Las Islas Ballestas son unas islas en el océano Pacífico, próximas a la costa del Perú. Se encuentran al sur de Lima, en las cercanías de la ciudad de Pisco y la península de Paracas. En esta península se pueden alquilar lanchas que le llevan hasta las islas. No se permite desembarcar, cosa de no molestar a los animales que allí viven, pero se acercan lo suficiente para poder apreciar mucho más de lo que vemos todos los días.

Nosotros fuimos en el tour de uno de los dos hoteles en Paracas, en Pisco hay más hoteles en caso que desee ir y los de Paracas estén todos ocupados. La lancha donde viajamos era de buen tamaño, de unos veinte pasajeros, abierta por completo y en ciertos momentos logró una buena velocidad. Los tripulantes de la lancha muy complacientes y preocupados por nuestra seguridad y comodidad.

No vimos ninguna vegetación crecer en las Islas Ballestas. Montañas de roca sólida elevándose desde las profundidades del océano. Y arcos y túneles naturales que impresionan al más desinteresado; preciosas obras de la naturaleza. Algunas de las islas aparentaban tener arena, pero como no pudimos desembarcar, no sabemos.

En ruta a las Islas Ballestas pasamos por otras islas. En una de ellas había un grabado en la arena, o superficie. Unas líneas a las que les llaman el “candelabro”, a nosotros se nos pareció al tenedor de Neptuno, muy impresionante. Aparenta ser el mismo arte de las Líneas de Nazca, aunque nos dijeron que realmente, como las de Nazca, nadie sabe quien lo hizo, sólo que es precolombino. Tal vez este relacionado a estas otras líneas y tal vez no. En diferencia a las Líneas de Nazca el “candelabro” sí se ve desde tierra, mejor dicho, desde mar.

Las formaciones de las rocas, son más que razón para darse la mojadita, porque el agua salpica y si no hace mucho frío es bien agradable. Sin embargo, las Islas Ballestas tienen la gracia de la vida marina en números fuera de proporción. Allí crían leones marinos. Los vimos nadando cerca de la lancha en que navegábamos, sobre las rocas, y en numerosas colonias.

Cuando fuimos, al final de agosto, era un poco temprano en la temporada para ver los pingüinos. Antes de tomar la lancha un señor en el hotel nos dijo.

Y entre toda aquella asombrante abundancia de vida natural, buscamos y rebuscamos con nuestros anteojos (prismáticos) en las grietas. Cuando a nuestra sorpresa, frente por frente a la lancha en que viajábamos, sobre una canal en las rocas, pudimos apreciar a este simpático habitante de las corrientes de Humboldt. El muy bribón, apenas nos vio, se lanzó al agua y desapareció.

Pero hasta ahora sólo hemos contando lo impresionante. Lo increíble es que las Islas Ballestas son una de esas islas del Pacífico donde anidan gran cantidad de aves marinas. Es una de las islas de “guano” (excremento). Se puede reír si desea, pero este guano marino es tan apreciado como el mismo oro. Su contenido de nitrógeno es tan alto que las industrias de fertilizantes (los que se emplean para hacer crecer los vegetales y frutas que vemos en los supermercados) pagan grandes sumas por el guano.

En las aguas desde Paracas hasta las Islas Ballestas se ven las bandadas de aves. La variedad y cantidad es increíble. Estas aves se alimentan de peces marinos, la anchoveta siendo su principal sustento. Nos dijo el mismo señor del hotel que hace unos treinta años eran tantas las aves que cuando se acercaban a la costa no se podía ver a través de ellas. De acuerdo a este señor los números han declinado debido a las muchas fábricas de conservas que se han establecido en la zona y que ahora también pescan las anchovetas. No estamos seguros si esta es la razón, pero si vimos en algunos lugares varias industrias que tal parecían ser de conservas.

Lo que sí sabemos es que las anchovetas durante años de El Niño o La Niña cambian su comportamiento usual. Nadan a mayor profundidad o más lejos de la costa. Razón por la cual los animales marinos no logran atraparlas y alimentarse. La mortalidad de estos animales durantes estos años puede ser considerable. Aunque los veamos en esas cantidades exageradas, estos animales son parte de un ecosistema muy frágil. Cualquier alteración, por insignificante que aparente ser, en el momento incorrecto puede tener consecuencias catastróficas. Las Islas Ballestas serán peruanas, pero el mundo es de todos, por favor cuídelo.

En el regreso vimos una bandada gigantesca de alcatraces piqueros, o piqueros, pescando. Estas aves adquieren su alimentación lanzándose de cabeza al agua. La lancha lentamente se posicionó dentro de la acción, en el centro de la nube de piqueros. Aquello no se puede describir, por todas partes, en todo nuestro alrededor, los piqueros se lanzaban desde el aire al agua. Un espectáculo que hay que vivirlo.

Otras aves que también vimos fueron los pelícanos peruanos, al menos dos especies de cormoranes, gaviotas, gaviotines y varias especies más de aves marinas. La mayor parte de la península de Paracas es una reserva natural (Reserva Nacional de Paracas) donde nos dijeron que crían flamencos (nos imaginamos que han de ser los flamencos chilenos), no tuvimos tiempo de llegarnos hasta allí. También en Paracas y en la zona de Pisco hay algunos lugares donde se han encontrado ruinas precolombinas. En el hotel nos sugirieron que visitáramos un museo de arqueología donde presentan algunas de las piezas encontradas, pero el tiempo tampoco nos permitió ir hasta allí. Con respecto al hotel, quedamos muy contentos con la atención y su arquitectura de hotel de playa de la década de los 1950, o tal vez poco antes, es tan placentera que allí nos volveremos a hospedar.

Paracas es también una ciudad muy significante en la historia del Perú. Fue allí donde desembarcó el general San Martín y según la leyenda, donde al ver unos flamencos al vuelo se inspiró y diseñó la bandera peruana. Las dos franjas rojas siendo las alas extendidas de estas aves. En el hotel donde nos hospedamos tenían un escrito muy bonito al respecto.

El viaje de Lima a Paracas nos tomó cerca de cuatro horas (unos 250 kilómetros). Tenemos entendido que Pisco está como quince minutos antes (unos 15 kilómetros antes de Paracas). La carretera, a la cual le llaman la Panamericana, es amplia y se encontraba en perfectas condiciones. El viaje en lancha fue como de un par de horas temprano en la mañana. Cuando regresamos a tierra el día aclaró y si no fuera porque teníamos que ir a ver las Líneas de Nazca, hubiésemos tomado otra lancha en el puerto de Paracas para volvernos a ir a las islas. Una aventura que sí volveremos a vivir.


Fuente: http://www.caminandosinrumbo.com/peru/ballestas/

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