una idea, si él la acepta la hacemos. Con el tiempo entendí que yo podía hacer cualquier cosa que quisiera pero siempre que contara con la aprobación del director, si no estamos de acuerdo entonces no trabajamos juntos, porque en esta orquesta yo debo sonar con mi sonido propio pero bajo la dirección del realizador.

P: ¿Cuáles son los aspectos que definen a un director de fotografía italiano?

R: En Italia cuando uno va de chiquito a la iglesia tiene imágenes, aparece una arquitectura, una fachada, que es diferente de otras, con su estilo particular. Después en el interior aparece la música, vemos esculturas, a lo largo de toda nuestra vida caminando por las calles de Roma, de Florencia o de Milán vemos imágenes que forman parte de una tradición de la historia visual, no sólo de mi historia personal sino de toda la civilización romana e italiana y creo que eso se imprime en nuestra sangre.

P: ¿Incide en el trabajo de un director de fotografía los nuevos formatos de pantallas?

R: Sería un error cambiar la naturaleza de una creación de imágenes a través del lenguaje de la luz pensando en qué dimensión tendrá la pantalla en que será exhibida. Además de eso, la imagen tiene un valor y ese valor el público lo puede apreciar bajo determinadas condiciones, preferentemente la sala de cine, no creo que alguien pueda ver Apocalypse Now en un móvil.

“La expresión de la fotografía cinematográfica -agregó- necesita un tiempo de desarrollo e implica también un estilo de escritura, un modo de escribir que no puede adolecer de ritmo, como en la literatura. Yo no soy un escritor de palabras, soy un escritor de imágenes”, sostiene Storaro, un hombre que vive en todos lados. Como los colores.


El encuentro con Saura y el flamenco

Storaro menciona muchas veces a Carlos Saura. Con el de Huesca realizó Flamenco Flamenco, rodada en Sevilla, en 2010: “Nos encontramos con Carlos Saura hace algunos años en Tokio. Fue interesante porque me dijo que quería hacer la historia del flamenco pero no retratada verbalmente, y mientras me contaba sus ideas me hacía dibujos porque le gusta ver las imágenes previamente. Yo le dije que estaba acostumbrado a contar historias con inicio, nudo y desenlace y el me respondió que sí, iba a ser una historia pero contada con el ritmo de la música, la cámara y la luz y que si lo hacíamos bien la gente lo iba a entender. Para trabajarlo me ayudaron las letras del flamenco. Me di cuenta que ahí estaba presente el mundo masculino y el femenino. También, que normalmente el flamenco no se canta ni se baila durante el día sino mas bien al fin del día. Tomé el recorrido simbólico del sol, primero hacia el atardecer con los cálidos, para la simbología de lo masculino. Cuando el sol va cayendo, se inicia la fase de la luna, hay un momento más coral y se encuentran en el alba. Con eso yo creé una historia simbólica”.

 


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