Gonzalo Carranza

Nos duele a todos leer que las AFP perdieron cientos de millones de soles de nuestro dinero con la debacle de las acciones de Graña y Montero. Y los periodistas tenemos algo de culpa en ese dolor. Cuando los fondos de las AFP ganaban 700 millones de soles con esos mismos títulos -y ganaron mucho más en varios momentos-, ninguno de nosotros escribía titulares celebratorios.

Tampoco hacemos portadas cuando las AFP pierden o ganan montos similares con movimientos menos pronunciados del mercado. Sin embargo, un cambio relativamente pequeño en el valor de los bonos soberanos del Perú, en los que las AFP invierten el 22% de los fondos, puede generar un impacto igual de grande que la caída del 60% del valor de Graña y Montero, donde estaba invertido menos del 1%.

Sin embargo, noticia es noticia, como diría el ‘Puma’ Carranza (sin relación de parentesco). Y no cabe duda de que la celeridad con que se derrumbó el valor de la constructora peruana más importante en solo dos días, en el marco de acusaciones de grueso calibre, renuncias al más alto nivel y una junta de accionistas donde las AFP prometían dar pelea, es mucho más ‘noticiosa’ que una movida de algunos puntos porcentuales en los bonos del Gobierno.

Por otro lado, el público -que odia de antemano a las AFP, porque le quitan su dinero cada mes con la vaga promesa de devolvérselo algún día- prefiere el tremendismo a la pedagogía. Cuando se publica una nota sobre las pérdidas millonarias, los insultos van contra las AFP. Pero cuando un periodista intenta explicar desapasionadamente y data en mano que la noticia, aun cuando es seria, tiene matices que la relativizan, él mismo se vuelve la rata, el corrupto, el mermelero a ojos de la implacable y suspicaz audiencia.

Dicho todo esto, ojalá el dolor de las noticias de la semana pasada no termine en alguna propuesta descabellada que distorsione el proceso de inversiones de las AFP. Sería mucho mejor que sea aprovechado para reforzar el papel que las AFP tienen en la dirección y supervisión de las empresas donde invierten nuestro dinero. Que se asuman a sí mismas y que sus afiliados las veamos como los celosos guardianes de nuestros fondos. Que no temen decirles “#ConMiAFPNoTeMetas” en nuestro nombre a aquellas empresas con una pobre gestión de riesgos o con escaso aprecio por nosotros, sus accionistas minoritarios.


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