De la plaza de “Armas” partimos, en dirección al sur por el Jirón de la Unión, antiguo corazón comercial de Lima, bullicioso y atestado de gente los fines de semana, guarda miles de recuerdos a los limeños que sábado a sábado lo recorrían con sus mejores atuendos. Estos paseos servían tanto para lucirse como para encontrar una excusa y estar de boca en boca para no perder popularidad dentro de la sociedad. En el Jirón las horas pasaban volando, recorriendo de vitrina en vitrina para ver las novedades que nos traían de fuera, elegantes vestidos, suntuosas joyas adornadas con variedades de costosas piedras. Durante los primeros años de la república, acogió varios cafés y restaurantes así como grandes tiendas de mercaderías importadas y lujosas joyerías causando que la clase alta de la ciudad la frecuentara constantemente. En los años setentas y ochenta se acumulaban las tiendas de ropa, diversos géneros de artesanía y hasta librerías, ahora escasas, tiendas de discos y cines. Líneas arriba he puesto Armas entre comillas, porque no debería llamarse así, ya que las plazas de Armas eran las que antecedían a los castillos o palacios y servían para que se reuniera allí a la tropa o caballería.

El Jirón de la Unión empieza desde la cuadra llamada antes Puente de Piedra, por el puente que ahí se construyó para seguir en su segunda cuadra llamada Palacio por el Palacio de Gobierno y la tercera con el nombre Portal de Escribanos ya que, al estar en esa cuadra el edificio del Cabildo, también estaban las oficinas de los escribanos durante el Virreinato del Perú. Allí está hoy ubicado la Municipalidad y el Club de la Unión.

Cruzamos el Jirón Huallaga, de hermosos corredores laterales, y en las que alguna vez se ubico la Casa Oechsle. Edificada entre los años 1911 y 1913, obra de Claudio Sahut, fueron los verdaderos primeros almacenes de Lima y también aquí funciono el primer ascensor que tuvo nuestra ciudad. En esta, la cuarta cuadra llamada antes Mercaderes, hay una hermosa casona de tres pisos, convertida como muchas en tienda comercial. Impresionante es su fachada donde el decorado y demás alegorías florales le otorgan prestancia, como un mascaron de una dama con los ojos cerrados en la parte superior y en el soporte de los balcones, dos hermosas águilas despliegan sus alas. Me pregunto porque la Municipalidad no hubiera optado por convertirla en un Museo o Centro Cultural.

Con el numero 470, ubicamos el antiguo local del Banco de la Providencia. Fue llamada “La Providencia Sociedad Anónima del Perú”, fundada un 15 de Noviembre de 1862 por Francisco Watteau, es considerado el primer banco que se estableció en la ciudad de Lima. Vale la pena detenernos un momento y ver sus dos balcones neo-clásicos. Si miramos bien el de cajón cerrado, veremos en una de sus esquinas un símbolo ya conocido por quienes han seguido nuestro itinerario, y es el del caduceo, la vara entrelazada con dos serpientes. La rodean dos cuernos de la abundancia, uno de ellos curiosamente derrama frutos o alimentos, distinguiéndose claramente un maíz, y del otro brota dinero. El caduceo lleva además el símbolo de Hermes, que es el sombrero alado. Hermes o Mercurio, en la mitología griega y romana, es el dios de los negocios y la abundancia.

Casi al frente luce su portada art Art Nouveau la Casa Courret, inmueble del siglo XIX, de balcones profusamente decorados. Se percibe formas y movimiento en su fachada de formas redondeadas que imita a la naturaleza en su ornamentación y demás adornos florales. En el centro se lee: “Fotografia Central E. Courret y Cia. A. Dubreuil. Sor Fundada en 1865”. Y en lo alto hay un mascaron con figura de una bella mujer que mira hacia abajo, tiene los brazos extendidos y una abundante cabellera que se aprecia mejor de perfil. Al parecer seria la imagen de Clara Coutier de 23 años, la esposa de Dubreuil, quien era de nacionalidad francesa.  Adolphe Dubreuil realizó trabajos juntos a Eugenio Courret. A partir de 1892 se encardo de la dirección del Estudio Courret, su hijo René Dubreuil trabajó junto a él. A comienzos del siglo XX la Casa Courret funcionaba como uno de los estudios de fotografía más importantes de Lima. En 1890 Courret retorna a Francia y en 1935 el estudio Courret en Lima quiebra definitivamente. Los hermanos Courret, Aquiles y Eugenio, dos franceses que llegaron a la capital en el siglo XIX, destacaron por sus fotografías urbanas. Ellos retrataron muchas escenas de la vida cotidiana limeña entre otros trabajos, por la cual recibieron distinciones y medallas de oro. El archivo de los Courret llego a contar con 157,800 fotos. De esa cantidad, la tercera parte está en manos de coleccionistas privados y en instituciones como la Biblioteca Nacional. Se puede decir que gracias a las imágenes del célebre fotógrafo francés podemos darnos una idea de la Lima de fines del XIX y de principios del XX.

“para dar una idea de la opulencia de esta ciudad basta con relatar la exhibición de riquezas que hacia el 1682 hicieron los comerciantes de Lima a la entrada del Duque de la Palata, cuando este vino a tomar posesión de la ciudad; hicieron pavimentar el espacio de dos calles, las de la Merced y de los Mercaderes, por donde aquel debía entrar a la Plaza Real, de lingotes de plata de doce a quince pulgadas de largo, ancho de cuatro a cinco y el espesor de dos a tres pulgadas, lo que podía hacer la suma de ochocientos millones de escudos o veinte millones de libras de nuestra moneda sobre el precio actual” AMEDEE FRANCOIS FREZIER, Voyage de la Mer du Sud, Paris, 1716.


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