ELOGIO DEL GLAM Y DE BOWIE (SIN BOWIE): Velvet Goldmine

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Editor Revista Rock ID

Tras la muerte de David Bowie el 10 de enero de 2016 se abre una etapa lógica de revisión de su carrera, por supuesto en lo referente a su destacada producción musical, pero también en otras manifestaciones como el cine. Muchas son sus apariciones personales en la gran pantalla y el impacto de su música también se ha dejado notar en múltiples bandas sonoras. En 1998 Todd Haynes realizaba con su tercer largometraje un homenaje al glam rock basándose en gran medida en parte de la vida y obra de David Bowie. Pero lo curioso del asunto es que el cantante no aparecía por ninguna parte: ni en persona, ni en personaje recreado, ni siquiera en la música. Haynes había hecho un elogio del glam sin Bowie, aunque con su espíritu planeando por doquier y titulándolo precisamente como un conocido tema suyo: Velvet Goldmine.

Todd Haynes (1998) Velvet Goldmine

“Da igual lo que uno haga en la vida. Lo que importa es crearse una leyenda. Eres un buen cantante. Muy bien. Te haré una estrella”.

(Haynes 1998)

La pérdida de David Robert Jones nos pilló un poco desprevenidos a todos. Y digo a todos porque este británico que ha pasado a la posteridad con el nombre artístico de David Bowie, independientemente de gustos positivos o negativos, ha sido un personaje imprescindible en el panorama musical de las últimas décadas, además de dejar también su impronta (en menor medida) en otras disciplinas artísticas como el teatro y el cine. Cierto es que en el nuevo milenio su salud ya no era la de antes por lógicas razones de edad, dejando aparte si algunas etapas en el pasado caracterizadas por serios problemas con las adicciones pudieron hacer mella en su organismo. Pero no menos cierto es que debido a su ya frágil salud (en especial un problema cardíaco) llevaba desde 2004 sin realizar una gira de directos y apareciendo sólo en momentos muy puntuales en un escenario como colaborador de otros artistas.

El 8 de enero de 2013, el día que David cumplía 66 años, se lanzaba por sorpresa el videoclip de “Where are we now?”, su primer tema en 10 años, tras el álbum Reality (2003). A pesar del tono nostálgico de su letra, que apelaba al recuerdo de alguien ya entrado en años como Bowie por su querida ciudad de Berlín, el tema generó una gran expectación al anunciarse que se trataba del adelanto de un nuevo disco. The Next Day veía la luz dos meses después, en marzo de 2013, y la letra del tema que da nombre al álbum [1] parecía disipar rumores sobre su salud, avisando de que Bowie había vuelto para quedarse: “Here I am / Not quite dying”. Pero a partir de entonces el artista británico volvió a desaparecer del panorama público, salvo por contadísimas excepciones [2].

A finales de 2015 el veterano artista británico parecía volver a ponerse de actualidad por diversos derroteros, todos ellos llevados bastante en secreto y desvelados por sorpresa. En octubre se anunciaba que la serie televisiva coproducida por Reino Unido y Francia The Last Panthers contaría con un extracto de un nuevo tema de Bowie para los créditos iniciales. En noviembre se editaba en formato digital ese nuevo tema, “Blackstar”, acompañado de un videoclip inquietante y bastante surrealista [3] y se anunciaba que sería el adelanto de un nuevo disco que saldría a la venta en enero de 2016, también llamado Blackstar. Además, en diciembre se estrenaba en Nueva York Lazarus, un musical escénico con letra y música de Bowie, que también coescribía el libreto [4]; aún no lo sabíamos, pero su presencia en la noche del estreno de esta obra (el 7 de diciembre de 2015) iba a ser su última aparición pública. Días después se lanzaba de forma digital “Lazarus”, un tema que ya aparecía en la obra teatral homónima y que suponía el segundo adelanto del inminente nuevo disco del británico. El 7 de enero de 2016 se estrenaba el vídeo promocional de este tema [5], aún más inquietante que el anterior. No pude evitar comprobar que Bowie aparecía especialmente demacrado, casi cadavérico, bastante más estropeado que en el vídeo estrenado en noviembre, y la letra se me antojó bastante tétrica, como una especie de despedida. Pero estos vagos indicios nada podían frente a la expectación por el nuevo disco. Así que el 8 de enero de 2016, el día que Bowie cumplía 69 años, salía por fin a la luz Blackstar, su vigésimo quinto álbum de estudio. Ese mismo día pedí el disco online y comenzó la inquietud por saber cuándo aparecería por casa para degustarlo como merecía, con su caja original, con sus letras en el libreto.

