Christoph Cox sobre cómo escuchar el ruidismo

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“Qué es más musical, un camión pasando por una fábrica o un camión pasando por una escuela de música? Es musical la gente adentro de la escuela y los que están afuera no?

–John Cage

Como hemos visto previamente, a la hora de evaluar el arte sonoro y la llamada música experimental (nociones que a menudo se entrelazan e igualan), encontramos que los valores musicales tradicionales y las perspectivas de la escucha que se establecen en torno a estos, no entran en juego o lo hacen de una forma diferente en la que se halla una transvaloración de los conceptos mismos del sonido, su estética y su apreciación.

Estas nuevas corrientes del sonido representan posturas tanto perceptivas como conceptuales y se reflejan principalmente como aperturas en la disposición misma del oyente y la búsqueda que este emprende a la hora de abordar el sonido, a la hora de escucharlo, de apreciarlo y de permitirse un encuentro con el mismo. Ahora bien, esto implica en gran medida establecer una reflexión que deje de lado los gustos, preferencias y prejuicios, básicamente para permitirse escuchar y valorar una experiencia más allá de la simpleza de encasillar lo que escuchamos solo ente si “es bueno o es malo”. Digo simpleza porque a fin de cuentas son juicios que poco a portan, más allá de ser un parámetro para discriminar lo escuchado o bien reforzar nuestra intención de oír. Como solía decir John Cage, la perspectiva experimental en torno al sonido es ante todo un cambio de mentalidad, un abandono de toda pretensión de escucha.

Es por ello que contrario a encasillarse en las típicas formas y categorías –al menos en su perspectiva más absolutista–, las manifestaciones sonoras que vienen emergiendo desde mediados del siglo pasado, permiten una apertura del juicio como tal, reflejado principalmente en el enriquecimiento de lo que conocemos como imagen sonora y con ello el arte de pintarla y esculpirla, conduciéndonos así a un paraíso de timbres, un intenso recorrido por la textura y la exoticidad de las siluetas sonoras, con ello incluyendo su capacidad de generar en nosotros otros estados, despertar otros movimientos, expandirnos a nosotros mismos, como todo arte del sonido –incluyendo la música– ha sabido hacer desde tiempos inmemoriales.

Para adentrarnos a la escucha de lo que nos parezca nuevo, hemos de abandonar a menudo nuestra tendencia a encerrar los sonidos en ruido o música, dado que estas perspectivas tienden a reflejar que la valoración del sonido como música es como tal una apreciación relativa, en tanto unos llaman música al ruido de otros y viceversa. Por eso es quizás más sano entender ambos conceptos en una única simbiosis, una estructura común que se haya en la noción del sonido en cuanto tal, no precisamente en la definición del fenómeno sonoro en términos científicos, pero si en una exploración del mismo a partir de una revaloración de sus posibilidades poéticas, estéticas, envolventes; el diálogo que lo sonoro establece entre lo tangible y lo intangible o entre aquello que podemos mediar en lenguajes y esa inagotable sensación de lo inefable que rodea al sonido mismo.

Es quizás un tema bastante amplio que nos tomaría bastante tiempo en desarrollar en profundidad, pero como ya hemos venido hablando de ello, y varios lectores han presentado la inquietud de fundamentar más detalladamente las bases para saber apreciar y comprender mejor ciertas manifestaciones contemporáneas del sonido, lo iremos haciendo en próximos artículos. Pero hemos de comenzar por esbozar algunos temas y situarnos en el contexto, y quizás una forma interesante de hacerlo que a partir de una de las nociones ‘extremas’ que más controversia tiende a causar: el ruidismo o el genero conocido como “noise”. Y qué mejor manera de hacerlo que a través de un pensador actual que ha dedicado una buena cantidad de tiempo a establecer coordenadas de encuentro con las manifestaciones sonoras y musicales de nuestros días, el filósofo Christoph Cox.

