HÉCTOR SÁNCHEZ

“Había dejado la banda, no estaba interfiriendo en la vida de nadie. Era solo un chico patético, acabado, que tenía un gran problema con las drogas, que tenía problemas psicológicos, que tenía problemas de salud” Bill Wyman.

La vida de Brian Jones terminó como el principio de “El crepúsculo de los dioses” (Billy Wilder, 1950), con un cuerpo inerte flotando en una piscina. Aunque se consideró como un accidente, los sucesos que precedieron a la muerte del fundador de los Rolling Stones siguen siendo una gran incógnita.

En la madrugada del 3 de julio de 1969, los Rolling Stones estaban enfrascados en los estudios Olympic grabando una versión del tema de Stevie Wonder ‘I don’t know why’ cuando una inesperada llamada telefónica les hizo detenerse. No había pasado un mes desde que los componentes del grupo, cansados de los constantes problemas de Brian Jones con las drogas, habían expulsado a su miembro fundador. Después de descolgar el teléfono, recibieron una dura noticia: Brian había muerto.

Los sucesos que acontecieron la noche del 2 al 3 de julio siguen siendo un misterio. La única certeza que se tiene es que el cuerpo de Brian Jones acabó sin vida en una piscina ante la atenta mirada de una estatua de Christopher Robin. ¿Cuál fue el motivo? ¿Fue un accidente? ¿Un suicidio? ¿O un asesinato?

Antes de morir, parecía que Brian había logrado cierta tranquilidad. Vivía en Cotchford Farm, la casa de campo que había comprado en Sussex y que antes había pertenecido al escritor A.A. Milne, autor de “Winnie the Pooh”. A pesar de haber sido expulsado de su propio grupo, Jones era feliz ya que su cabeza estaba plagada de proyectos junto a otras estrellas de la talla de John Lennon, Jimi Hendrix o la Creedence Clearwater Revival. Además, mujeriego impenitente vivía con su nueva novia, una bailarina sueca llamada Anna Wohlin. Brian Jones decidió hacer reformas en su nueva mansión y para ello contó con la valiosa ayuda del constructor Frank Thorogood y su tropa de albañiles. El antiguo Rolling Stone no tardaría en cansarse de las continuas y molestas bromas que sufría por parte de estos trabajadores. Además, la profesionalidad de estos dejaba bastante que desear. El día que se desplomó una viga de la cocina, Jones dijo basta y despidió a los obreros. No obstante, como aún tenía deudas con el constructor, Brian permitió que Thorogood y su novia, la enfermera Janet Lawson, se quedaran viviendo en la habitación de invitados de la casa.

La fatídica noche del 2 al 3 de julio, Jones, Thorogood y sus respectivas parejas se encontraban en la mansión. Una de las versiones de esta historia dice que por allí también estaban algunos de los trabajadores del capataz de la obra. Varios de estos obreros volvieron a hacer de las suyas y comenzaron a vacilar al músico en el interior de la piscina, tal como lo describió un testigo que prefirió no revelar su identidad: “Al principio yo no presté mucha atención, solo vi que estaban empujando y hundiendo a Jones en el agua y un par de chicas dijeron: ‘¡Eh, dejadle en paz!’ Pero aquello solo hizo que le dieran más fuerte. Entonces, Brian intentó salir de la piscina, pero ellos no le dejaron… Le hundían y le sujetaban la cabeza bajo el agua y luego le dejaban salir dos segundos, él tosía y le volvían a hundir…”. ¿Fueron estos obreros los responsables de la muerte de Brian Jones? Keith Richards, en su autobiografía, tiene su propia visión de la posible relación entre Brian y los trabajadores: “Seguro que les tocó los cojones a los obreros quejándose por todo y dando por saco. Independientemente de si los obreros estaban por allí o no, había llegado a un punto en su vida en que ya nada tenía sentido”.

Sin embargo, para Anna Wohlin los hechos fueron diferentes. Según su versión, aquella noche en la casa solo se encontraban ella, Jones, Thorogood y Lawson. Brian pretendía hacer las paces con Thorogood y bromeaba con él, pero el capataz se mostró agresivo y le exigió el dinero que Jones le debía. Después de unas copas de vino, el músico, su novia y el constructor decidieron darse un baño en la piscina. Janet Lawson rechazó el chapuzón y se quedó en la casa ya que pensó que meterse en la piscina no era la mejor idea: “Él había estado bebiendo. Andaba un poco tambaleante. No se encontraban en condiciones de nadar. Lo noté muy claramente, y así se lo hice ver a ambos. Ellos no hicieron caso de mi advertencia”. Como consecuencia de las bromas de Brian, él y Thorogood acabaron forcejearon en la piscina. En ese momento, Janet avisó a Anna para que atendiera una llamada telefónica, así que la bailarina abandonó la piscina dejando a los dos hombres solos. Según Wohlin, unos quince minutos después, Thorogood entró en la casa tiritando: “Hablaba por teléfono cuando oí gritar a Janet bajo la ventana del dormitorio: ‘¡Anna! ¡Anna! ¡Algo le ha pasado a Brian!’. Encontré a Frank en la cocina. Sus manos temblaban de tal manera que apenas podía encender el cigarrillo (…). Cuando salí fuera, no se veía a Brian por ninguna parte. Luego lo vi, tumbado en el fondo de la piscina”.

