Conoció los secretos de la herrería desde muy joven y, de la misma forma como se forja el hierro, Nicomedes Santa Cruz batalló con el verbo hasta dominarlo con maestría. A dos décadas de su fallecimiento Huellas Digitales recuerda pasajes de la vida y obra del embajador de la cultura afroperuana.

Penúltimo de diez hermanos, en 1945 el veinteañero Nicomedes Santa Cruz descubrió el ingenio de Porfirio Vásquez, y con ello el ánimo para perfeccionar su talento con las décimas.

Cinco años antes, se había iniciado en este arte. Así, el joven soñador decidió en secreto que él también sería nombrado en los diarios, como ya lo era su hermano Rafael, el torero que debutó en Acho en 1947.

De herrero a poeta

Envuelto en las incandescencias de la herrería familiar en Chacra Colorada, Breña, recién en 1956, tras un viaje de exploración personal por el Perú y sus límites, retornó a Lima con una sola idea: ser un artista.

Nicomedes depuró su arte poética y logró participar como glosador en la Compañía Pancho Fierro, que luego se convertiría en Ritmo Negro del Perú. La historia empezaba a escribirse. Entonces llegaría el momento del estreno.

El Teatro Municipal de Lima rebosaba de gente esa noche del 11 de mayo de 1957, y Nicomedes estaba allí, al lado de sus compañeros, presentando la revista musical “Estampas de Pancho Fierro”.

1961. Una familia de artistas: Victoria y Nicomedes Santa Cruz

Esos años finales de la década del 50 fueron decisivos y lo marcaron definitivamente. A su debut escénico se sumó el radial, en Santiago de Chile, en Radio Corporación, el 11 de junio de 1957.

Apenas empezaba su larga trayectoria, cuando tuvo que afrontar, en julio de ese año, la muerte de su padre, Nicomedes Santa Cruz Aparicio, hombre culto, cuya imagen de ciudadano del mundo guardará el poeta por siempre. Y de la pena pasó a la alegría al ver que en octubre de ese mismo año apareció “Gente morena”, el disco en cuyo lado A se estamparon para la historia sus décimas y glosas.

Periodista e investigador

En 1958 Nicomedes tuvo que recuperar su terco espíritu de herrero para seguir adelante. El 1 de junio de ese año publicó su primer artículo periodístico: “Ensayo sobre la marinera” en El Dominical de El Comercio, donde hizo docencia de cómo debía bailarse una buena marinera.

Fue amigo de escritores como Sebastián Salazar Bondy (1924-1965), a quien admiraba; y luego conoció a Ciro Alegría (1909-1967) con quien hizo mejores migas. Alegría escribiría más de una nota elogiosa sobre su trabajo.

1962. Encuentro de plumas: Nicomedes Santa Cruz y Ciro Alegría asisten a la presentación de la obra “Los Bufones” en la Asociación de Artistas Aficionados (AAA)

Nicomedes era hombre de espectáculo, había nacido para ello, entonces a nadie le extrañó que participara, el 26 de julio de 1958, en el primer programa comercial de la televisión nacional, en Canal 7. Y en la radio produjo “Romancero de las calles de Lima”.

Un creador por excelencia

Sus charlas universitarias eran un suceso, sobre todo cuando abordaba la historia de la décima en Hispanoamérica. A mediados del 58 formó el conjunto Cumanana, que debutó el 10 de diciembre.

Esa estrella que se consolidaba afrontó otro momento crítico el 29 de abril de 1959. Victoria Gamarra, su madre, murió, y el golpe fue muy duro. Sin embargo, el trajín de la vida lo devolvió a la creación con un nuevo disco: “Nicomedes Santa Cruz y su conjunto Kumanana”

1960. Incursión televisiva: Nicomedes y sus hermanos se presentan en el programa de Kiko Ledgard.

En 1959 también publicó, en la editorial Juan Mejía Baca, “Décimas”; y, al lado de su hermana Victoria (1922), empezó a trabajar en comedias y en el cuidado de las tradiciones musicales del Perú.

En las décadas que siguieron aparecieron 14 discos de compromiso con la música negra; 11 libros de su obra poética y folclorista, y artículos periodísticos, especialmente en El Dominical de El Comercio sobre la décima, marinera, tondero, cajón, quijada, zamacueca y la Navidad negra.

Nicomedes Santa Cruz, el herrero, el poeta, murió el 5 de febrero de 1992, a los 67 años, en el Hospital Clínico de Madrid.

(Carlos Batalla)
Fotos: Archivo Histórico El Comercio


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