Cox es filósofo, profesor del Hampshire College y probablemente uno de los mayores expertos actualmente en lo que respecta a la denominada cultura del audio, la filosofía del arte sonoro y las exploración de los movimientos musico-culturales de los últimos años, como bien se expresa en un fantástico libro editado por él junto a Daniel Warner, publicado bajo el nombre de ‘Audio Culture’ y en el cual se incluyen ensayos y opiniones de una amplia variedad de autores, músicos y pensadores de la escucha. En su introducción, Cox comenta al respecto de los temas contemporáneos antes mencionados:

“Durante la segunda mitad del siglo pasado, una nueva cultura del audio ha emergido, una cultura de músicos, compositores, artistas sonoros, estudiosos, y oyentes atentos a la substancia sonora, el acto de la escucha, y las posibilidades creativas de la grabación, reproducción y transmisión de sonido. Esta cultura del oído se ha vuelto particularmente prominente en la anterior década, como se evidencia por una constelación de eventos.”

Ahora bien, volvamos a nuestro tema de hoy: lo que dice Cox sobre la música noise y cómo introducirnos a su escucha. El ruido es quizás uno de los conceptos más pobremente entendidos pero a la vez cargado de una riqueza cultural, política, estética e incluso poética, invaluable. En el siguiente video le preguntan a nuestro autor: “Cómo escuchar el género musical que se ha denominado ruido?” Y su respuesta es concisa:

De entrada dice: “Noise a pertenece a una serie de músicas del siglo XXI que son más envolventes que narrativas; no se desenvuelven en una suerte de comienzo, medio y final” lo cual no es evidente únicamente en lo que estamos acostumbrados a percibir como ruido, a lo que comenta Cox:

“Como se sabe, la música minimalista operaba de esa forma, la música ambient operaba de esa forma. Estas músicas son muy diferentes del ruido, de lo que se ha llamado ruido, pero tienen un sentido similar de una clase de envolvimiento. Esta es una de las razones por las cuales aquello que llaman ruido es a menudo extenso, de extensa forma, porque hay un sentido de que tienes que introducirte adentro de la música, en vez de escucharla como algo que tiene una progresión.”

Esto es muy importante, porque si bien la música ha tendido a ser envolvente desde siempre y desde épocas ancestrales es considerada un medio para hacer viajar la imaginación y sumergirnos profundamente en ella sea cual sea nuestro fin, en estas perspectivas mencionadas este factor de la inmersión lo que empieza a primar, rechazando otras pretensiones que han tenido las concepciones musicales, como lo lingüístico, semántico o narrativo, para invitarnos a sumergirnos en el subconsciente sonoro, tanto en términos de lo que inspira la obra, como en los aspectos técnicos y los estatutos conceptuales de la misma.

Esto es quizás a lo que se refiere Cox cuando hace eco del cambio en cuanto a lo que es buscado en la experiencia misma de escuchar y plantear estos nuevos entorno sonoros. Dice que “tiende a buscar música que es texturalmente muy interesante, (donde) hay un cambio de forma o estructura hacia asuntos como timbre y textura”. Y por ejemplo el timbre de hecho es un concepto musicalmente muy explorado, pero que en cuanto a manifestación espectral, morfológica o estructural, tiene una riqueza inagotable, siempre necesitada de incesante exploración.

Recuerdo cómo en el famoso manifiesto futurista de Luigi Russolo titulado “El arte de los ruidos”, remarcaba en ello, en esa intensa búsqueda de lo que conocemos como timbre y las posibilidades del mismo cuando logra expandirse más allá de los instrumentos musicales tradicionales, los cuales a su parecer son bastante limitados, por tanto nos invita a “romper el círculo de los sonidos (musicales) y conquistar la infinita variedad de los sonidos ruidosos”.

Ante esto de los timbres en relación al arte mismo de construir con los ruidos, Cox nota que “la música noise es a menudo extremadamente densa, hay una tonelada de cosas sucediendo y cuando vives adentro o te introduces en esas músicas en vez de escucharlas desde afuera, uno se abre a escuchar todos estos complicados movimientos como «texturales»”, lo cual es un asunto fundamental para valorar estas propuestas artísticas porque se sitúan no solo en los valores apreciables del sonido sino también en una profunda reflexión tecnológica que ha venido a través de las últimas décadas expandiendo nuestras nociones de música, ruido y escucha.

