La madrugada del 3 de julio de 1969 no fue una más. Fue la noche en que Brian Jones, fundador de los Rolling Stones, cerraba los ojos por última vez. Pero con su muerte nacerían múltiples hipótesis que convertirían la historia en un caso policial con varios involucrados, en una leyenda con muchas versiones y un Brian Jones mitificado en potencia: ¿El gran experimentador de sonidos e instrumentos de los Stones, el corazón genial de la banda, se había suicidado, había tenido una sobredosis o había sido asesinado? Y si lo fue: ¿por qué? ¿quién lo hizo?, se preguntaba el mundo en aquel momento.

Aunque la respuesta oficial fue que el músico de 27 años se ahogó accidentalmente en la piscina de su casa, diversas circunstancias hicieron creer que el desenlace de su historia no fue ni tan sencillo, ni tan casual, ni tan pacífico. Esto a pesar del murmullo constante tras su muerte y su “despedida” por los Stones, dos días después, con su multitudinario concierto en Hyde Park.

“Estoy convencido de que fue asesinado. No pienso que fue por el alcohol y las drogas” como dijo la versión oficial, aseguró Stephen Woolle, director de Stoned, en plena promoción de su filme, el filme que dice revelar la verdad acerca de la muerte de Jones, estrenado el 2005. La versión de esta película, spoilers aparte, es que Frank Thorogood, un constructor que trabajó un tiempo dirigiendo la remodelación de la casa del músico –y que sirvió de espía de Tom Keylock, empleado del círculo primario del grupo, para saber no Jones si se drogaba, sino cuando, cuánto y con quién lo hacía– había sido el último en estar en la fatídica piscina de su casa aquella noche del 2 de julio y madrugada del 3.

Justo él, que acababa de ser despedido por Keylock sin reconocerle, aparentemente, todo el dinero pactado inicialmente por su trabajo, y que había desarrollado una relación de simpatía-odio-antipatía-humillación-simpatía nuevamente con el Stone más rebelde, sujeta a sus drásticos cambios de humor producto de su constante consumo de vodka, fármacos y otros postres –y a su predisposición sicológica, no nos hagamos los tontos–. Todo esto, claro, a decir de Stoned y de los libros en que ha basado su versión: El asesinato de Brian Jones, de Anna Whoolin –novia del músico en el momento de su muerte–, ¿Quién mató a Christopher Robin?, de Terry Rawlings, y Paint It Black, de Geoffrey Giuliano. Tal parece que, tras alguna violenta disputa, un Thorogood que se sentía muchas veces menospreciado por Brian y su entorno, termina ahogándolo en aquella piscina.

Esto fue noticia real: Thorogood –aparentemente– reveló su crimen en su lecho de muerte a Tom Keylock, el empleado de los Stones que supervisaba todo lo concerniente a la vida de Brian. En la vida real, para muchos, es probable que Keylock también haya estado vinculado a la extraña muerte de Jones, pero en la película, incluso la quema de ropa y pertenencias del fallecido Stone no pareció sospechosa –que lo fue– ¿Por qué? Quizás porque Tom Keylock fue consultor histórico del filme. Y un dardo más: por esos azares del destino, Keylock murió exactamente 40 años después del día que lo hizo Brian, a los 83 años, el 2009.

Por si todo lo anterior no pareció suficientemente tremebundo, hay otra teoría: Mick y Keith tuvieron que ver directamente con su muerte. Aquella noche fatal, parece que habían estado en casa de su excompañero –lo habían despedido hacía menos de un mes– tratando de arreglar un asunto legal grave: a él le pertenecía el nombre The Rolling Stones… y no lo quería ceder. Keith Richards terminó amenazándolo con un cuchillo, Mick intervino en el asunto y o Keylock o Thorogood o los dos juntos o ninguno, los detuvieron. Pero los músicos volvieron, secretamente, a acabar con él para ser los únicos dueños de la banda. ¿Demasiada paranoia? ¿Una teoría sin pies ni cabeza? ¿Alguien cree realmente capaces a Mick y a Keith de hacer eso? ¿Acaso los conocemos bien, aunque conozcamos su historia y todas sus canciones? Quién sabe.


LEAVE A REPLY