Lamentablemente, hay una tarea pendiente desde el fallido intento de la “Ley Pulpín”. Si la tasa de desempleo es de 4% a 4,5% a nivel nacional, la tasa de desempleo en jóvenes es de 9,5% a 10%. Eso quiere decir que casi un poco más del doble de desempleo lo sufren los jóvenes que el común de los peruanos.

El mercado laboral peruano no absorbe a los 200 mil jóvenes que salen cada año a buscar trabajo, solo hay 50 mil puestos de trabajo generado para ellos y el resto pasa a engrosar las filas del sector informal en donde tienen sueldos por debajo del mínimo vital, sin beneficios ni derechos, sin seguro, es decir, es un trabajo precario.

El Gobierno ahora propone –a diferencia de la Ley Pulpín– mantener los derechos laborales pero entiendo que se propone una contribución. Eso pasó en Colombia hace unos años atrás y dio resultado. Según su estadística, más o menos unos 600 mil jóvenes fueron empleados en dos años. Podría resultar.

El empleador tiene la potestad de no contratar este tipo de trabajadores, pero no gozaría del incentivo tributario.


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