Alejandro Toledo, quien asumió la Presidencia en 2001 como un liberador ante la deshonestidad rampante del Gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), cosechó hoy una nula credibilidad y la soledad política más absoluta con el fin de su largo silencio sobre los cargos de corrupción que se le imputan.

La larga entrevista que concedió a Efe desde los EE.UU, su refugio desde la emisión de una orden de captura en su contra por supuestamente haber recibido US$ 20 millones de la constructora brasileña Odebrecht, ha tenido el efecto en el Perú, donde alcanzó una gran repercusión, de revelar la ausencia total de simpatía por el político, la falta de confianza en su palabra y la asunción generalizada de su culpabilidad.

Si el objetivo de la entrevista era mejorar su imagen pública, según ha sido visto en el Perú, la estrategia ha constituido un rotundo fracaso que ha llevado a la indignación a un país muy sensibilizado por la corrupción.

Desde que el domingo por la noche en el Perú se conociera el contenido de la entrevista, en la que Alejandro Toledo juraba con vehemencia su inocencia y denunciaba una conspiración política de sus rivales Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Alan García (Apra), al tiempo que dudaba de la capacidad del Poder Judicial peruano para juzgar su caso, las críticas han sido demoledoras desde todos los sectores.

“Escuchar a Toledo es reconfirmar lo mentiroso, descarado y fresco que es este tipo, produce más que indignación”, dijo la presidenta del Congreso, Luz Salgado, en su cuenta de Twitter.

Salgado, del partido fujimorista Fuerza Popular, fue acompañada en sus duras críticas por el parlamentario Héctor Becerril, quien afirmó a la prensa peruana que lo dicho por Toledo es fruto de un “delirio etílico”.

Estas duras acusaciones fueron repetidas en los comentarios de la noticia en todos los medios digitales, en donde no apareció ningún mensaje de apoyo y sí centenares en los que se acusaba a Alejandro Toledo de ladrón y de vivir fuera de la realidad.

“Si le quedaba un amigo en el Perú, ya lo perdió”
El Poder Judicial también respondió, por boca de su presidente Duberlí Rodríguez, a las acusaciones de “persecución política” y recordó que el pedido de busca y captura en su contra se debe a su negativa a participar en el proceso en su contra.

A su juicio, la única politización del caso es la que el propio Toledo está haciendo con sus declaraciones.

Entre sus afines, como Raúl Diez Canseco, vicepresidente de la República bajo el gobierno de Alejandro Toledo, la opinión no ha sido mucho mejor.

“Si le quedaba un amigo en el Perú, ya lo perdió”, dijo a la emisora RPP al expresar su decepción por haber acusado al Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski de desatar una persecución en su contra.

“Qué fácil es tirar la piedra y esconderse en el extranjero, y comenzar a tirar con metralleta barro a todo el mundo. Es una cosa vergonzosa porque le echa barro no solo al presidente, sino al Perú”, declaró Diez Canseco.

Precisamente, una de las respuestas más significativas a esta entrevista ha sido la de Kuczynski y su Gobierno: el silencio más absoluto.

Kuczynski fue primer ministro y ministro de Economía en el gobierno de Toledo, y muchos de los líderes del actual Gobierno estuvieron vinculados al partido del ex mandatario prófugo.

Esta situación es la que muchos críticos apuntan, como los fujimoristas, como responsable de que el proceso de extradición de Toledo a Perú desde los EE.UU. no avance como debería.

En cualquier caso, parece claro que nadie hablará públicamente en favor de Toledo, salvo su abogado, Heriberto Benítez, un polémico ex parlamentario quien hoy repitió a la prensa los mismos argumentos que su defendido.

Esa tesis, que apunta al poder en la sombra de los fujimoristas y la debilidad del Poder Judicial y del Gobierno como responsables de la situación legal del expresidente, en el Perú sigue sin ser comprada por nadie. (Fuente: EFE)


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