Macarena Vidal Liy

Un día después de haber hecho una exhibición de poderío con un desfile militar, Corea del Norte ha sufrido un vergonzoso revés. Pese a las advertencias internacionales, este domingo intentó lanzar de nuevo un misil. Fracasó. El cohete, de alcance desconocido, estalló al despegar, según Estados Unidos y Corea del Sur.

El fracaso es especialmente vergonzoso para el régimen de Kim Jong-un. El momento del lanzamiento había sido especialmente escogido: no solamente había hecho alarde de poderío en el desfile, en el que mostró diez tipos de misiles, incluido uno que podría ser un nuevo cohete intercontinental. Además, servía para “dar la bienvenida” a la península coreana al vicepresidente de EEUU, Mike Pence, que llegaba este domingo a Seúl para conversaciones con las autoridades surcoreanas sobre el programa de armamento norcoreano.”Existe un consenso internacional, incluyendo a los dirigentes chinos, sobre que la situación no puede continuar”, declaró el consejero de seguridad estadounidense. Pence ha asegurado que China está trabajando con EEUU para responder al comportamiento “amenazante” de los coreanos.

“El misil estalló casi de inmediato”, ha indicado el Departamento de Defensa de EEUU. El cohete se lanzó desde Simpo, una ciudad portuaria, en torno a las seis de la mañana (23.30 del sábado en la España peninsular). No está claro hasta el momento de qué tipo de cohete se trataba ni su alcance.

Corea del Norte ha guardado un mutismo absoluto en torno a la prueba. Como ocurre siempre que falla un lanzamiento, no ha emitido ningún comunicado oficial ni sus medios se han hecho eco del suceso. En Pyongyang, los ciudadanos celebraban en medio de un ambiente relajado su segundo día de fiesta por el 105º aniversario del nacimiento del fundador del régimen, Kim Il-sung, completamente ajenos a lo que había ocurrido.

El público abarrotaba las 25 piscinas cubiertas de uno de los macropoyectos de ocio que ha inaugurado el régimen en los últimos cinco años. Largas colas se formaban en los cines para ver un programa doble de cine bélico. Familias enteras, armadas con teléfonos móviles inteligentes y cámaras digitales, se disputaban espacio para sacarse fotos en una exposición de kimilsungias, la variedad de orquídea nombrada en honor del fundador del régimen.

“No es un fracaso. Volveremos a probar, y los próximos intentos tendrán éxito”, replicaba con una sonrisa Mi-yong, una de las guías en la exposición floral, después de que un grupo de periodistas extranjeros le informara de lo ocurrido.

El Gobierno estadounidense ha restado importancia a la prueba. La Casa Blanca ha señalado que el presidente Donald Trump ha sido informado de ella, sin querer hacer más comentarios. Un funcionario estadounidense ha declarado a la prensa que acompaña a Pence en su viaje por Asia que su país no responderá al intento de lanzamiento: “No necesitamos gastar recursos en contra eso. No nos sorprende (la prueba), ya lo esperábamos”.

Corea del Norte suele disparar misiles para coincidir con aniversarios señalados del régimen o como protesta contra maniobras militares estadounidenses o la presencia de altos cargos del Gobierno de Washington en la región. Los analistas consideraban probable que a lo largo de estos días efectuara una prueba de misiles o incluso una nuclear, la sexta de su historia. El blog especializado 38 North ha advertido de que ese país está “dispuesto y preparado” para un nuevo ensayo atómico, tras detectar movimientos sospechosos en Punggye-ri, el lugar donde efectuó pruebas anteriores, en imágenes vía satélite.

Pero Estados Unidos sí ha desarrollado contactos diplomáticos tras el disparo fallido. Además de las conversaciones de Pence en Seúl, el secretario de Estado, Rex Tillerson, ha dialogado por teléfono con Yang Jiechi, el consejero de Estado de China, el aliado más importante del régimen de Kim.

Estados Unidos exige a Corea del Norte que ponga fin a su programa balístico y nuclear y pide ayuda a Pekín para ello. Washington ha amenazado con actuar de manera unilateral si Pyongyang no cede, y ha enviado un portaaviones, el Carl Vinson, a la zona.

La principal preocupación de Washington es la determinación del régimen de Kim Jong-un de desarrollar un misil intercontinental que pueda impactar en territorio estadounidense. Aunque apenas un puñado de países cuenta con esa tecnología -Estados Unidos, China, India, Rusia y quizás Israel-, Pyongyang ha ido dando pasos graduales para lograrlo. El líder norcoreano ha advertido que planea completar una prueba a lo largo de este año.

Y los expertos advierten que, pese a los fallos, el desarrollo norcoreano de misiles está logrando progresos. El año pasado ya consiguió probar con éxito el lanzamiento de un cohete desde un submarino.

Este programa balístico “representa un peligro real”, advierte Tong Zhao, del centro Carnegie-Tsinghua en Pekín. “Tras haber sido probados una y otra vez, la fiabilidad y la tecnología de los misiles norcoreanos está mejorando cada vez”.


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