Gallia est omnis divisa in partes tres “ Toda la Galia se divide en tres partes”. Con esta frase, que muchos recordamos por ser de las primeras con las que nos enfrentábamos al latín, César iniciaba su relato sobre la guerra de las Galias. Este Documento es también la fuente más importante que conservamos para conocer la historia de los galos, pero no es el único. Además de César, otros autores griegos y latinos (sobre todo Polibio y Tito Livio) dejaron constancia de la existencia y conducta de estos pueblos. Desgraciadamente , los propios galos prefirieron la cultura oral a la escrita pues, a pesar de conocer el alfabeto griego ya desde el siglo III a.C., siempre rechazaron dar una forma fija a sus memorias, quizá debido a un escrúpulo religioso. Por ello no se han conservado documentos propios que recogieran sus hechos más importantes. La otra gran fuente para conocer a los galos son sus restos arqueológicos, cuyo estudio nos ha permitido ampliar los conocimientos sobre este pueblo, especialmente su modo de vida, su nivel tecnológico y su religión.

Los galos pertenecían al gran grupo de pueblos que denominamos celtas, un conjunto muy dispar de tribus que ocuparon un enorme territorio en el centro de Europa durante la Edad de Hierro, la época en al que se difundió el empleo de este metal. Se trataba de poblaciones inicialmente seminómadas(que más tarde se hicieron semisedentarias) cuyo modo de vida variaba en función de la riqueza natural del territorio bajo su control, pero que tenían en común las mismas creencias religiosas y una pasión exacerbada por la guerra, además de contar con una notable tecnología metalúrgica.

LOS ORÍGENES

Generalmente se hace corresponder la emergencia de los celtas con la llamada Primera Edad de Hierro o cultura de Halltstatt, que dio comienzo hacia el 800 a.C.Pero no podemos hablar de los galos hasta la segunda Edad del Hierro o cultura de La Tène, que tuvo su inicio en torno al 450 a.C. Se desconocen los mecanismos que produjeron la transición de una cultura a otra, pero sabemos que con el cambio aumentó la población y que la riqueza material, perceptible en el armamento, los ornamentos y la pujanza del artesanado, se repartió entre estratos de población más amplios que en el periodo anterior.

A finales del siglo.a C., estas poblaciones celtas comenzaron a expandirse desde el norte y el oeste de los Alpes, llegando en el siglo III a. C., su momento de máximo esplendor, a ocupar un vasto territorio que limitaba con el mar Negro, los Balcanes,los Alpes y el Atlántico, y que incluía el norte de Italia, las islas Británicas y los ríos atlánticos de la península Ibérica salvo el Guadalquivir; uno de estos pueblos celtas, el de los gálatas, llegó a adueñarse del centro de Anatolia. Sin embargo, no todas las zonas ocupadas por los celtas tuvieron el mismo grado de celtismo ni fueron culturalmente homogéneas. Es más, antes de fijarse en masa sobre sus territorios definitivos, los galos probablemente no tenían identidad propia.

Fue la relación entre la población y la tierra escogida para asentarse la que dio origen al vocablo Galliae, las Galias, y al de galli, los galos.Para César, los galos propiamente dichos eran un conjunto de tribus que habitaban entre los ríos Garona y Sena.Según César, estos galos se diferenciaban claramente de belgas y aquitanos : “ Toda la Galia se divide en tres partes: una está habitada por los belgas, otra por los aquitanos y la tercera por aquellos que en su lengua se autodenominan celtas y en la nuestra galos. Todos estos pueblso divergen entre sí en la lengua, en las instituciones y en las leyes”

La investigación actual comienza a dar la razón a César y supone que los belgas eran un pueblo mixto de celtas y germanos que, a partir de inicis del siglo II a.C., habría ocupado la zona comprendida entre el Sena y el Rin. Por su parte, los aquitanos englobarían a un conjunto de pueblos que posiblemente no eran indoeuropeos, asentados en la actual Aquitania(los indoeuropeos eran pueblos que desde su lugar de origen, sobre el que no existe consenso, penetraron en el sudeste de Europa y el occidente de Asia durante el II milenio a.C.).

La entidad étnica fundamental entre los galos era la tribu, un conjunto de familias unidas por un origen común. Incluía a miles o incluso decenas de miles de individuos que ocupaban un pagus, un espacio delimitado casi siempre por accidentes naturales(cursos de agua, macizos montañosos, bosques) cuyo tamaño equivaldría al de una comarca actual. Las tribus se agrupaban generalmente en pueblos o civitas, que podían aglutinar entre 200.000 a 600.000 personas y de las que conocemos la existencia de medio centenar; entre las más importantes se contaban las de los eduos, arvernos, secuanos y senones. A lo largo de la historia, las continuas guerras entre tribus llevaron a éstas a confederarse o a establecer relaciones clientelares entre sí; confederaciones y relaciones que se vieron modificadas continuamente.