Todd Haynes (1998) Velvet Goldmine

Pero llegaba el trágico momento de cogernos (a todos) desprevenidos, puesto que la expectación y la inquietud recibieron un cubo helado de agua fría sólo dos días después, el 10 de enero. Se anunciaba la muerte de David Bowie tras haber perdido una batalla contra un cáncer de hígado, llevada en la intimidad durante año y medio. Con el disco en la mano días después y habiendo escuchado todos sus temas, se confirmaba lo que había leído por doquier pero yo sólo podía atisbar a partir de los dos adelantos: Blackstar era un epitafio en toda regla, tanto musical como vital, una especie de “regalo” a los aficionados y seguidores de su carrera. No hay más que leer las letras de sus canciones para corroborarlo.

A partir de entonces se inició un lógico movimiento de revisión de la prolífica y dilatada carrera de Bowie, y no sólo en la música, sino también en el teatro o el cine. Momento de revisar ese álbum que hacía tiempo que no escuchabas o de encontrarte con esa versión o canción que desconocías. Momento de recordar algunos de sus papeles en el cine, como el extraterrestre de El hombre que cayó a la Tierra (The man who fell to Earth, 1976), el vampiro en El ansia (The Hunger, 1983), el Mayor Celliers en Feliz Navidad, Mr. Lawrence (Merry Christmas, Mr. Lawrence, 1983), el rey de los goblins Jareth en Dentro del Laberinto (Labyrinth, 1986) o Nikola Tesla en El truco final (el prestigio) (The prestige, 2006) [6]. Y momento también de plantearse ver por primera vez las películas en las que participó que aún no hayas visto.

En esos días de revisión recordé especialmente una película relacionada con Bowie que me gustó mucho en su momento y a cuya banda sonora le di muchos repeats durante bastante tiempo. Era una cinta que homenajeaba al glam rock y que tomaba como nombre una canción lanzada en 1975 por David Bowie, pero en la que no había ni rastro de él. Ni en el reparto, ni nombrado como uno de los personajes, ni en el equipo técnico relacionado con la música… ¡Ni siquiera en su banda sonora! El director estadounidense Todd Haynes (Los Angeles, 1961) conseguía realizar este peculiar homenaje con su tercer largometraje en 1998: Velvet Goldmine.

Todd Haynes (1998) Velvet Goldmine

La acción de esta cinta se centra en la investigación del periodista Arthur Stuart sobre la estrella Brian Slade, un artista de éxito a principios de los años 70 que había encendido la mecha del glam rock con un estilo rompedor y abogando por una revolución y una libertad sexuales que animaría a muchos a declarar su homosexualidad o su bisexualidad. Stuart, que fue testigo de cómo este artista fingía su propio asesinato al recibir un disparo en pleno concierto, recibe en Nueva York unos 10 años más tarde el encargo de su periódico de investigar las razones de ese simulacro y el paradero posterior de Slade, que después del trágico montaje desapareció por completo de la escena artística. Para ello, se reúne con algunas personas que tuvieron relación con el artista y, mientras recoge testimonios de quienes convivieron con el artista, él mismo va rememorando mediante flashbacks sus propios recuerdos relacionados con esta estrella musical. Así, se van entrelazando varias narraciones paralelas, desde los recuerdos de los 70 hasta el presente de los 80, y con doble protagonismo. Por una parte, Stuart va reconstruyendo la carrera de Slade, desde su infancia hasta su ascenso meteórico y su enorme éxito al crear el personaje de Maxwell Demon, llegando al fin al impacto sufrido cuando el artista Curt Wild aparece en su vida, con consecuencias no sólo en lo profesional, sino también en lo personal, puesto que su mujer Mandy, con quien estaba casado desde joven, será otra de las personas afectadas por esta crisis. Por otra parte, el periodista va evocando su pasado, desde ser un fan y un groupie de Slade a integrarse en la escena glam y aferrarse a la libertad sexual pregonada por sus artistas principales para afirmar su propia homosexualidad, que había provocado su huida del hogar familiar. Las indagaciones de Stuart y sus propias vivencias van poco a poco acercándose al motivo de la investigación periodística: ¿Por qué fingió Brian Slade su muerte 10 años atrás? ¿Y qué ocurrió después con él?

