Pablo Ximénez de Sandoval

Varios miles de personas tomaron de nuevo este sábado el centro de Los Ángeles para protestar contra Donald Trump, en la tercera gran manifestación en la ciudad californiana desde que tomó posesión como presidente de Estados Unidos. Bajo la idea de la defensa de los inmigrantes, la manifestación vino a confirmar dos cosas. Primero, la energía que Trump está imprimiendo a movimientos de base que rara vez consiguen sacar a la calle una multitud significativa. Y segundo, la confluencia de una amalgama de intereses distintos que han decidido reaccionar a la política de Trump.

El lema principal era la defensa de los inmigrantes en un momento en que la Casa Blanca parece decidida a aplicarse con dureza en la política de deportaciones de irregulares y restricciones a inmigración legal. Convocada a través de Facebook, la protesta se convirtió en un crisol de todas las minorías a las que de una forma u otra ha ofendido el presidente en el último año y medio, más allá de convicciones políticas.

Así, la manifestación del sábado en Los Ángeles viene a confirmar que Trump está consiguiendo sacar a la calle y organizar a activistas que normalmente hacen la guerra por su cuenta. En la calle estaban organizaciones de base de inmigrantes como Unión del Barrio o la Coalición de Derechos Humanos de los Inmigrantes en Los Ángeles (CHIRLA), pero la marcha también era promovida por Black Lives Matter, por el Comité de Relaciones Islámico-Americanas (CAIR). Las banderas arcoíris LGBTQ se mezclaban con banderas mexicanas.

Protesta en Los Ángeles contra Trump, el sábado.
Protesta en Los Ángeles contra Trump, el sábado. EFE

“Lo principal que está pasando es que la Administración Trump está lanzando un asalto contra todas las comunidades de color”, decía a EL PAÍS Hussam Ayloush, director de CAIR en Los Ángeles. Su esposa es mexicana y sus hijos comparten cultura islámica y mexicana, así que se siente atacado por dos lados. “Lo vivo como algo personal”. “Los inmigrantes no son solo los latinos, somos todos”, decía con relación a la agresividad del presidente contra los inmigrantes.

“Un ataque contra uno es un ataque contra todos”, decía Ayloush. La frase sería repetida por varios de los que se dirigieron a la multitud desde las escaleras del Ayuntamiento de Los Ángeles. “Si permitimos que una comunidad sea atacada, perdemos la capacidad de prevenir el mismo ataque en otras comunidades”. Así está siendo últimamente en Los Ángeles, donde musulmanes o japoneses americanos hacen suyos los temores de los inmigrantes latinos.

“Es la primera vez que se ve esto”, respondía a EL PAÍS Juan Rodríguez, de la unión de vendedores ambulantes de Los Ángeles, al ser preguntado por la solidaridad entre minorías y grupos de activismo muy diferentes. Su sindicato pelea por los derechos de alrededor de 5.000 vendedores ambulantes de la ciudad un colectivo principalmente inmigrante y con alto porcentaje de indocumentados. Las protestas “van a crecer, definitivamente, conforme Trump siga amenazando”, decía Rodríguez. “A más redadas, más organización”.

En un rincón de la manifestación, Marlene Mosqueda hacía saltar las lágrimas de un grupo de gente contando que a su padre, pintor de 50 años y que llevaba indocumentado en Estados Unidos desde los años 80, lo detuvieron el pasado jueves. Está esperando el proceso de deportación. Tiene toda su familia en EE UU, incluidos Marlene y sus tres hermanos. “Mi papá no tiene nada en México”, decía Mosqueda.

Este es el día a día de millones de familias en Estados Unidos, donde no ha habido ninguna vía para la regularización desde hace tres décadas y la comunidad sin papeles ha crecido hasta los 11 millones de personas (más que la población de 42 estados). Hace dos semanas la policía de inmigración detuvo a 680 personas en una docena de estados hace dos semanas. La detención de un dreamer con permiso de trabajo en Seattle, o la deportación fulminante de una madre de tres hijos en Phoenix que hasta ahora no había sido considerada prioridad para ser expulsada del país, hacen temer lo peor sobre las nuevas normas de Trump.

Nanette Barragán, congresista del sur de Los Ángeles en Washington afirmaba a EL PAÍS que la policía migratoria “no tiene una guía” de actuación. “Lo único que tienen es la orden ejecutiva” en la que Trump decía que había que deportar a los criminales, pero no hay, según la información de Barragán, ninguna precisión de cómo aplicarla. “Esto no es forma de implementar una norma”. Los inmigrantes irregulares nunca han vivido tranquilos en Estados Unidos, pero se había creado la sensación de que si no tienes antecedentes criminales y tienes cuidado de la policía, no iban a ir a buscarte. Ya no es así. Barragán pidió a los presentes en la manifestación que le envíen fotos y vídeos si son testigos de redadas contra inmigrantes en lugares como colegios o escuelas para mayores.

Mientras, los gritos de “un ataque contra uno es un ataque contra todos” se oían desde el escenario. Estas manifestaciones no solo empiezan a ser sorprendentemente frecuentes desde la victoria de Trump. Además, están haciendo cuajar una variada coalición de activistas en las grandes ciudades como se vio este sábado en Los Ángeles. El presidente, sin embargo, no ha rebajado desde que fue elegido ni un ápice la agresividad de su retórica para tratar de llegar más allá de su electorado más fiel.

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