Los francos, denominación que etimológicamente significa “libre”, eran una tribu germánica, perteneciente a los llamados pueblos bárbaros, por los romanos, originaria de Westfalia (un poco al este de Renania) y de la Baja Renania (al oeste de Alemania, en amabas márgenes del Rin).

Los francosUn grupo de francos, llamados salios estaban ubicados hacia el siglo III, al sur del río Rin, en lo que hoy conforman la zona noroeste del estado alemán y los Países Bajos. Otro grupo, los ripuarios se asentaron en el curso medio del mismo río.

A mediados del siglo III algunos francos, pudieron ocupar Tarragona, al sur de lo que actualmente es Cataluña, en España, por el lapso de 10 años, hasta que fueron desplazados por las fuerzas romanas. Hacia fines de siglo ocuparon la zona cercana al río Escalda, río cuyo nacimiento es en la actual Francia, y recorre la región belga.

A mediados del siglo IV se convirtieron en federados de los romanos, defendiendo las fronteras imperiales, obteniendo una parte dentro del propio imperio, en la Galia Bélgica, región meridional de los actuales Países Bajos, noreste francés, oeste alemán y Luxemburgo.

A partir del año 420, los francos comenzaron una política expansiva, a pesar de que el ostrogodo Teodorico había intentado detenerlos, uniendo a los distintos gobernantes galos contra el poder creciente, del jefe salio Childerico, y, sobre todo de su hijo, Clodoveo. Éste unificó los dos grupos de francos, y los godos no pudieron impedir la aplastante derrota, que sufrieron los alamanes en el año 496, en la batalla de Tolbiac, y la que soportaron los visigodos, primero en el año 501, en Poitiers y luego en el suroeste de las Galias, en el año 507, en la batalla de Vouillé. Los francos lograron apoderarse de las provincias romanas ubicadas en la Galia. Solo les quedó a los visigodos en la Galia, la Septimania.

Clodoveo se convirtió al catolicismo, sobre todo luego de contraer enlace con Clotilde, una princesa católica, en el año 493, quedando como los únicos germanos no arrianos, y fueron reconocidos por el emperador del Imperio Romano de Oriente, dando inicio a la dinastía merovingia, llamada así, en honor al abuelo de Clodoveo, de nombre Meroveo.

En el año 511, el rey Clodoveo repartió el territorio entre sus cuatro hijos, ya que consideraba el territorio que gobernaba como de su propiedad, concepción común entre los pueblos germánicos, fragmentando el poder, y caracterizándose por un alto grado de agresividad, en la búsqueda de soluciones entre los distintos reinos francos. En el año 534, los descendientes de Clodoveo derrotaron a los burgundios, ubicados en los valles del Saona y del Ródano.

La capital del reino de los francos, se fijó primero en Soissons, para luego establecerse definitivamente, en París.

Durante el reinado de Clodoveo se promulgó la ley sálica (llamada así por derivar de los francos salios) como elemento aglutinador de los francos. Regía sus cuestiones jurídicas relativas al derecho civil, sucesorio y penal, e impedía a las mujeres acceder al trono.

En las primeras décadas del siglo VII, Clotario II, pudo reunir otra vez la autoridad sobre todo el territorio franco, y a su muerte, acaecida en el año 629, le sucedió Dagoberto, iniciándose un período de crisis, que se continuó en una seguidilla de reyes ineptos que antepusieron sus intereses personales al del bien común, dejando los asuntos del estado en manos de “mayordomos de palacio” pertenecientes a la familia de los Pipínidas.

Uno de esos mayordomos, Carlos Martel, organizó y fortaleció la caballería, y venció a los musulmanes en Poitiers, alcanzando gran fama como adalid de la cristiandad.

En el año 751, Pipino el Breve, hijo de Carlos Martel, terminó con la dinastía merovingia, para comenzar la carolingia, reconocida por el Papa Zacarías, quien lo coronó como rey de los francos, sobre todo en agradecimiento por la lucha contra los lombardos, que atentaban contra Italia.

La dinastía merovingia, inculta, dio paso a una nueva y pujante, que coronó su acción con la llegada al poder de Carlomagno, que en sus años de gobierno, entre 768 y el 804, transformó el reino, en un imperio floreciente, siendo coronado Carlomagno emperador, en el año 800 por el papa León III, gobernando como rey por derecho divino.

A su muerte, el imperio quedó en manos de su hijo, Luis el Piadoso, y ocurrida su muerte en el año 840, comenzó la fragmentación del territorio, entre Lotario, Luis y Carlos, con disputas por la herencia. El Tratado de Verdún del año 843, dividió las posesiones, dando el título de emperador a Lotario, comprendiendo su domino gran parte de lo que es la actual Francia, especialmente en la cuenca del río Ródano. Carlos el calvo recibió la Francia occidental y la marca hispánica y Luis el germánico, se quedó con la parte oriental francesa, lo que son hoy, el estado checo, el croata, y grandes extensiones del actual territorio alemán y austriaco.

Carlos el Calvo tomó el cargo de emperador a la muerte de Lotario, en el año 875, repartiéndose los territorios del difunto, entre los hermanos. En el año 881, el hijo de Luis el Germánico, llamado Carlos el Gordo, asumió el poder, pero padeció problemas mentales, y al morir en el año 888, comenzó la fragmentación del territorio, en numerosos reinos independientes, perdiendo el emperador su poder, y convirtiéndose en una figura meramente decorativa. En el siglo X, el territorio francés era un mosaico de reinos feudales.

La dinastía de los Capetos, comenzó en el año 987, con Hugo Capeto, quien recuperó el poder real. En el siglo XIV, los ingleses incursionaron en Francia, iniciándose la Guerra de los Cien Años. Luis XI (1461-1483) reforzó la monarquía en contra del poder feudal. En la Edad Moderna se produjo la consolidación de Francia como estado nacional.


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