Marc Bassets

En tiempos de inestabilidad, el viejo núcleo de la Unión Europea busca fórmulas para evitar la desintegración del bloque. El presidente saliente de Francia, François Hollande, ha invitado este lunes a una cena en Versalles a los líderes de Alemania, Italia y España al castillo de Versalles. Hollande, la canciller Angela Merkel, el primer ministro Paolo Gentiloni y el presidente Mariano Rajoy quieren enviar un mensaje de unidad. La salida de Reino Unido, el ascenso de los populismos y las fricciones con los Estados Unidos de Donald Trump y a Rusia de Vladímir Putin han puesto en tensión el proyecto común.

Los organizadores de la reunión de Versailles rechazan el calificativo de directorio, palabra maldita en las cancillerías europeas, porque puede dar la idea de que una minoría de miembros del club de 28 decide por el resto. Insisten en que la reunión no es prescriptiva —no habrá conclusiones que los demás deban discutir— y que sólo obedece a la voluntad de ofrecer pistas, expresar una voluntad de seguir construyendo Europa. Pero es lo más similar al intento, por parte de los cuatro participantes —países fundadores y, en el caso de España, miembro desde los años 80— de marcar las grandes líneas de lo que debe ser la UE de futuro. Es también una manera de responder a la pregunta sobre quién está en el puente de mando de un barco que hoy parece a la deriva.

La cumbre llega en un mes de alto contenido simbólico. En las próximas semanas la primera ministra británica, Theresa May, debe oficializar el Brexit, la salida de la UE decidida por referéndum en junio de 2015. Será la primera vez que un miembro del club lo abandona. Y el 25 de marzo, una cumbre celebrará el Roma el 60 aniversario del tratado que lleva el nombre de esta ciudad y que fundó la Comunidad Económica Europea (CEE), embrión de la UE. El Elíseo, artífice de la cumbre de Versalles, cree que es la hora de mirar atrás y de reflexionar hacia dónde va el barco.

La publicación, la semana pasada, de un Libro Blanco sobre el futuro de Europa, elaborado por la Comisión Europea, alimenta el debate de ideas. El documento presenta cinco escenarios hipotéticos para una Europa sin Reino Unido, con 27 miembros. Entre una federación de Estados Unidos de Europa, que en tiempos de repliegue nacional muy pocos quieren, y limitar la UE a un mercado único, que supondría dar marcha atrás tras décadas de integración, Francia y Alemania se inclinan por el punto intermedio de la Europa de varias velocidades, la posibilidad de que los países que quieran una mayor integración en un terreno determinado se unan y avancen solos. Las dudas de Trump sobre la OTAN, por ejemplo, refuerzan los argumentos de los partidarios de acelerar la Europa de la defensa.

La paradoja es que, de los cuatro participantes en el cónclave de Versailles, tres viven en la provisionalidad. Hollande abandonará el Elíseo dentro de tres meses, y una de las candidatas a sustituirle, Marine Le Pen, hace campaña directamente con la promesa de reventar el proyecto europeo. Merkel afronta unas elecciones legislativas en septiembre en las que intentará revalidar su mandato como canciller, pero su victoria no está asegurada. En Italia la actual legislatura terminará en febrero de 2018, pero amplios sectores del espectro político empujan para una convocatoria anticipada. Rajoy, que se suma a las reuniones con núcleo de la UE después de ausentarse durante los meses de gobierno interino en España, aparece como el elemento más estable en el grupo de los cuatro.


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