“Yo soy una poetisa rodante. Improviso en el microbús, en el carro, en el ómnibus y memorizo para copiar en cuanto llego a mi casa.”Catalina Recavarren
Leo sobre un simposio internacional en la Universidad de San Marcos, en el que una participante canadiense habló sobre ‘El cuerpo de la prostituta en la poesía de Catalina Recavarren’. Viene a la memoria esas gratas conversaciones con Catita, en que hacía derroche de ingenio, humor y criollismo.

En los años 60, Catalina se adelantó al reconocimiento del pisco. Alzaba su copa en elegante estilo porque, para ella, nuestra bebida era la mejor del mundo. Bebía y lo paladeaba.

Tuve la suerte de viajar con Catita en una gira por varias ciudades europeas con destino final Jerusalén, a un congreso mundial de escritoras y periodistas. Éramos catorce mujeres y Catalina la engreída. Improvisaba poemas en cada lugar y ordenaba que la grabáramos.

Catalina, Cata, Catita, alta, caminar pausado, voz grave, risa rápida, memoria prodigiosa, inmediatas respuestas, ingenio a chorros.

Fue escritora de todos los temas. En 1939 escribía libretos para ‘El Momento Infantil’, en Radio Nacional. Fue profesora largos años y al recibir las Palmas Magisteriales dijo: “Lo que yo me merezco son palmazos”.
Presente en toda actividad cultural en la íntima, cuadrada Lima de los años 50, 60 y de la populosa urbe de los 70 y los 80. Hasta su muerte en 1992. Limeña auténtica, que vivía en la segunda cuadra del jirón Moquegua, cerca de su querida Asociación Nacional de Escritores y Artistas, del Negro Negro, de las contadas galerías de arte y de la Plaza San Martín.

Paseaba con sus amigas Chabuca Bustamante y Rosita Hernando por el Jirón de la Unión y de un grupo de varones salió el saludo atrevido: “Adios viejas putas”. Ella no demoró en decir: “Vieja será tu madre”.

Catita tenía publicados más de diez libros. En ‘Chanfaina’ dice: “Toda mi vida es un embrollo: voy del Bolívar a Santoyo, y nada acierto a saborear; pues si el ‘champagne frappé’ me espanta el chicharrón se me atraganta”. En ‘Memorias de una desmemoriada’ escribió: “Sérvulo: el que bebía e incendiaba los paisajes. El que ‘crucificaba’ aun más sus Cristos. El que –a la manera del Quijote- veía princesas en todas las mujeres. El que nació en Ica, se aquerenció en Lima y se nacionalizó en el mundo. No es sólo de un Perú, de un pueblo, de una raza…Es por su exuberante vida, por su descomunal corazón: el Sérvulo de todos”.

Recordaba con orgullo a sus abuelos, tíos, primos…mencionaba a los Recavarren, a los Ulloa, a los Aubry y se felicitaba de haber tenido buena familia y excelentes amigos. Decía: “Nací en Barranco, donde han nacido treinta y siete buenos poetas…yo seré la regular .”

No lo era. Fue exquisita y sensible. La inolvidable Catita.
Elvira de Gálvez


           POEMA SIN FORMA

Ya no es hora de versos ajustados en metro;

de rimar luna con duna, canto con llanto...

No es hora de apretar consonantes,

	como quien sujeta las riendas

	de una acémila mansa.

Es hora de GRITAR-tal vez con un profundo 

			silencio-

De plantarse con el cuerpo erguido,

la cerviz alta... Escribir con el gesto,

con la vida, la sangre y si es necesario,

con la muerte!

		Este es el único verso!



			Abril y Mayo 1970

 


 

	  (CABLE DE ROMA)
                                                      

Roma, 24 de Diciembre 1942

"Los niños jugaban a la guerra,

con bolas de nieve en las calles

la mañana de Navidad".

Sobre las calles albas,

Bajo las campanitas de la misa augural,

La bandada de niños "jugaba"

A lo que juegan los "grandes", allá...

Era uno de tantos cables.

Casi no se llegaba a notar.

Pero las bolas de nieve zumbaban

Como proyectiles de verdad...

Con los dulces labios sonrientes,

Aún húmedos de leche maternal,

Gritaban la palabra maldita: GUERRA,

En la mañana pascual...


Es inútil. Todo está perdido.

¿Qué esperamos?, ¿Qué creemos ya?

En las gargantas recién nacidas

Se clava el odio, viejo puñal.

¿Qué les enseñaremos ahora?

¿Qué se les puede enseñar?

Ya aprendieron la sola cifra que sirve:

El "santo y seña": MATAR!

Que se doblen los frágiles hombros

Bajo el fusil y bajo el morral...

Que "jueguen", que "jueguen" la guerra.

¡Otra cosa no los podrá saciar!

Que galopen los caballos alados

Monstruos de acero de zarpa infernal...

Y que lancen por los campos del aire

La muerte, vestida de tempestad...

"Que jueguen", que jueguen la guerra,

es la pascua y quieren gozar...

pero no! Una voz de dos mil años

en este día se puso a cantar:

"Paz en la tierra a los hombres de buena 
			voluntad".

Han pasado los siglos... ¿La oyó alguien?

Tal vez. Nadie parece recordar.

Han pasado los siglos; pero el eco algún 
	día tendrá que regresar...

mientras tanto, con acento agorero, con grito 
			sibilino y fatal,

(Así llorarían los Jeremías y rugiría su 
			APOCALIPSIS Juan)

El cable avienta estas palabras, como regalo 
			pascual:

"los niños jugaban a la guerra, con bolas 
			de nieve en la calle..."


	¡Y ERA LA MAÑANA DE NAVIDAD! 

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