Ahora que Netflix está a punto de estrenar la película en versión occidental del manga de culto ‘Death Note’ (con el ínclito Adam Wingard al frente del proyecto) es un buen momento para recuperar de qué forma ha ido evolucionando la saga con el paso del tiempo. Basada en el popular manga escrito por Tsugumi Oba e ilustrado por Takeshi Obata, primero se convirtió en una serie anime antes de dar el salto a la pantalla en el 2006 en una más que digna adaptación que constaba de dos partes dirigida por Shushuke Kaneko en la que se perfilaban todas las claves del universo ‘Death Note’, salpicado por ese toque juvenil-gótico-siniestro tan de moda en esos momentos.

Diez años después, el germen de las aventuras de Light, L. y las criaturas llamadas shinigamis, continúa vivo gracias a una nueva entrega en la que los personajes en clave adolescente pasan el relevo a otros que, ya adultos convierten la función en un espectáculo circunscrito a los moldes del policíaco con un toque sobrenatural.

Sinshuke Sato, director de películas como ‘Gantz’ (2010) o la recientemente estrenada ‘I am a hero’ (2015), después de encargarse de la miniserie para televisión ‘Death Note: New generation’, firma aquí una cinta con un pulso de acción impecable salpicada de escenas de masas particularmente notables, en las que la cámara sigue las muertes indiscriminadas y fulminantes que se van produciendo entre la multitud callejera al mismo tiempo que la portadora del cuaderno de la muerte va escribiendo los nombres de esas personas en él.

Puede que en algún momento la película se vuelva un tanto críptica para el espectador no iniciado en todas las claves y los misterios que encierra la saga, pero se puede disfrutar de forma independiente como un magnífico híbrido entre un policiaco tan impetuoso como sofisticado, y un ‘thriller’ fantástico alrededor de la pugna entre el bien y el mal cuando se tiene impunidad para ejercer como verdugo sobre la vida y la muerte.


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