Esta exploración desde la técnología no es de hecho una mera apertura a nuevas formas de creación, sino también a nuevas propuestas de análisis, visualización y concepción del sonido en cuanto tal que permiten expandir nociones como timbre o estructura musical, además de abrirnos radicalmente a nuevos valores estéticos del sonido, como la textura, la cual se sitúa como un concepto que comprende el timbre en el continuo espaciotemporal de lo sonoro y donde encontramos la manifestación de todas las escalas del sonido, desde el detalle atómico de lo granular hasta la complejidad macrosonora del paisaje.

Ahora bien, ¿cómo escuchar esto? Cox invita a realizar un ajuste en la intención misma, “ajustar tu expectativas de modo que escuches como en el momento en el que esto se desenvuelve y puedas intentar escuchar las complejidades del timbre, la textura y el tono”, principalmente porque, como se comenta en Audio Culture, lo que denominamos ruido es y ha sido parte de aquello que conocemos como música y en la modernidad se ubica principalmente dentro de la novedad o la vanguardia.

Dice Cox: “Lo que estamos llamando música contemporánea o música moderna tiene un carácter peculiar. Aunque corta entre la música clásica, el jazz, el rock, el reggae y la música de baile, es resolutamente vanguardista en carácter y todo pero ignora las estancias más populares de estos géneros”, lo cual e debe principalmente a que estas perspectivas se permiten no sólo “retar estas categorías de género en sí mismas” sino ante todo invitarnos, y en gran medida “forzarnos a confrontar el núcleo no escuchado de toda la música”.

Ahora bien, ¿cual es este “núcleo”? En la misma introducción nos hablan de “lo sonoro y lo auditivo en cuanto tal”, un núcleo de trabajo más amplio que cualquier lenguaje disponible hasta ahora, en tanto “estas prácticas vanguardistas desestabilizan lo obvio e impulsan nuestras sensibilidades estéticas y conceptuales a sus límites”, logrando así una serie de corrientes que “proveen la corriente musical de la nueva cultura del audio“.

En lo general podríamos pensar que esta cultura del audio es básicamente una apertura que defiende la búsqueda del sonido sin límites absolutos. Es lo que podríamos esperar si colectivamente hemos estado dominados por determinados patrones que nos imprimen cuestiones de lo que es o no es la música, cuando a fin de cuentas la música no es un sistema rígido, estático y definido; es abierto y dinámico, se adapta a (y adapta) las formas culturales, a los intereses espirituales o a las búsquedas intelectuales. Precisamente porque el hecho musical parte del hecho sonoro intrínseco en la naturaleza, subyacente a todas las formas de lo que llamamos realidad. Por eso el sonido puede valorarse libremente y la experiencia estética o musical del mismo se haya en cualquier forma de escucha.

Son muchos más los autores que podríamos tratar, pero vamos a hacerlo de a poco. Por ahora, desde Cox podríamos concluir que en la valoración estética del ruido no pretende necesariamente decir que las formas musicales tradicionales son obsoletas, ni mucho menos. Simplemente busca abrirse camino desde otras lecturas, desde otras formas de escuchar. Es una constante apertura del sonido y una liberación que se da, ante todo, en el oyente, responsable en última instancia de la experiencia, donde el ruido deja de ser eso que de entrada molesta para convertirse en nuestra apertura. Cierro por ello con una cita de Morton Feldman para dejar un poco más abierta la cuestión:

“El ruido es algo más. No viaja en estos océanos distantes de la experiencia. Perfora como granito en granito. Es físico, muy emocionante, y cuando es organizado puede tener el impacto y la grandeza de Beethoven […] El sonido son todos nuestros sueños de música. El ruido son los sueños de la música sobre nosotros”


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