César COLOMA PORCARI

Este antiguo y exquisito postre criollo fue muy apreciado y el erudito Manuel Atanasio Fuentes, en 1860, afirmaba que “era uno de los artículos de predilección para los almuerzos dominicales”, junto con el chicharrón y el tamal.

Además, nos da la receta, indicando que el pastelillo se prepara con masa “de yuca molida y frita, a la cual se espolvorea azúcar después de cocida” (“La Ciudad de los Reyes”, Lima, Instituto Latinoamericano de Cultura y Desarrollo, 1998, páginas 114, 263).

Por su parte, Ricardo Palma, escribe sobre “un grave y curioso litigio” entre ciertos frailes, cayendo uno en una trampa. “Desgraciadamente… la dueña de la casa se apareció como enviada por el diablo… con unos pastelillos que parecían hechos por manos de ángel” y otros bocadillos criollos, y como este sacerdote devoró todo lo que le pusieron en la mesa, quedó impedido de celebrar la misa ese día (“Tradiciones peruanas”, Lima, Espasa-Calpe, 1983, tomo 2, páginas 121-123).

Asimismo, Carlos Prince, en 1890, nos cuenta que los pastelillos también eran vendidos por las pastelilleras, que eran vivanderas semejantes a las buñueleras (“Lima antigua”, Lima, Instituto Latinoamericano de Cultura y Desarrollo, 1992, páginas 11, 12; I, 36).

Y Abelardo M. Gamarra, “El Tunante”, en un artículo sobre una niña mimada que solo quería comer golosinas, escribe: “¿Te sirvo caldo niña? – preguntaba la mamá. / – No quiero caldo. / Pues sírvele bisteck – dice el papá. / – No me gusta la carne. / – Te daré un poquito de arroz – otra vez la mamá. / – No quiero arroz, deme usted, un pastelillo. / La niña come dos pastelillos”(“Algo del Perú y mucho de Pelagatos”, Lima, imprenta y librería de Carlos Prince, 1905, páginas 157-158).

Por último, Fray Bernabé Cobo, en 1653, describe la yuca, nativa de estas tierras y en ese entonces llamada por “los peruanos, rumu”, la cual “se come… cocida y asada, y se suele echar en la olla en lugar de nabos” (“Biblioteca de autores españoles”, Madrid, tomo 91, páginas 164-165).

Rescatemos nuestros tradicionales pastelillos de yuca, recordando siempre que son tan exquisitos que hasta hicieron pecar a un fraile.


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