La película es un documento muy recomendable sobre el ambiente musical británico (y un poco también americano) de los años 70, haciendo hincapié principalmente en el mundo del glam rock. Este estilo tuvo un enorme éxito y contó con un nutrido grupo de artistas en su escena como T. Rex, Gary Glitter, Slade, Sweet o New York Dolls, mientras que otros destacados grupos y artistas pasaron por alguna etapa glam, siendo algunos de los casos más ilustres los del propio David Bowie, Roxy Music o Queen. Su etapa de desarrollo abarca aproximadamente entre 1971 y la irrupción del punk en 1976, si bien su influencia posterior es notable y ha inspirado pequeños revivals cada cierto tiempo, calando en artistas de lo más variopinto como Placebo o Marilyn Manson. Pero el glam supuso también un enorme impacto en términos estéticos y sexuales, puesto que su desinhibición en cuanto a la bisexualidad y la homosexualidad se traducirían en una moda andrógina y en una puesta en escena bastante teatralizada y con mucha sensualidad o glamour (entiéndase en el buen sentido estético y no en cierta “caspa” televisiva). ¿Sus señas de identidad? Los colores brillantes, los zapatos con plataformas, la moda sin distinción de género, el especial cuidado en el maquillaje, peinados muy atrevidos y coloridos y, cómo no, toneladas de brillantina o purpurina. No en vano, este estilo también se conoce por el nombre de este cosmético en lengua inglesa, glitter. Pero el glam era también en gran medida, como reacción a su época y como expresión transgresora, una cuestión de artificialidad, de exageración, de teatralidad, de personas interpretando personajes. En ese sentido Haynes no duda en elogiar al glam, pero lo hace de forma sincera, dejando a la vista no sólo sus éxitos y bondades, sino también sus excesos, fracasos y miserias.

Todd Haynes (1998) Velvet Goldmine
Todd Haynes (1998) Velvet Goldmine

El retrato del glam en cada minuto del metraje de la película es evidente, pero… ¿Dónde está David Bowie? No está representado directamente porque al parecer no le gustó que se hiciera una película sobre una de sus etapas personales más difíciles, e incluso presionó a Haynes y a su equipo para que el guión no estuviera tan explícitamente basado en su vida, lo que llevó a diversas revisiones del texto que, quizá, hacen que el argumento no sea totalmente redondo. En cualquier caso, a pesar de los deseos de Bowie, el resultado final facilita la identificación con él por medio de multitud de referencias estéticas  (algunas muy evidentes), por sutiles similitudes en la banda sonora original de Carter Burwell y por un buen puñado de los hechos recreados, algunos muy cercanos a su vida real. Aunque bien es cierto que no todas las referencias apuntan a Bowie, sino que también hay detalles de otros artistas reales de la época, dentro y fuera del universo glam.

Empezando por el personaje de Brian Slade (interpretado por un jovencísimo Jonathan Rhys Meyers), del que podría decirse que esta película es su (falso) biopic, no cabe duda de que su estilo y estética (vestimenta, peinado, maquillaje) evocan al Bowie de los primeros 70, a ese artista que había dejado atrás su etapa inicial folk para abrazar el rock y convertirse en una estrella del glam, caracterizada por su atrevimiento estético y su condición andrógina. En Brian Slade puede reconocerse fácilmente el estilo de Bowie en la época de sus discos The Man Who Sold The World (1970) y Hunky Dory (1971), aunque sobre todo hay una relación directa de su álter ego Maxwell Demon con el Ziggy Stardust que tan famoso haría a Bowie en 1972 y 1973. Pero quizá la petición de éste al equipo de la película de distorsionar posibles similitudes con él deja también otros detalles que acercan a este personaje ficticio a otras figuras musicales de esos inicios de los 70. Por ejemplo, su apellido coincide con el de la banda británica Slade, mientras que su nombre podría inspirarse en Brian Eno o Bryan Ferry, dos componentes de la mítica banda británica Roxy Music, y de los cuales incluso puede rastrearse cierta inspiración estética.

