Museo Larco: Historia de una pasión

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La del museo Larco es la historia de una pasión: la de su fundador, Rafael Larco Hoyle, un ingeniero agrónomo que pronto trasladó su tiempo, recursos y conocimientos hacia nuestro pasado precolombino.

La familia de Larco tenía tierras en el norte del Perú, sobre todo en la costa, donde se asentaron culturas como Moche, Chimú, Lambayeque, Sechín, Cupisnique y más. Su familia coleccionaba piezas precolombinas, pero Larco Hoyle vio más allá: no se centró en el mero coleccionismo sino le dio respaldo científico a su tarea.

Recorrido por el museo Larco. (Perú21)

Así, además de coleccionar, empezó a conservar, a catalogar, a excavar, a investigar, a estudiar, a divulgar conocimiento.

Holmquist está a cargo de la museografía del lugar.

Por eso, en 1926, en Chiclín, fundó el museo Larco. En los 50 decidió trasladarlo a Lima, compró la hermosa casona del fundo Cueva y abrió el museo. Al hacerlo, contribuyó, como pocos, a la creación de conocimiento y al desarrollo de la cultura en nuestro país.

MUSEO CONTEMPORÁNEO
El museo, nos cuenta Ulla Holmquist, curadora del lugar, se mantuvo casi tal cual como lo dejó Larco Hoyle hasta el 2007, cuando un equipo lo ronovó, convirtiéndolo en un museo moderno, vivo, a la altura de los más importantes del mundo.

El museo era valioso, pero había que hacerlo contemporáneo y, sobre todo, convertirlo en un espacio integral donde el goce estético, la curiosidad y el conocimiento se diesen la mano.

Nos lo explica Ulla: “Un museo debe ser un lugar de inspiración. Nuestro primer acercamiento debe ser afectivo, porque solo se valora lo que se quiere. Si el espectador no hace esta conexión, no sentirá el espacio como suyo y su visita será intrascendente. Lograda esta conexión afectiva, aparecerá el goce estético y este será la puerta que nos llevará al conocimiento. Un museo es un espacio para generar conocimiento, para construir un nuevo saber”.

Y el museo Larco ejerce estas premisas. Felizmente, además de miles de visitantes extranjeros, recibe a escolares peruanos que no llegan allí a aburrirse, a hacer fila india detrás de un guía, sino a vivir una experiencia lúdica, reveladora y, repetimos, generadora de conocimientos.

El museo tiene más de 45 mil piezas, de las cuales solo se exhibe menos del 2%, y es famoso por su colección mochica, pero no solo está dedicado a esta civilización mayor.

“El Antiguo Perú fue un foco civilizador y el museo quiere mostrarlo de forma integral. No estamos organizados por culturas, pero contamos con piezas de Chavín, Chimú (hay que admirar los atuendos de plata que usaba uno de sus señores), Nasca, Paracas (uno de los más bellos y simbólicos mantos, con felinos, serpientes y aves, se exhibe en este museo), Cupisnique, Lambayeque, Inca (quedamos sorprendidos por un complejísimo quipu) y más”.

“Mucho se habla de la falta de escritura de las culturas precolombinas, pero la riqueza de sus objetos nos hablan de un sistema de comunicación tridimensional, muy complejo pero accesible”, concluye Holmquist. Y así es el museo Larco, un lugar para leer y entender el Perú.

DATO
El museo Larco está en la Av. Bolívar 1515, Pueblo Libre. Abre de L a D, de 9 a.m. a 10 p.m. 15, 25 y 30 soles. Informes: 461-1312.


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