Eran los años 50, cuando Lima, la pequeña y tranquila, engendró a uno de sus más recordados delincuentes: Luis D’Unian Dulanto, alias ‘Tatán’, el buen mozo de la calle de las Carrozas en Barrios Altos. Con la ayuda de los periódicos de la época llegó a convertirse en leyenda popular, pues cada una de sus vicisitudes era celebrada por la prensa. Con un estilo muy particular al vestir, hablar, caminar y hasta sonreír, se llevaba a cualquiera al bolsillo, tal vez por eso se hizo famoso, querido y también odiado.

Un travieso bigote sobre su cínica sonrisa, que dejaba brillar su diente de diamante, es lo que fugazmente se viene a la memoria de quienes alguna vez vieron a Luis D’Unian Dulanto, alias ‘Tatán’.

Fue uno de los personajes favoritos de la prensa de aquellos años, derrochando tinta en sus “hazañas”, dudando a veces de sus atropellos a la ley o ensalzando, de vez en cuando, su buen corazón por ayudar a los demás. ‘Tatán’ era el blanco perfecto para las famosas “cortinas de humo” y eso a él parecía fascinarle.

Los inicios

Nació en Barrios Altos en 1925, el pequeño de color blanco-mestizo y cabello ondulado ya se hacía notar en el callejón del barrio de Las Carrozas, donde era conocido como “Niño Dios”; pero allí no quedaría; su alias, por el que siempre sería recordado, vino por su tartamudez, al no poder pronunciar correctamente Tarzán. El pequeño solo balbuceaba “ta tan ta tan”, y así se quedó.

A los 16 años ya empezaba como carterista hasta llegar a ser un experto en cajas fuertes. Uno de sus maestros fue el hampón Ernesto Jaramillo Arteaga, alias ‘Guta’. Quien lo hubiera visto, no se habría imaginado a un delincuente.

Su vida fue llevada a la televisión en la miniserie protagonizada por Oscar Carillo.

‘Tatán’ carecía de rasguños o cortes que lo delatasen; todo lo contrario, era el ladrón mejor vestido de todos los tiempos, dicen que contaba con 18 ternos que una “tía acomodada” le regalaba. Fácilmente podría ser una de sus tantas amantes con dinero que mantenían sus gustos por el buen vestir.

Las crónicas policiales de la época contaban que siempre una guapa mujer llegaba a testiguar a favor de ‘Tatán’ en cada juicio, que por cierto eran todo un show. A las pocas horas, el “Reyezuelo del hampa”, como también lo llamaban, salía en libertad como toda una celebridad, que los fotógrafos no podían perder de vista.

Sus idas y venidas en la cárcel empezaron desde los 18 años. Era enero de 1943, cuando fue detenido por primera vez, luego volvió a caer en mayo de 1944. Al año siguiente, pasó nuevamente a la cárcel y de allí a El Frontón. Fue acusado de quemar vivo a un hampón apodado ‘La Zamba’, pero salió absuelto por falta de pruebas. Pero regresó en 1954. Dos años después, el fiscal de entonces Ibarra Samanez pidió una larga condena, pero nuevamente logro burlar la justicia y se fue a Chile.

Fue en 1956, cuando el periodista Domingo Tamaríz conoció en la Penitenciaría de Lima a ‘Tatán’, esa vez había sido detenido por el robo a la antigua Caja de Ahorros y Consignaciones (Banco de la Nación de la época).

Recuerda que se llevaron la caja fuerte con 2 millones de soles y, según el delincuente, ese sería la última vez que cometería un delito. “Ya quiero cambiar”, le aseguraba al periodista. Aquella vez fue trasladado a El Sexto, en medio de un griterío de mujeres que decían a viva voz “Niño Dios”. Como siempre, al poco tiempo, logró salir.

Su casa, la cárcel

Fue muchas veces inquilino de las prisiones, lugar donde transcurría sus horas de amargura y las de “éxito”. Allí adquirió esa aureola que, por poco, lo lleva a las radioemisoras. Fue un gran ajedrecista, según se afirma, capaz a la vez de jugar a ciegas y conversar con sus amigos. El lugar perfecto para escribir sus memorias, las cuales iban a ser publicadas en un folletín.

En diciembre de 1959, Caretas titulaba “Otra vez inocente”. La nota acompañada con grandes fotos junto a su abogado Luis Enrique Melgar y su madre, pintaban por completo al ‘Tatán’ de siempre, el que burlaba todo lo que quería, y cuando quería.

No pasó mucho tiempo, pues en junio de 1961 fue capturado en Barranco y, nuevamente, llevado a prisión. Sería la última vez que estaría en la calle.

Al año siguiente murió en la Cárcel Central de Varones, en manos de otro delincuente, Javier “China” Peralta. Nueve puñaladas en su cuerpo fue la venganza de la “China”, pues años atrás, según cuentan las noticias de la época, ‘Tatán’ quemó vivo a su pareja, otro delincuente, Víctor Pizarro alias “La Zamba”.

El inquilino favorito de la cárcel murió el 15 de junio de 1962, en manos de ese despechado colega suyo. Murió en su ley. Con su desaparición, las páginas policiales de aquella Lima dejaban en paz a uno de sus más célebres personajes, pero la leyenda que habían creado nunca murió y sigue viva hasta nuestros días.

(María Fernández Arribasplata)


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