En cuanto al resto de personajes principales, también muestran cierta relación con Bowie, quizá con la excepción de Arthur Stuart (encarnado por Christian Bale), cuyo personaje de groupie y periodista musical no tiene quizá una figura real directamente relacionable, aunque sus vivencias sirven para contextualizar el impacto del universo glam en el Reino Unido (principalmente) de principios de los 70 como fenómeno de masas y especialmente en lo referente a la  libertad sexual, a la androginia estética y la afirmación de la bisexualidad y la homosexualidad [7]. Por su parte, el personaje ficticio de Mandy (interpretada por la actriz australiana Toni Collette), la mujer de Brian Slade, correspondería en la realidad con Angela Barnett, la que se convertiría en Angela Bowie en 1970 al casarse con David, siendo ambos bastante jóvenes por entonces, como lo eran Brian Slade y Mandy en la película.

Todd Haynes (1998) Velvet Goldmine

Otro de los personajes principales, el artista también ficticio Curt Wild (Ewan McGregor lo interpreta), se inspira principalmente en dos músicos estadounidenses ilustres que tuvieron en su momento relación directa artística y personal con Bowie: el incombustible Iggy Pop (nacido en 1947) y el ya fallecido Lou Reed (1942-2013). Principal pero no exclusivamente, porque es evidente cierta influencia estética de Mick Ronson (1946-1993), el guitarrista principal con el que contó Bowie entre 1970 y 1973. Lou Reed, tras abandonar la mítica banda The Velvet Underground en 1970, comenzó una carrera en solitario inicialmente dirigida hacia el glam, y de esa etapa el personaje toma algún detalle estético y argumental [8], mientras podía aludir también a la colaboración de Reed con Bowie y Ronson, quienes produjeron su conocido álbum Transformer (1972). Pero la mayor influencia proviene de Iggy Pop, sobre todo en la estética, ya que ropajes, peinados y una puesta en escena de lo más salvaje están casi copiados de “La Iguana”. Y, aunque se trate del personaje principal de la cinta más distorsionado respecto a la realidad, puede rastrearse en él cierta influencia argumental, tomando por una parte la relación artística entre Bowie e Iggy de 1971 a 1978, reflejada en el disco de The Stooges Raw Power (1973), producido por Bowie, y en los años que ambos pasaron juntos en Berlín, dando como resultado el apoyo y participación del británico en los álbumes de Iggy Pop The Idiot (1977), Lust for Life (1977) y T.V. Eye Live 1977 (1978), algunos temas escritos de forma conjunta como “China Girl” o “Tonight” y la participación del estadounidense en el álbum de Bowie Low (1977). Por otra parte, la relación personal entre ambos influye también en lo argumental, en especial en lo referente a los escándalos (unos fundados, otros más “amarillistas”) de ambos en torno al consumo y tenencia de estupefacientes y también con respecto a su “tormentosa” vida sexual. En cuanto al propio nombre de Curt Wild, más allá de similitudes con artistas de nombres parecidos, queda claro que su apellido hace referencia a una actitud salvaje tanto en lo musical como en lo personal de este personaje ficticio.

“Although what you are about to see is a work of fiction, it should nevertheless be played at maximum volume” (“Aunque lo que van a ver es una ficción, debe reproducirse a máximo volumen”). Con este texto justo antes de la escena inicial la película iba avisando de la importancia (lógica y evidente) de la música en ella, que suena casi en cada escena y durante casi todo el metraje. Y no cabe duda de que los temas elegidos conforman una excelente selección que, además, dio lugar a una enorme banda sonora que puede escucharse sin parar una y otra vez. Aunque, recordemos, por desgracia no esté Bowie [9], la selección musical de esta producción es un buen testimonio del movimiento glam, una muestra de muchos de los artistas más destacados de este estilo. Además, hay bastante cantidad de temas, abarcando ampliamente el glam y de pasada algunos estilos coetáneos, y podría dividirse en tres grupos de canciones diferentes: temas originales de los 70, temas creados para la película y versiones recreadas por músicos de los 90. Comenzando por las canciones originales de los 70, aparecen temas de artistas conocidos como Brian Eno (“Needles in the camel’s eye”, “The fat lady of Limbourg”, “Dead finks don’t talk”), Slade (“Coz I love you”), Gary Glitter (“Do you wanna touch me? [Oh, Yeah!]”), T. Rex (“Cosmic dancer”, “Diamond Meadows”), Roxy Music (“Virginia Plain”), Lou Reed (“Satellite of love”) o Steve Harley & Cockney Rebel (“Make me smile [Come up and see me]”). En cuanto a los temas creados específicamente para la película, muestran cierta influencia del Bowie de principios de los 70, y vienen firmados por Shudder To Think (“Hot One”, “Ballad of Maxwell Demon”), Grant Lee Buffalo (“The whole shebang”) o Pulp (“We are the boys”), además del compositor Carter Burwell (“Velvet spacetime”).

