Marco Sifuentes

En nuestro país, ya lo sabían sus primeros habitantes, la historia es cíclica. Como El Niño. Por ejemplo, la última vez que este fenómeno llegó al Perú, en 1998, el fujimorismo había iniciado un descarado plan de doble tenaza contra la libertad de expresión. Diecinueve años después, hemos vuelto a lo mismo.

Fíjense si les suena. Por un lado, Montesinos ponía fajos de billetes, uno sobre el otro, delante de Crousillat, Schütz y varios otros dueños de medios. Por otro, el mismo asesor creaba, con dinero del Estado, una pléyade de diarios chicha (“El Chino”, “La Chuchi”, “El Chato”, “El Tío”, “El Men”, etc.) cuyo único objetivo era emprender campañas de demolición contra periodistas y opositores.

La segunda generación del fujimorismo se ha adaptado a las épocas. Ya pasó la era de los ‘broadcasters’. Ahora los canales son propiedad de directorios, no de una sola persona (con la notable excepción de Schütz). Así que el primer lado de la tenaza actual –la ley mordaza de Letona– apunta, específicamente, a los integrantes de las directivas de los medios para que, en esencia, pierdan su derecho constitucional a la presunción de inocencia.

La otra tenaza también es una actualización de su versión noventera. Ya no necesitan diarios chicha, ahora solo basta con un puñado de ‘fujitrolls’ a sueldo que se dediquen todo el día a insultar y calumniar, en redes sociales, a quienes osen cuestionarlos. Son los mismos que, según informes periodísticos, estuvieron detrás de por lo menos un par de audios con pretensiones psicosociales que se difundieron por WhatsApp (modus operandi que volvió con fuerza en estos días).

Esos mismos anónimos –retuiteados por periodistas y políticos que avalan y legitiman este tipo de campañas– publican montajes en los que se “denuncia” que PPK también estaba durmiendo o en la piscina con la ex viceministra Eufrosina o que no dijo río Virú sino “Rímac” (¿?). Y hay más: blogs que aparecen de la nada para entrevistar a científicos que nadie conoce para advertir de más catástrofes y abonar a lo que llaman #PPKaos. Todo esto circulando por las mismas redes ‘fujitrolls’.

Y para terminar el ‘flashback’, ahora resulta que Crousillat vuelve. Con un canal “digital” lleno de gente como Butters, Lúcar y el eterno presidente de Apdayc, Armando Massé. Dado que sí ha sido condenado por corrupción, Crousillat debería ser el primero en caer con la ley mordaza de Letona. Pero esta no parece considerar –está muy mal redactada– que una página de Facebook sea un medio de comunicación. ¿Y la cuenta de Twitter de uno de sus difamadores?

En su círculo interno se sabe que Keiko Fujimori atribuye su derrota del año pasado –que aún, evidentemente, no supera– a que los medios (y, en concreto, la corporación a la que pertenece este Diario) no la apoyaron. Pésimo análisis de la realidad. Parece no haber aprendido nada de los 90. Habrá que demostrar que nosotros sí.


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