Roque Benavides

Mi primera reflexión es de solidaridad con los peruanos afectados por la emergencia ocasionada por los desastres naturales. Frente a estas circunstancias, el rol que cumplen las Fuerzas Armadas en todo el país es de suma importancia.

Si bien en el Perú tenemos una historia reciente de importantes logros en materia económica, justamente uno de los pilares que nos han permitido llegar a estos niveles de crecimiento es el desempeño de las Fuerzas Armadas y policiales, cuya entrega y labor sentaron las bases para la pacificación de la patria y, a partir de ahí, construimos un nuevo país que progresa y abraza la paz.

Hoy, en tiempos de paz, la sociedad en su conjunto debe resaltar el rol estratégico de las Fuerzas Armadas, cuyos esfuerzos operacionales y logísticos sirven para los fines de seguridad nacional y desarrollo, además de la atención a los damnificados afectados por los fenómenos climáticos, como ocurre en estos momentos.

Esta contribución no es novedad. Me permito citar algunos ejemplos destacados: somos testigos de la labor que realizan desde hace años en la pacificación y en el desarrollo sostenible del Vraem; además, es ampliamente valorado el trabajo de la Brigada de Ingeniería del Ejército en la tarea de abrir caminos en el Perú rural; y la Estrategia de Acción Social con Sostenibilidad, que desde el 2012 articula la Marina de Guerra del Perú brindando servicios de salud, nutrición, educación y protección en beneficio de la población de la Amazonía peruana.

Así, frente a la actual emergencia provocada por el Niño costero, tenemos a las Fuerzas Armadas, una vez más, volcadas en la atención de las personas golpeadas por los embates de la naturaleza. Esta labor, que realizan junto a las fuerzas policiales, los bomberos y voluntarios de diferentes organizaciones, debe ser destacada y reconocida.

Estos desastres naturales nos dejan enseñanzas como país. Muchas regiones de nuestra patria se han visto gravemente afectadas. En ese sentido, deberíamos contar con un mecanismo de gestión de desastres, así como también potenciar a nuestras Fuerzas Armadas para convertirlas en el brazo logístico del Perú. Así contaríamos con una capacidad de reacción contundente ante los estragos de la naturaleza con el profesionalismo de las instituciones armadas.

Los duros golpes que la naturaleza le ha dado a nuestro país en diferentes ocasiones reflejan la necesidad de convertir a la prevención en una política de Estado.

Esta situación se evidencia aun más al revisar los resultados del “Informe de evaluación global sobre la reducción del riesgo de desastres” de las Naciones Unidas, donde se señala que más del 60% de la población peruana se encuentra en condición de vulnerabilidad y en riesgo ante la posible ocurrencia de eventos adversos, debido, entre otros factores, a que las ciudades han crecido desordenadamente y sin ninguna planificación.

Hay muchas lecciones aprendidas sobre el proceso de gestión de desastres naturales acontecidos en los últimos años en otros países. Necesitamos contar con la capacidad –tanto en el ámbito local como nacional– de prevenir, gestionar y reducir estos riesgos.

En el ámbito local, necesitamos actualizar los mapas de riesgo, tener una gestión territorial que permita reubicar a la población en ciudades satélites y contar con un manejo de cuencas que realmente funcione. A nivel institucional, se requiere la definición de roles y competencias de las organizaciones locales, regionales y nacionales, además de sanciones frente a la inacción. En estos roles, las Fuerzas Armadas juegan un papel fundamental, por lo que se debería potenciar su capacidad de acción.

El tema de la prevención nos compete a todos: gobierno central, gobiernos regionales y municipalidades, así como a la sociedad civil, el sector privado y la población en general.

Tenemos una gran oportunidad de comprometernos para reducir el riesgo de desastres en el país. ¡Hagámoslo!


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