Pero lo más interesante de la música que acompaña a esta producción son las versiones, para empezar las de conocidos temas de los 70 realizadas por artistas en activo en los 90 (y casi todos aún en la brecha), como “20th century boy” de T. Rex por Placebo, “Personality Crisis” de New York Dolls por Teenage Fanclub y Donna Matthews (componente de Elastica) y “Bitters End” de Roxy Music por Andy Mackay (precisamente de Roxy Music) y Paul Kimble (miembro de Grant Lee Buffalo). Mención especial merecen los dos grupos  creados específicamente para la película para realizar versiones, uno que acompañaría al personaje Maxwell Demon de Brian Slade (The Venus in Furs) y otro que haría lo mismo con Curt Wild (Wylde Ratttz). Tomando como referencia a los Spiders from Mars que acompañaron a Bowie, el grupo The Venus in Furs (que toma el nombre de un tema de The Velvet Underground) estaba formado por músicos británicos: Thom Yorke y Jonny Greenwood (Radiohead), Bernard Butler (Suede), el batería Craig McClune (nombrado Clune en los créditos) y los mencionados Andy Mackay (Roxy Music) y Paul Kimble (Grant Lee Buffalo); contando con la colaboración del propio Jonathan Rhys Meyers como vocalista en algún tema, versionan a Roxy Music (“2HB”, “Ladytron”, “Bitter-sweet”), Brian Eno (“Baby’s on fire”), The Stooges (“Gimme Danger”) o Steve Harley & Cockney Rebel (“Sebastian”, “Tumbling down”). Por su parte, evocando a los Stooges de Iggy Pop, la banda Wylde Ratttz (que aluden en su nombre al personaje de Curt Wild y a The Rats, grupo de Mick Ronson previo a unirse a Bowie) tenía componentes estadounidenses: Thurston Moore y Steve Shelley (Sonic Youth) [10], Mike Watt (Minutemen), Don Fleming (Gumball), Mark Arm (Mudhoney) y Ron Asheton (The Stooges); eventualmente con Ewan McGregor de vocalista, realizan versiones de The Stooges (“T.V. Eye”, “My unclean”). Algunos de estos artistas activos a finales de los 90 que participan en la banda sonora aparecen también en las diferentes actuaciones o videoclips recreados en la película, e incluso algunos interactúan fuera del escenario con los personajes principales, caso por ejemplo de los miembros de Placebo [11].

Todd Haynes (1998) Velvet Goldmine

A pesar de que las mencionadas presiones de Bowie para distorsionar cualquier parecido con su propia vida y carrera den como resultado que algunos personajes aparezcan bastante estereotipados y que algunos hechos de la narración parezcan algo forzados, el resultado final de la película es más que satisfactorio y no defrauda en absoluto en sus casi dos horas de metraje. Uno de los aspectos más atractivos es la diferenciación de los dos principales segmentos temporales en los que se ambienta, dando lugar a un planteamiento imaginativo que aporta gran dinamismo a la cinta. Por una parte, el presente de los 80 en el que Stuart investiga se presenta muy oscuro y aburrido, un ambiente grisáceo y lúgubre que coincide con los años de Reagan en Estados Unidos (aunque no se le nombre por ningún lado), una etapa que no fue precisamente muy positiva para la cultura o las libertades sexuales. Por otra parte, el pasado reconstruido es mucho más colorido y dinámico, como corresponde a la explosión del glam, y se resuelve en gran medida con un ritmo visual vertiginoso claramente influido por la estética del videoclip, llegando al límite en ciertos episodios lisérgico-oníricos. Además, hay una referencia al principio de la película a Oscar Wilde en su infancia pensando en hacerse una estrella del pop, añadiendo al relato una joya que pasa por las manos de varios personajes de la cinta relacionados con el glam para darle cierta mística a esta evocación del pasado por parte de Stuart. Los intérpretes cumplen perfectamente y se meten de lleno en sus papeles, con Jonathan Rhys Meyers más que elocuente en su sensual papel de Brian Slade, Christian Bale abarcando un gran abanico de emociones como Arthur Stuart, una Toni Collette excelente y excesiva en su papel de Mandy y un Ewan McGregor realmente convincente emulando a Iggy Pop, sobre todo cuando derrocha energía en sus actuaciones. En conjunto, la película presenta una cuidada ambientación que consigue que el espectador pueda adentrarse en esa escena artística de los 70, mientras que la excelente banda sonora ayuda a empaparse de toda esa buena música del momento.

