Daniel Mediavilla

La teoría evolutiva sugiere que la atracción física debería ser un modo de identificar a una pareja fuerte y sana para tener descendencia. Sin embargo, hay variantes culturales que pueden separar el atractivo de la salud. Algunos estudios han mostrado que tanto hombres como mujeres son capaces de identificar un índice de masa corporal (IMC) vinculado a un mejor estado de salud. Sin embargo, cuando lo que se busca es maximizar el atractivo físico en las mujeres, el IMC preferido se encuentra en el límite inferior de lo saludable o incluso algo por debajo.

De media, las mujeres tienen un mayor porcentaje de grasa en el cuerpo que los hombres. Los niveles saludables para ellas se encuentran entre el 21% y 33% de su masa y, en ellos, entre el 8% y el 21%. Esta fuente de energía es necesaria en las mujeres para la ovulación, la gestación y la lactancia y cuando los porcentajes de grasa se superan o no se alcanzan, puede fallar la ovulación y desaparecer la fertilidad.

Uno de los estudios que han tratado de entender esta relación entre los ideales físicos y su relación con las señales de salud se realizó en la Universidad de Macquarie, en Sydney, Australia. Allí, se presentó a 30 mujeres y 33 hombres un programa que les permitía manipular el aspecto de imágenes masculinas y femeninas. Cuando lo hacían también cambiaba el porcentaje de músculo de los cuerpos, aunque los participantes en el experimento no lo sabían.

En un artículo que se publica en PLOS ONE, los autores observaron que la cantidad de grasa preferida por los voluntarios, universitarios australianos, era significativamente inferior a la considerada saludable. La cantidad de músculo parecía poco relevante a la hora de valorar el atractivo del cuerpo femenino. En el caso de los hombres, las cantidades de grasa y músculo óptimas estaban alineadas con las consideradas saludables. Los responsables del estudio atribuyen estas preferencias a la internalización de ideales que influyen en las preferencias estéticas, en particular en lo que se refiere a las mujeres.

Los resultados tienen similitudes con otros que reflejan también cómo la influencia de los medios de comunicación puede cambiar las preferencias estéticas de la población separando lo que se considera atractivo de lo sano. La grasa de la cara, que sirve para predecir la salud cardiaca o la capacidad para resistir a infecciones, también ha ido perdiendo interés frente a la preferencia por un rostro más magro que indique un índice de masa corporal bajo. Un estudio reciente mostraba esta tendencia entre las mujeres, que preferían caras más delgadas, pero no entre los hombres.

En el caso de los hombres, en general, la alineación entre atractivo físico y salud es mayor. Sin embargo, también se ha observado cierta tendencia a preferir masas musculares mayores de las saludables. Los niveles de testosterona, asociados a este tipo de físico, están relacionados con un sistema inmune más débil. Los investigadores australianos consideran que esto es un indicio de que la influencia mediática también está afectando a los ideales masculinos.

Entre las explicaciones para preferir la delgadez que sí pueden tener un sentido desde el punto de vista evolutivo, los autores consideran que puede reflejar una preferencia por mujeres jóvenes. La juventud está asociada con una mayor fertilidad y, sobre todo, con más futuro fértil. La cantidad de grasa en el cuerpo se incrementa a lo largo de la vida. Entretanto, la masa muscular permanece estable hasta los 45 años.


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