Antonio Zapata

En 1917 se fundó la Universidad Católica y su primera promoción fue de veinte alumnos. Solo nueve eran estudiantes regulares, los otros once tomaban algún curso como alumnos libres, pero sin estudiar una carrera. El fundador, el padre Dintilhac, cuenta que estuvo muy preocupado, porque incluso dentro de los nueve regulares encontraba varios estudiantes mayores que parecían diletantes, antes que verdaderamente interesados en una profesión.

Pero entre los once alumnos libres había tres personas que llamaban poderosamente la atención. Se trataba de tres izquierdistas muy conocidos; ellos eran José Carlos Mariátegui, César Falcón y Glicerio Tassara. Como es largamente conocido, los dos primeros fueron fundadores del marxismo en el país, mientras que Tassara era director de uno de los periódicos anarcosindicalistas.

¿Qué hacían en la primera promoción de la Universidad Católica tres de los más connotados rojos de la época? En realidad, habían sido atraídos por las clases que dictaba un religioso agustino erudito en latín. Era el padre Pedro Martínez Vélez, un sacerdote español que vivió unos quince años en Lima, antes de regresar definitivamente a la península ibérica. De acuerdo a alguno de sus biógrafos, este padre conocía de antemano a Mariátegui, quien lo respetaba y habría animado a sus dos amigos a tomar estas clases.

En el archivo de la PUCP queda constancia del pago de matrícula por los tres izquierdistas mencionados. No se llevó registro de asistencia o éste se ha perdido y no se sabe si asistieron regularmente. Pero queda constancia de su ausencia en los exámenes finales. Total, no estaban interesados en la nota, sino en seguir unas lecciones que consideraban interesantes.

Estos hechos han sido interpretados por el recordado Teo Hampe como indicativos de que ninguno de los tres realmente siguió el curso de latín. No se puede saber con total certidumbre, pero pienso que no es el caso. Resulta que en una oportunidad Mariátegui escribió una corta autobiografía, a pedido de una editorial argentina. Esas notas autobiográficas solían aparecer en la contratapa de la edición popular de los 7 ensayos.

Ahí Mariátegui sostiene que nunca fue universitario, que su formación íntegra era extra-académica, pero hace una excepción y relata que en una oportunidad siguió un curso de latín dictado por un sacerdote erudito. Por ello, pienso que le importaba bastante, al grado que él mismo lo menciona en unas cuantas líneas donde habla de sí mismo.

Ahora bien, ¿qué significado tiene la presencia de estos tres zurdos en la primera promoción de la Católica? ¿Es una anécdota o tiene algún sentido en la tradición de esta universidad?

Pienso que alude a la capacidad de la Católica para ofrecer cursos de calidad, que gracias a su profundidad estimulan el pensamiento y se hallan por encima de los alineamientos políticos. Estos cursos mostraron su eficiencia atrayendo alumnos variados que profesaban distintos puntos de vista. Así, la Católica nació superando lo meramente confesional y constituyéndose como un espacio de diálogo entre la fe y la razón, buscando conocer las diversas razones para integrarlas en un saber humanista.

Para terminar, volver al infortunado padre Martínez Vélez. Como queda dicho vivió entre nosotros una temporada y volvió a España siendo mayor; estaba en Madrid cuando estalló la guerra civil y en ese momento inicial, el levantamiento fascista fue derrotado en la capital española. El padre Martínez Vélez habría sido hecho prisionero y fusilado por los anarquistas de la FAI. De este modo, el reputado sacerdote profesor de los primeros marxistas y del director del periódico anarquista peruano fue muerto por los anarquistas españoles. La vida es una paradoja sin fin.


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