La sociedad se dividía en druidas, guerreros y pueblo llano, las tres clases ideales de las antiguas instituciones indoeuropeas.

A cargo de los Druidas corrían la religión, la justicia y la educación, mientras los “caballeros” o guerreros constituían el grupo que tenía el privilegio de hacer la guerra; este privilegio, hereditario, estaba condicionado por la necesidad que tenía el guerrero de adquirir su propio y costoso equipo militar. Por debajo figuraba el pueblo llano, también compuesto por hombres libres: campesinos, pastores y artesanos. En el último escalón de al sociedad se encontraban los esclavos, muy numerosos, cuya condición se debía normalmente al hecho de haber sido capturados en el curso de las frecuentes guerras.

En tanto que celtas, los galos se definían a sí mismos como guerreros, y fue sobre todo en la guerra y por la guerra como fueron conocidos por el resto de los pueblos clásicos.

De hecho , los galos entran en la puerta grande de la historia a comienzos del siglo IV a.C., con motivo de la invasión del norte de Italia y la posterior conquista y saqueo de Roma.

 

En el combate los galos no usaban casco ni coraza, y habitualmente luchaban con el torso desnudo(y aveces todo el cuerpo) cubiertos sólo con sus joyas.

INVASIONES Y MIGRACIONES

Tito Livio, muchos años más tarde, trasmite la noticia de que estas invasiones estuvieron provocadas por el incremento demográfico experimentado por las tribus que habitaban en el interior de la actual Francia. Esta emigraciones al norte de Italia(zona llamada desde entonces por los romanos Galia Cisalpina “Galia a este lado de los Alpes) no fue inmediata, sino que se prolongó durante un período de, al menos cincuenta años.

Así, los primeros invasores ocuparon la región de las fuentes del Po, mientras que las tribus que llegaron a continuación fueron atacando territorios cada vez más hacia el sur. Finalmente, la tribu de los senones, una de las últimas en llegar, invadió el territorio de la ciudad etrusca de Clusium(Chiusi) en su intento por encontrar un lugar donde asentarse. La ciudad atacada pidió ayuda a Roma, y romanos y senones se enfrentaron el 18 julio del año 390 a.C. junto a la milla XI de la vía Salaria, en la confluencia del río Alia con el Tíber. Los romanos se desbandaron casi sin lucha y los senones entraron en Roma y la saquearon, asediando a continuación la ciudadela del Capitolio, que resistió durante siete meses. Tras levantar el sitio, los senones se dividieron y una parte se asentó en la costa adriática, entre las actuales Rímini y Ancona, mientras el resto se trasladó a Sicilia para servir en el ejército de Dionisio, tirano de Siracusa, cuyas tropas infligieron duras derrotas a los cartagineses.

A partir de su espectacular aparición en la península Itálica, los galos fueron contratados por muchos estados y pronto aprendieron a batirse en el interior de gigantescas formaciones, luchando casi siempre en primera línea o en el centro de los ejércitos, allí donde las pérdidas eran más importantes. Sus armas principales eran la lanza y una larga espada; no usaban casco ni coraza y habitualmente combatían con el torso( y a veces todo el cuerpo) desnudo, cubiertos con sus torques y brazaletes de oro, y defendidos por un gran escudo plano y rectangular que los romanos copiaron( algo que probablemente también hicieron con tácticas como la llamada testudo, tortuga, en la que los legionarios se protegían bajo los escudos, solapados unos sobre otros a modo de caparazón).

Hacia el siglo II a.C., los galos comenzaron a utilizar los grandes caballos mediterráneos para crear vastos cuerpos de caballería que sustituían sus viejas formaciones de carros tirados por caballos de pequeño tamaño (ponis); los jinetes vestían casco y cota de malla – otra invención gala- como alternativa al gran escudo de la infantería que no podían manejar sobre el caballo.

Iniciaban los combates con ciertos rituales de intención mágica: ante su ejército formado, algunos campeones avanzaban danzando para retar a los mejores de sus adversarios a un combate singular. Mientras, el ejército hacía entrechocar sus armas y sonaban los famosos cuernos de guerra galos (cornyx), todo con la intención de amedrentar al enemigo.

