Pilar Bonet

Este era el mensaje que trasmitían el lunes los expertos en relaciones internacionales autores del informe Hoja de ruta para las relaciones entre Rusia y EE UU. Este documento está destinado a reanimar las relaciones bilaterales en diversos campos, desde la economía a la seguridad estratégica, pasando por la seguridad en el ciberespacio, y ha sido preparado conjuntamente por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington y el Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia (CAIR). En el informe se examinan la economía, la energía, la seguridad estratégica y la ciberseguridad, entre otros temas.

Los objetivos se han rebajado, pero los expertos rusos aún creen que Putin y Trump pueden entenderse, si es que tienen ocasión de reunirse. La visita de Tillerson a Moscú “sería un éxito” si en ella se acordara una reunión entre los dos presidentes para restablecer el diálogo, manifestaba el exministro de Exteriores ruso Igor Ivanov, uno de los responsables del informe.“Más tarde o más temprano” habrá que dedicarse a restablecer las relaciones bilaterales, aunque “esta tarea se ve ahora dificultada por el ataque de Trump a la base siria”, afirmaba Ivanov.

“Primero hay que ver lo que pasó y si hay pruebas. Hay que iniciar un diálogo y dentro de este diálogo, si hay confirmación, tomar las medidas necesarias, pero por ahora hay especulación y no información. Si Tillerson trae pruebas, se pueden estudiar”, afirmaba el exministro, quien evocaba el caso de Irak y la fijación de los norteamericanos en la figura de Sadam Hussein. “Washington no tenía “un plan para después” en el caso de Irak en 2003 y tampoco existía un plan para llevar la democracia a Libia en 2011 “después de Gadafi”, señalaba.

Si se logra demostrar que El Asad fue el responsable del ataque a civiles con sustancias químicas, “eso no solo sería un golpe contra EE UU, sino también contra Rusia y personalmente contra Putin”, opinó Andréi Kortunov, director del CAIR. “Rusia no es incondicional de El Asad, pero después del ataque de Trump le resultaría mucho más difícil abandonar al líder sirio, porque en el mundo árabe, en países como Turquía e Irán y en el interior de Rusia se interpretaría como si el Kremlin hubiera cedido a las presiones de EE UU”, manifestó el experto. Abandonar a El Asad “hubiera sido más fácil antes del ataque de Trump, pero si resulta que El Asad es responsable del ataque con armas químicas, Putin no olvidará que El Asad lo ha colocado en esta situación y sacaría sus conclusiones, aunque no lo haría ahora ni en el contexto de las relaciones ruso-norteamericanas”, afirmaba Kortunov.

Rusia no desea que se repita en Siria una situación semejante a la de Irak o Libia. “EE UU y Rusia tienen intereses solapados y en conflicto en Oriente Próximo”, señala el informe, según el sumario difundido el lunes. “Rusia está preocupada en primer lugar con la seguridad en la región y no quiere que la desestabilización en Oriente Próximo llegue a sus propias fronteras, por ejemplo en la forma de terroristas extremistas”. Rusia “ni tiene los recursos ni intenta restablecer el estatus que la URSS tuvo en el pasado en la región. A diferencia de Rusia, EE UU tiene intereses más multifacéticos en Oriente Próximo y un compromiso con la seguridad de Israel que determina su política con relación a Irán”. Entre ambos países hay “grandes diferencias”. La intervención rusa está condicionada por su “fuerte oposición al cambio de régimen con el apoyo de EE UU, y lo ve (ese cambio de régimen) con el mismo prisma que las “revoluciones de colores” en el espacio possoviético y también como una fuente de futuro caos en oriente Próximo. Rusia cree que solo las elecciones en Siria deben decidir el futuro del gobierno de Bachar el Asad”. “Los EE UU, por su parte, creen que Rusia ha apoyado el régimen de El Asad mediante bombardeos a la oposición moderada y que en Siria no habrá paz ni unidad, mientras El Asad esté en el poder”.

Las declaraciones de los representantes oficiales rusos han fluctuado, de hecho, entre tres posiciones, a saber, que El Asad no es responsable del ataque, que los responsables son los combatientes de la oposición radical, y también que no se sabe y que hay que hacer una amplia investigación internacional. En el Consejo de Seguridad, Rusia encuentra motivos para rechazar las fórmulas de investigaciones internacionales que se le proponen y se muestra descontenta con el trabajo de la Organización de Prohibición de Armas Químicas, dependiente de la ONU. Les acusa de realizar un trabajo sesgado y cree que la actividad de esta organización debe extenderse a los países vecinos a Siria y a los grupos de oposición y radicales del Estado Islámico. Moscú, que ha vetado ya más de media docena de resoluciones sobre Siria en el Consejo de Seguridad de la ONU, dio largas el pasado 5 de abril a un proyecto de resolución apoyado por EE UU, Francia y Reino Unido alegando que esta tenía un carácter antisirio.


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