Daniel J. Krueger, The Conversation

¿Ha experimentado alguna vez una llamada telefónica o un mensaje de texto fantasma? Está convencido de que ha notado que su móvil vibraba en el bolsillo o de que ha oído el tono de llamada, pero, cuando consulta el aparato, en realidad nadie ha intentado ponerse en contacto con usted. En estos casos lo más normal es que se pregunte dónde está el fallo; en el móvil o en usted.

Pues bien, probablemente esté en usted, y podría tratarse de una señal de hasta qué punto ha llegado a estar enganchado a su teléfono. No es el único: más del 80% de los estudiantes universitarios de nuestra encuesta han experimentado lo mismo. Ahora bien, si le sucede a menudo —más de una vez al día—, puede ser síntoma de que es psicológicamente dependiente del móvil.

No cabe duda de que los teléfonos móviles forman parte del tejido social en muchas partes del mundo, ni de que hay personas que pasan varias horas al día pendientes de ellos. Nuestro equipo de investigación acaba de descubrir que la mayor parte de la gente ocupa su tiempo de ocio jugueteando con el móvil. Otros lo hacen incluso en medio de una conversación, y la mayor parte lo consulta a los 10 segundos de ponerse a la cola para pedir un café o de llegar a un destino.

Los médicos y los investigadores siguen debatiendo si el uso excesivo de teléfonos móviles u otros dispositivos puede constituir una adicción. Esta clase de comportamiento ha sido incluida en la última actualización de la DSM-5, la guía de referencia de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría para la clasificación y el diagnóstico de los trastornos mentales.

Sin embargo, dado que hay un debate, decidimos comprobar si las vibraciones y los timbres imaginarios podían arrojar algo de luz sobre el asunto.

¿Una droga virtual?

Las adicciones son estados patológicos en los que las personas buscan compulsivamente estímulos gratificantes a pesar de sus consecuencias negativas. Muchas veces oímos noticias que hablan de que el uso del móvil puede ser problemático para las relaciones y el desarrollo de verdaderas dotes sociales.

Una de las características de las adicciones es que las personas se vuelven hipersensibles a las señales relacionadas con las recompensas que ansían. Sea lo que sea, empiezan a verlo por todas partes. (En el colegio mayor tuve un compañero de habitación que una vez creyó ver una colmena hecha de colillas de cigarrillo colgando del techo).

Una de las características de las adicciones es que las personas se vuelven hipersensibles a las señales relacionadas con las recompensas que ansían. Sea lo que sea, empiezan a verlo por todas partes

Siendo así, ¿podría ocurrir que las personas que esperan con ansiedad los mensajes y las comunicaciones de sus mundos sociales virtuales hiciesen lo mismo? ¿Es posible que interpreten equivocadamente algo que han oído como un tono de llamada, o el roce de su teléfono en el bolsillo como una vibración de alerta, o incluso que crean que han visto una nota en la pantalla de su móvil cuando, en realidad, no había nada?

Una disfunción humana

Decidimos averiguarlo. Partiendo de un parámetro contrastado de medición del uso problemático del móvil, extrajimos indicadores del grado de dependencia psicológica de estos dispositivos. Asimismo, inventamos preguntas sobre la frecuencia con que se experimentan los tonos de llamada, las vibraciones y los mensajes de texto. Después, realizamos una encuesta a más de 750 estudiantes universitarios.

Los que obtuvieron puntuaciones más altas en dependencia del teléfono móvil —aquellos que lo empleaban con más frecuencia para sentirse mejor, se volvían irritables si no podían utilizarlo y pensaban en usarlo cuando no estaban haciéndolo— tenían experiencias imaginarias relacionadas con el aparato más frecuentemente.

Los fabricantes de teléfonos móviles y los proveedores de servicios nos han asegurado que esta clase de experiencias no son un problema de la tecnología. Como diría HAL 9000, son producto de un error humano. Entonces, ¿en qué exactamente nos hemos equivocado? Vivimos en un mundo feliz de socialización virtual, y las ciencias psicológicas y sociales a duras penas consiguen seguir el ritmo de los avances de la tecnología.

Las experiencias imaginarias con el teléfono pueden parecer un problema relativamente insignificante en nuestra era de conexión electrónica, pero evocan el fantasma de hasta qué punto somos dependientes de nuestros teléfonos

Las experiencias imaginarias con el teléfono pueden parecer un problema relativamente insignificante en nuestra era de conexión electrónica, pero evocan el fantasma de hasta qué punto somos dependientes de nuestros teléfonos y de lo mucho que estos influyen en nuestra vida social. ¿Cómo podemos orientar el uso de los teléfonos móviles para obtener el máximo de beneficios y reducir al mínimo sus riesgos, ya sea mejorando nuestra salud mental o perfeccionando nuestras aptitudes sociales cara a cara? ¿Qué otras nuevas tecnologías van a cambiar nuestra manera de relacionarnos con los demás? Nuestras mentes seguirán vibrando de expectación.

Daniel J. Krueger es profesor adjunto de investigación en la Universidad de Michigan.

Cláusula de divulgación:

Daniel J. Krueger no trabaja para ninguna empresa u organización que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte del cargo académico mencionado.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en la web The Conversation.

Traducción de News Clips.


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