LA AMENAZA ROMANA

A partir del siglo III a.C. fuero los romanos quienes se apoderaron de la Galia Cisalpina. Los primeros en caer bajo su dominio fueron los senones, sus viejos enemigos, definitivamente derrotados en el año 283 a.C. Cinco décadas más tarde , en el 232 a.C., el territorio de este pueblo fue convertido por Roma en el ager gallicus y repartido entre miles de familias romanas empobrecidas tras la primera guerra púnica, un conflicto que había enfrentado a Roma y Cartago durante 23 años. La reacción de los demás galos de la Cisalpina, encabezados por boios e insubros, fue la de aliarse contra Roma ante el peligroso ejemplo que suponía la creación de ager gallicus . Pero las victorias de Telamón sobre los boios y la de Clastidium sobre los insubros dejaron la Cisalpina en manos romanas.

El siguiente movimiento romano tuvo como objetivo el sureste de la Francia actual, un territorio conocido por Roma como Galia Transalpina. El dominio de esta región fronteriza con Italia daría a los romanos el control de la ruta que unía la península Itálica y las provincias hispanas, y de la lucrativa vía comercial que conectaba la ciudad griega de Massalia (Marsella) con los pueblos de la Galia interior a través del Ródano. En unas pocas campañas realizadas entre los años 125 y 121 a.C. Roma hizo de la Galia Transalpina una nueva provincia de su imperio.

La conquista de la Galia aún independiente- o Galia Comata,”melenuda”, así llamada por el peinado de los galos- sería obra de Julio César. Éste , durante su consulado del año 59 a.C., obtuvo por cinco años el gobierno de las provincias de Galia Cisalpina; Galia Transalpina y el Ilírico. Su ambición y su lúcida visión sobre el papel que podía jugar la Galia libre en la órbita romana le hicieron decantarse por su conquista. Ésta no sólo sería una fuente de riqueza para sus aspiraciones políticas, sino también la frontera septentrional que Roma necesitaba; frontera que desde un primer momento César comprendió que debía fijarse en el Rin.

LA SUMISIÓN DE LA GALIA

César sólo necesitaba un pretexto para meter el pie en la Galia y éste llegó el año 58 a.C., cuando los helvecios, asentados en la actual Suiza, decidieron emigrar a tierras de los aquitanos. Para ello debían pasar por la Galia , pero el paso de un pueblo entero a través de esa provincia romana habría conllevado, sin duda, graves daños; además el territorio abandonado por los helvecios sería ocupado por pueblos germánicos, que se convertirían en peligrosos vecinos de los romanos.

Así pues, César se enfrentó a los helvecios y los derrotó, haciéndoles volver a sus tierras.

Desde entonces, año tras año, campaña tras campaña, César neutralizo el poder de los pueblos de la Galia. En el 57 a.C. atacó y derrotó a una confederación de tribus belgas que habían logrado reunir más de 300.000 guerreros; al año siguiente le tocó el turno a los vénetos, ribereños del Atlántico, que fueron sometidos tras una batalla naval cerca de la bahía de Quiberon; en el 55 a.C., César cruzó el Rin en una demostración de poder ante los germanos y desembarcó en Britania con el mismo propósito.

En el 54 a.C., tras dejar a sus legiones invernando entre las tribus galas, viajó a Roma para ordenar sus asuntos políticos; los galos, conocedores de las dificultades de César en Roma, aprovecharon ese invierno para fomentar una insurrección general. Fueron los eburones los que tuvieron mayor éxito, pues consiguieron aniquilar a la legión que invernaba en sus tierras. El año 53 a.C. César volvió con la intención de castigarles de forma ejemplar y los exterminó; con ello esperaba aleccionar al resto de tribus guiada por el arverno Vercingétorix y a la que se incorporaron prácticamente todos los pueblos de la Galia central. Incluso los eduos, fieles aliados de Roma, se sumaron al levantamiento ya que, como el propio César admite, “ era mucho mejor caer en el campo de batalla que renunciar a la antigua gloria militar y a la libertad que habían recibido de sus abuelos”. Desde febrero de aquel año hasta octubre del año siguiente combatió César a los rebeldes, cuya resistencia quebró con la toma de Alesia, donde se había refugiado Vercingétorix.

Plutarco resumió de este modo las hazañas de César en la Galia: “ Tomó más de 800 plazas fuertes, combatió más de tres millones de enemigos, hizo un millón de cadáveres y un millón de prisioneros”. Estas cifras, aunque pueden ser discutidas, no deben en modo alguno rechazarse y dicen mucho del estado en el que quedó la Galia en el año 50 a.C., cuando César la proclamó nueva provincia romana, desde los Pirineos y los Alpes hasta el Rin y el Océano.


Fuente: https://ordendruidafintan.wordpress.com/

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