Que los fettuccini Alfredo están muy buenos es algo conocido por todos, pero lo que no es tan conocido es su historia y el por qué de su nombre.

Para explicar el comienzo de la preparación de este plato, tenemos que remontarnos a 1908, a un restaurante en el número 104 de la calle Scrofa, donde Alfredo di Lelio elaboraba sus platos. Di Lelio realizaba platos sencillos pero con una gran presentación.

Los fettuccini Alfredo nacen a raíz de que su mujer diese a luz. Como no tenía apetito, Alfredo decidió transformar los tradicionales fettuccini al burro añadiendo más mantequilla, para que así comiese. ¿Quién le iba a decir que se iban a hacer tan famosos? Y es que lo mejor del plato era ver la preparación del señor Alfredo, que lo hacía directamente en la mesa de los comensales, acompañado por un tenor y un violinista.

Di Lelio servía la pasta sobre un plato caliente en el que había colocado previamente trozos de mantequilla, encima de esa mantequilla colocaba los fettuccini calientes, recién salidos del fuego. Iba removiendo a medida que se derretía la mantequilla con el propio calor de la pasta y del plato y, de vez en cuando, añadía generosas cantidades de queso parmesano rallado.

En 1914 abriría un restaurante llamado “Alfredo”, que vendería posteriormente en 1943, durante la guerra. Pero en 1950 abrió su restaurante de la Piazza Augusto Imperatore, “Il Vero Alfredo”, junto con su hijo. En 1977 los fettuccini Alfredo llegarían a América, cuando abre un restaurante en el Rockefeller Center de Nueva York.

Como podéis ver, los fettuccini hechos tradicionalmente a lo Alfredo no llevan esa salsa blanca que hoy en día puede encontrarse en muchas preparaciones de esta receta. En Estados Unidos, cuando el plato llegó a tierras americanas, no había una mantequilla de calidad en el continente, por lo que se modificó la receta para conseguir la salsa sedosa que conseguía el propio Di Lelo cuando preparaba sus platos en la mesa de los comensales.

¿Quieres probar a hacer tus propios fettuccini Alfredo?

Es muy sencillo, tan solo necesitas fettuccini al huevo, mantequilla y parmesano.

Hierve agua y, en el momento de la ebullición, añádele sal e introduce los fettuccini. En un plato hondo coloca los trozos de mantequilla y, una vez listos los fettuccini, échalos encima. Cubre todo con parmesano y mezcla con delicadeza. ¡Y ya está! Tienes tus fettuccini Alfredo listos para comer.


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