Nuño Domínguez

Durante décadas, las momias egipcias han negado a los científicos uno de sus mayores encantos. A pesar de la aparente conservación de la piel y los tejidos blandos, extraer ADN de los cuerpos de faraones y nobles que fueron embalsamados ha resultado imposible. El ejemplo más característico es Tutankamón, cuyo árbol genealógico e historial médico basado en material genético nunca ha sido aceptado por todos los expertos.

Hoy, un equipo de investigadores de Alemania y otros países publica un estudio que puede tener importantes repercusiones en este campo. El trabajo ha analizado 151 momias de la necrópolis de Abusir-El Meleq, en el cauce del Nilo entre El Cairo y Luxor. Los cadáveres pertenecían a personas de clases medias entre el Nuevo Reino y el periodo Romano y juntos abarcan 1.300 años de historia de Egipto. Los investigadores han conseguido leer el genoma mitocondrial de 90 momias y analizar parte del genoma nuclear de tres de ellas.

“Este es sin duda el mayor estudio genético de momias egipcias realizado hasta la fecha y el primero que consigue analizar el genoma nuclear”, asegura Wolfgang Haak, del Instituto Max Planck de Historia Humana y coautor del estudio. Las nuevas técnicas de secuenciación empleadas para leer letra a letra el ADN de las momias permiten realizar análisi similares en momias más antiguas, incluida la de Tutankamón, si las autoridades egipcias dan su permiso, asegura Haak.

“Desde hace 30 años, todos los estudios de este tipo se han visto afectados por el problema de la contaminación de las muestras”, razona el investigador. Eso incluye al que publicó Svante Paabo, uno de los mayores expertos mundiales en ADN antiguo, en 1985, y que presentaba el primer caso de extracción de material genético de una momia egipcia, y continúa hasta los de la familia de Tutankamón, publicados en 2010 y cuestionados poco después. Las altas temperaturas, la humedad y los productos usados para embalsamar degradan el ADN hasta el punto de que su extracción con las técnicas convencionales (reacción en cadena de la polimerasa) es “improbable”, según el nuevo estudio.

El trabajo ha comparado el genoma de las momias con el de los egipcios actuales y muestra que estos últimos son más parecidos a los africanos subsaharianos

Huesos y dientes

El equipo de Haak ha optado por la secuenciación de alto rendimiento, una nueva tecnología disponible desde 2005. Esta técnica es “capaz de leer muchas más secuencias de ADN al mismo tiempo y permite estar más seguros de que lo que se está analizando es el ADN de la momia”, explica el investigador. Además los autores del trabajo buscaron donde otros no lo hicieron. “Antes, muchos científicos se dejaban engañar por la perfecta preservación” del exterior de los cuerpos e “intentaban extraer el ADN de la piel o los músculos”, que en realidad estaban muy deteriorados, explica Haak. Ellos han obtenido “los mejores resultados” extrayendo material del hueso y los dientes, asegura.

En tres de las momias, el equipo ha podido analizar 1,2 millones de marcadores genéticos presentes en el genoma nuclear, que compone el grueso de la información genética de cada individuo y que se almacena en el núcleo cada una de sus células. En cambio, el genoma mitocondrial se encuentra en las mitocondrias, los orgánulos que generan la energía de la célula. Según Haak, las tres momias eran hombres. Uno de ellos tenía entre 20 y 30 años y no se saben características físicas. De los otros dos se conoce que tenían marcadores genéticos de piel clara, ojos oscuros y eran intolerantes a la lactosa.

El trabajo, publicado hoy en Nature Communications, ha comparado el genoma de las momias con el de los egipcios actuales y muestra que estos últimos son más parecidos a los africanos subsaharianos que al pueblo que inventó los jeroglíficos y levantó las pirámides. A juzgar por el ADN de las momias, los habitantes del antiguo Egipto eran más parecido a las poblaciones actuales de países de Oriente Próximo fuera de África. En los últimos 1.500 años, los egipcios se mezclaron con poblaciones subsaharianas debido a la mejora de las rutas de navegación por el Nilo y por las rutas de comercio de esclavos a través del Sáhara que comenzaron a funcionar hace unos 1.300 años, lo que explicaría los resultados.

“Este estudio abre la posibilidad de hacer egiptología genética, lo que hasta ahora no existía”, opina Carles Lalueza-Fox, investigador del CSIC experto en ADN antiguo. El experto opina que “todos los estudios anteriores, especialmente aquel sobre la dinastía XVIII [la de Tutankamón], no se pueden creer”, y añade que “este estudio demuestra que, si se hace bien, se podría estudiar el ADN de momias egipcias”.

Haak dice que la técnica empleada “puede funcionar totalmente” para momias más antiguas, incluida la de Tutankamón y su familia, aunque no está seguro de que vaya a suceder. Para rescatar ADN es necesario abrir el vendaje, “diseccionar la momia” y extraer un poco de hueso o diente triturado. “En este momento estamos en negociaciones con museos en Alemania y Egipto para conseguir el acceso necesario”, señala.


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