Una de las estrategias para combatir el creciente problema de las resistencias a los antibióticos pasa por intentar modificar los fármacos existentes para reforzar su capacidad y hacerlos más potentes frente a los patógenos.

No es una tarea fácil, pero un equipo de investigadores estadounidenses ha conseguido dotar de estos superpoderes a la vancomicina, uno de los antibióticos que se emplean en la práctica clínica y para el que las bacterias ya han desarrollado resistencias.

Los científicos, del Instituto de Investigación The Scripps en La Jolla (California, EEUU), han conseguido modificar la estructura del fármaco, creando una versión más fuerte y que dificulta las resistencias bacterianas.

Según explican los investigadores en las páginas de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), los glucopéptidos, la familia de antibióticos a la que pertenece la vancomicina, eran un buen punto de partida para intentar desarrollar versiones mejoradas de las armas antibacterianas, ya que su mecanismo de acción evita, por sí mismo, el desarrollo de muchos de los mecanismos de resistencia que utilizan las bacterias.

La vancomicina, que se descubrió en 1956 y fue introducida en la práctica clínica en 1958, actúa principalmente rompiendo la pared celular de las bacterias, lo que las inactiva. Las resistencias a su acción tardaron muchas décadas en aparecer (se observaron por primera vez en 1987 en enterococos) y no son frecuentes, por lo que estas terapias a menudo se reservan para su uso en segunda línea, cuando un primer abordaje ha fallado, si bien es cierto que en los últimos años se han detectado nuevos patógenos, como S. aureus mutantes, que han conseguido escapar a su capacidad antibiótica.

Partiendo de esta capacidad para hacer frente a las resistencias, los investigadores, liderados por Dale L. Boger, quisieron comprobar si podían reforzar sus capacidades y, mediante química orgánica, lograron establecer modificaciones en la estructura del fármaco, que le dotan de un mayor poder. En dos estudios anteriores, los científicos ya habían logrado desarrollar otras dos modificaciones en la vancomicina, con lo que, en conjunto, han logrado que el antibiótico disponga de tres mecanismos de acción frente a las bacterias. Dos de ellos contribuyen, de formas distintas, a romper la pared celular de las bacterias, mientras que el tercero actúa alterando la permeabilidad de la membrana de los patógenos.

Estos tres mecanismos combinados hacen muy complicado el desarrollo de mutantes resistentes a su acción“, explica Jordi Vila, director de la iniciativa de Resistencias Antimicrobianas del ISGlobal y jefe del departamento de Microbiología Clínica del Hospital Clínic de Barcelona, quien considera que los resultados de la investigación “son muy interesantes” y realmente confieren “una ventaja importantísima” al fármaco ya que, aunque las bacterias sean capaces de librarse de una de las armas del antibiótico, no podrán hacer frente de forma simultánea a las tres.

Prueba de concepto

Los investigadores probaron la utilidad de esta versión con superpoderes de la vancomicina frente a enterococos y enterococos resistentes a la vancomicina, que figuran en la lista de las bacterias más peligrosas resistentes a los antibióticos que ha elaborado recientemente la OMS. En ambos casos el fármaco fue efectivo para acabar con los patógenos.

Sin embargo, eso no significa que ya pueda considerarse una nueva arma útil para combatir las infecciones en la práctica clínica. “Un factor fundamental que hay que estudiar antes de nada es su toxicidad”, apunta Vila. “Cuando recurres a radicales como alguno de los que han utilizado en este trabajo para conseguir modificar la estructura de la vancomicina, el resultado puede ser tóxico. Habría que ver, en modelos animales en primer lugar, cuáles son sus efectos en este sentido”, añade.

Además, en su trabajo, los investigadores reconocen que deben diseñar un método más sencillo para sintetizar la vancomicina modificada, ya que, en los experimentos realizados hasta ahora, el proceso exigía hasta 30 pasos diferentes en el laboratorio.

Por otro lado, Vila recuerda que, aunque los resultados de este trabajo suponen un avance, no puede considerarse que, incluso en el mejor de los escenarios, vayan a solucionar el problema global de las resistencias a los antibióticos. “La vancomicina es útil frente a las bacterias gram positivas. Sin embargo, los realmente problemáticos, los patógenos cuyas resistencias son más preocupantes son los gram negativos”, señala el microbiólogo.

Hace unos días, el también catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona participó en la presentación del estudio Resistencia a los antibióticos: cuando el problema va más allá de las patentes, realizado por el ISGlobal, el centro de investigación impulsado por Obra Social ‘la Caixa’. Los autores del informe alertaron del grave problema para la salud global que supone el hecho de que las resistencias bacterianas se estén consolidando con más rapidez que la capacidad de generar nuevos medicamentos. En ese sentido, reclamaron una mayor implicación del sector público en el desarrollo de nuevas armas antibióticas efectivas.

“Dado que la industria farmacéutica, por diferentes razones, ha limitado la investigación en este campo, alguien tiene que asumir esta labor”, señala Vila, quien recuerda que es necesario reformar el modelo de innovación farmacéutica porque “la salud está en juego”.


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