Nicholas Carr: “La tecnología puede desafiarnos y mejorarnos o volvernos criaturas pasivas”

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Nicholas Carr
Escritor, finalista Premio Pulitzer

Un grupo de amigos en un bar. Hablando de cine apasionadamente. Uno de ellos, con esa vehemencia que aporta estar acodado en una barra caña de cerveza en mano, afirma, es un decir, que la primera película de Robert De Niro fue El Padrino II. Y crecido por el efecto de sus palabras, argumenta que en su opinión se trata del debut más brillante de la historia del cine. O un lunes cualquiera, frente a la máquina de café de una oficina cualquiera. En corrillo varios compañeros comentan la jornada futbolística del día anterior. Y hablan de un hat trick asombroso de Messi. Entonces el tipo de siempre, ese que parece saberlo todo, asegura que se trata de la primera vez en el campeonato que alguien mete tres goles de falta directa. Todos hemos vivido escenas más o menos similares. Situaciones cotidianas que hace años se habrían resuelto con ejercicios de memoria colectiva, alguna que otra discusión, y muchos argumentos para defender cada postura. Hoy, en cambio, en cuanto alguien saca un dato a relucir, todo el mundo echa mano del bolsillo y corre a consultarlo a Internet. Se acabó la polémica… y la diversión.

Esta costumbre de sacar la memoria del cerebro para dejarla en el bolsillo, fue una de las causas -no la única- que llevó a Nicholas Carr a publicar en el verano de 2008 en la revista The Atlantic su ya famoso y controvertido artículo titulado ¿Está Google haciéndonos estúpidos?. El texto, no podía ser de otra forma en un mundo conectado, circuló a gran velocidad. Puede incluso que muchos tuvieron acceso al mismo a través del efectivo agregador de noticias que servía de reclamo en el llamativo titular. Y Carr consiguió lo que se proponía: llamar la atención sobre cómo las nuevas tecnologías están afectando a la forma en que trabaja nuestro cerebro. Para Carr, la tendencia generalizada a volvernos más mecánicos permitiendo que sean los ordenadores -el software en general- quienes resuelvan los problemas complejos y dicten lo que debemos hacer o pensar, nos afecta negativamente. Su teoría, que expuso en un libro titulado Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (con el que fue finalista del premio Pulitzer), es un desafío a las utopías tecnológicas que dibujan un futuro idealizado gracias a las máquinas.

Aunque Carr ha sido tachado de agorero y criticado por quienes prefieren no cuestionarse cuál es el uso adecuado de la tecnología, sus sólidos argumentos deben ser tenidos en cuenta. Sobre todo porque no se trata de un furibundo talibán que quiera arrasar con los avances logrados. De hecho, el propio Carr, en otros libros ha cantando las ventajas de las modernas redes de comunicaciones comparando su importancia con la electricidad. Se trata, más bien, de una voz de alerta que intenta situarnos ante una disyuntiva interesante: “Yo creo que tenemos una importante elección cara al futuro. ¿Exigimos a las tecnologías que utilizamos  que nos desafíen y que nos mejoren, que expandan y amplíen lo que hacemos. O nos volvemos criaturas cada vez más pasivas que se limitan a dejar que los ordenadores lo hagan todo, que nos entretengan, que nos distraigan?”. Por cierto, cuando Robert De Niro interpretó al joven Vito Corleone ya había aparecido en una docena de películas.

 

Entrevista: Zuberoa Marcos
Edición: J.C. Rodríguez Mata / Georghe Karja
Texto: José L. Álvarez Cedena


Transcripción de la conversación

NICHOLAS CARR
00:41

Yo creo que nos estamos volviendo cada vez más dependientes del software para hacerlo todo. Ya sea utilizar Google Maps o el GPS para orientarte y saber por dónde ir, o dejar que Facebook y otras redes sociales decidan la información que vemos o a la que prestamos atención. Y en el trabajo dependemos de programas o robots para hacer cosas que antes hacíamos nosotros.

El efecto negativo de todo ello es que somos menos capaces de desarrollar nuestras habilidades, de desarrollar aptitudes complejas, porque el software lo hace todo más fácil. Y no es sólo que tengamos menos habilidades y aptitudes, sino que nuestras vidas se vuelven menos gratificantes, porque no hacemos cosas difíciles. Dejamos que el ordenador, o el móvil, lo haga todo por nosotros.

NICHOLAS CARR
01:35

Yo creo que tenemos una importante elección cara al futuro. ¿Exigimos a las tecnologías que utilizamos que nos desafíen y que nos mejoren, que expandan, y amplíen lo que hacemos? ¿O nos volvemos criaturas cada vez más pasivas, que se limitan a dejar que los ordenadores lo hagan todo? Que nos entretengan, que nos distraigan.

Es muy fácil entusiasmarse con la tecnología. Particularmente ahora, porque no paran de salir cosas nuevas, y a los seres humanos nos gustan las novedades. Pero hace unos… diez años o por ahí, empecé a percibir un cambio en mi forma de pensar, un cambio en mi capacidad de concentración.

NICHOLAS CARR
02.21
Antes que nada, me gustaría decir que como escritor de no-ficción, instrumentos como Google e Internet son extremadamente útiles, porque me permiten investigar muy rápidamente, y antes tardaba mucho tiempo. Pero, por otro lado, también siento que sufro de constantes distracciones, por la tentación o la atracción de todo lo que sale en la pantalla del ordenador. He decidido no meterme mucho en las redes sociales, en sitios como Facebook y Twitter y demás, porque sé que están programadas para distraernos constantemente y para que estemos siempre ansiosos por tener más información a través de las notificaciones, que interrumpen nuestro pensamiento continuamente.
NICHOLAS CARR
03:07

Si tuviera que imaginar un negro escenario diría que, como sociedad, parece que las cosas que no se puedan hacer con un ordenador ya no tengan importancia, como… tener una conversación profunda con alguien sin que el teléfono la interrumpa, estar solo con tus pensamientos, disfrutar de la soledad, o concentrar tu atención durante mucho tiempo en una cosa en vez de estar dispersa por otros estímulos. La contemplación, la reflexión, la introspección… Parece que todas esas formas de pensar que requieren concentración ya no sean importantes; que lo importante es estar conectado a todas horas y procesar mucha información rápidamente.

La tecnología tiene muchas ventajas. Podemos ponernos en contacto con la gente con mucha más facilidad y demás. Pero yo creo que nos influye a un nivel muy profundo. Hay evidencias científicas que apuntan a una disminución de la empatía en la gente. Aún es muy pronto para afirmarlo con seguridad, pero la teoría es que al distraerte más, al cambiar constantemente tu foco de atención, no solo te cuesta tener pensamientos profundos, sino que empieza a costarte sentir emociones profundas. Porque las emociones complejas requieren tiempo para que surjan en nuestras mentes; son muy sofisticadas.

No soy optimista respecto del camino que estamos tomando, pero creo que cuanto más conscientes seamos de que hay dos tipos de tecnología muy distintos, de que depende de nosotros elegir entre ambas de forma inteligente, mejor estaremos.


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