Escribe: Roberto Ochoa

Cuando la antropóloga Sabine Hyland llegó al centro poblado de San Juan de Collata, en la frontera altiplánica de las provincias limeñas de Canta y Huarochirí, fue recibida por las autoridades locales para investigar una caja que guardaba antiquísimos documentos que datan del siglo XVII.

Más allá de la importancia de los escritos, Hyland halló unos quipus inusuales: no estaban confeccionados con hilos de algodón. En su elaboración se utilizó fibra de vicuña, alpaca, llama, guanaco, venado y vizcacha. Otra novedad fueron sus brillantes colores en diversos tonos de rojo, blanco, verde y amarillo. Por si fuera poco fueron elaborados en 1750 –doscientos años después de la conquista española– durante una rebelión indígena en Huarochirí.

Lo más sorprendente, empero, fue comprobar que no se trataba de los típicos quipus de uso contable. Los quipus de Collata fueron una forma de escritura cuyo mensaje está aún por descifrar.

Como se sabe, el cronista Martín de Murúa describió la existencia de quipus incas narrativos confeccionados con fibras animales, similares a los de Collata.

“Se necesita más investigación para determinar si los quipus incas son similares a los de Collata –nos dice Hyland– tienen características similares y, por lo tanto, podría haber sido fonético. Solo he podido descifrar dos nombres de ayllus de Collata y no el resto. Sin embargo, esta es la primera vez que han encontrado quipus fonéticos. Si se trata de un desarrollo del siglo XVIII de los pueblos andinos, o si es una continuación del quipu fonético inca, igual sigue siendo un hallazgo asombroso. Los quipus de Collata representan un sistema de escritura verdaderamente tridimensional, en el que es necesario “sentir” las fibras animales y la dirección del tejido. Tiene un significado igual para el sentido de la vista, de los colores y disposición de las cuerdas. Nunca antes se inventó un sistema similar en una cultura indígena”.

Hyland, antropóloga de la University of St. Andrew de Escocia y con grado de “explorer” de la National Geographic Society, recuerda un detalle interesante: tuvo el cuidado de usar guantes para manipular los quipus, pero las autoridades de Collata le dijeron que debía de tocarlos sin guantes para sentir la verdadera domensión sensorial del tejido.

Hyland reveló que “en estos momentos estoy estudiando el testimonio inédito de los rebeldes de Collata que utilizaron estos quipus fonéticos. En el Archivo General de las Indias hay más de 1500 páginas manuscritas de testimonios sobre esta rebelión. Estoy pasando por esta evidencia de archivo para ver si pueden proporcionar más información sobre el quipu”.

Tanto la caja como los quipus son el secreto mejor guardado por las autoridades comunales de Collata. “Se mantiene en secreto para miembros de la comunidad no iniciados”, sostiene Hyland.

Y son los ancianos de Collata quienes aseguran que estos quipus sirvieron como cartas durante la rebelión de mediados del siglo XVIII. “Ellos dicen que los quipus fueron creados en la época del legendario jefe local y simpatizante español Pedro Cajayauri, cuya firma manuscrita fechada en 1757, se conserva en el archivo del pueblo”.


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