El constructor sacó a Brian de la piscina y la enfermera intentó reanimarlo sin ningún resultado. Anna aseguró que aún tenía pulso cuando lo sacaron del agua. La ambulancia y la policía llegaron y se llevaron el cuerpo de Brian Jones y su inhalador de asma, que se encontraba al borde de la piscina. El informe del forense detalló “muerte accidental” y la causa fue la “inmersión en el agua bajo la influencia del alcohol y las drogas”.

Como Brian era un buen nadador, los rumores comenzaron a extenderse y se barajaron otras causas como el suicido y el asesinato. “Brian siempre hacía todo en el momento equivocado”, declaró Keith Richards. “Su muerte todavía no se ha aclarado, aunque esa es otra historia. No sé qué pudo pasar, pero hubo alto turbio. ¿Tuvo un ataque de asma en la piscina o le metieron la cabeza debajo del agua hasta que se ahogó? No me habría sorprendido: Brian tenía la habilidad de cabrear a la gente. Supongo que lo que mató a Brian fue que no supo combinar su trabajo como músico y la fama”. Bill Wyman también achacó la muerte de Jones a su difícil carácter: “Fuese lo que fuese lo que ocurrió, se trató de un accidente desafortunado. No creo que hubiese nadie más implicado. No veo la razón. Había dejado la banda, no estaba interfiriendo en la vida de nadie. Era solo un chico patético, acabado, que tenía un gran problema con las drogas, que tenía problemas psicológicos, que tenía problemas de salud. Realmente estaba muy mal”. Los Rolling Stones acabaron aceptando que la muerte del músico fue un accidente y no un asesinato, como recordó Charlie Watts: “Pienso que tomó una sobredosis. Que tomó un puñado de tranquilizantes, que es lo que acostumbraba hacer, y bebió, y creo que fue a nadar en un agua muy caliente (…). Sinceramente, no creo que fuera liquidado por interés, porque valía más vivo que muerto”. Por su parte, Mick Jagger lo explicó de forma más lacónica: “Brian se ahogó en su piscina. Lo demás es gente que quiere sacar dinero”.

En lugar de cancelar el concierto gratuito que los Rolling Stones tenían previsto ofrecer en Hyde Park el 5 de julio, Sus Satánicas Majestades decidieron aprovecharlo para realizar un homenaje al desaparecido Jones. Además, era una buena oportunidad para presentar en sociedad a su nuevo guitarrista, el virtuoso Mick Taylor, que se había curtido con los Bluesbreakers de John Mayall. Durante el concierto, Jagger leyó un fragmento del poema ‘Adonais’ de Percy Shelley (“Paz, ¡paz! No está muerto, no duerme / Ha despertado del sueño de la vida”). Para que el evento todavía fuera más emotivo, los Stones debían soltar unas 2.000 mariposas blancas que habían recibido del extranjero; sin embargo, al sacarlas de la caja, las mariposas se había asfixiado y el homenaje quedó reducido a un montón de insectos muertos desperdigados por el escenario.

Brian Jones fue enterrado el 10 de julio en Cheltenham, su pueblo natal. Su lápida lo decía todo: “No me juzguéis con demasiada severidad”. Charlie y Bill asistieron al entierro pero el resto de los Rolling Stones, no. Mick no estaba disponible, ya que había viajado a Australia con Marianne Faithfull para trabajar en la película de Tony Richardson “Ned Kelly” (1970). Por su parte, para Keith y su novia, Anita Pallenberg, la situación era bastante dolorosa y violenta. Al fin y al cabo, Pallenberg fue primero pareja de Jones hasta que Richards se la quitara. Además, Keith y Anita siempre fueron quienes más cerca estuvieron del fundador de los Stones.

Anna Wohlin tampoco acudió al funeral. Después de la defunción de Brian Jones, Thorogood la amenazó de muerte si contaba a la policía lo que había sucedido en la piscina. Así que a la mujer no le quedó más remedio que abandonar Inglaterra y esconderse en Suecia. No relataría su versión del suceso hasta 1999. Por otra parte, el último implicado en esta historia, Frank Thorogood, agonizando en su lecho de muerte en 1993, acabó confesando a Tom Keylock, chófer de los Stones, qué sucedió esa noche antes de dar su último suspiro: “Yo maté a Brian”.

A día de hoy, la muerte del músico sigue siendo un rompecabezas y el caso se volvió a abrir en el año 2009. La vida de Brian Jones es digna de cualquier trama hollywoodiense de ascenso y caída. La historia de un chico que subió a lo más alto fundando los Rolling Stones, la banda de rock más grande del mundo, y que cayó uniéndose al Club de los 27 en el fondo de una piscina.


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