La oposición de David Bowie evidentemente distorsionó los planes iniciales de Haynes, pero eso no impide que el director le homenajee y le elogie sin parar, bien a través de su álter ego Brian Slade o bien rodeándole de personalidades y vivencias claramente muy similares a las de Bowie en su vida real. Uno de los mejores ejemplos es un hecho capital en el guión, el repentino fin del personaje de Maxwell Demon y del propio Brian Slade en un concierto, que tendría su paralelo directo en la realidad con la súbita despedida que Bowie hizo de su personaje Ziggy Stardust en pleno escenario del Hammersmith Odeon londinense en julio de 1973. Esa actuación que ponía fin de forma inesperada a una etapa exitosa en la carrera de Bowie quedó testimoniada en el gran concierto-documental Ziggy Stardust and The Spiders From Mars (1973). Y de ese mismo concierto Todd Haynes bebe en gran medida en términos estéticos para su retrato del nacimiento, el esplendor y el fin de la exitosa época del glam en Velvet Goldmine. Y ahora mismo, terminando de redactar, me doy cuenta de que he estado todo el rato acompañándome de muchos de los discos y los temas que se citan a lo largo del texto, de Brian Eno, Roxy Music, T. Rex o David Bowie, incluida la gran banda sonora de esta película. Entre lo que he ido escuchando y lo que voy tarareando mentalmente… Sólo por eso ya merece la pena verla otra vez y dejar que su música me envuelva de nuevo. Os recomiendo la experiencia, ya sea por primera vez o repitiendo.

Notas:

[1] Este tema fue promocionado con un videoclip impactante y transgresor (además de bastante explícito) protagonizado por Gary Oldman y Marion Cotillard junto al propio Bowie. Disponible en Internet a través del canal oficial de Bowie en Vevo-YouTube:

[2] Cabe destacar su participación a finales de 2013 en los coros del tema de Arcade Fire “Reflektor”. O la edición de dos nuevos temas en noviembre de 2014: el single “Sue (or in a season of crime)”, incluido en el recopilatorio Nothing Has Changed, y su correspondiente cara B “Tis a pity she was a whore”; ambos serían grabados de nuevo para formar parte de Blackstar.

[3] El vídeo, firmado por Jonathan Renck (director de la citada serie The Last Panthers), también está disponible en Vevo-YouTube:

[4] Este musical pretendía ser una secuela de la novela de Walter Tevis The Man Who Fell To Earth (1963), que sería llevada al cine en 1976 por el director Nicolas Roeg con el propio Bowie como protagonista.

[5] También dirigido por Jonathan Renck, y también alojado en Vevo-Youtube:

[6] Tratar toda su carrera cinematográfica va más allá de la intención de este artículo.

[7] En este sentido, hay que mencionar también que Todd Haynes es homosexual y precisamente ha tratado y reivindicado la diversidad y la libertad sexual en gran parte de su filmografía. Como curiosidad, Michael Stipe, el vocalista de R.E.M., que desde mediados de los 90 declara “no ser heterosexual”, es productor ejecutivo de la película.

[8] Por ejemplo, en la película se alude al tratamiento de electroshock que Curt Wild recibiría para intentar “curar” su homosexualidad, un dato extraído directamente de la biografía de Lou Reed.

[9] Aparte de algunos detalles en los temas musicales incidentales creados por Carter Burwell que se inspiran claramente en algunos temas de Bowie, la única y casi imperceptible aportación del artista británico son sus coros en el tema de Lou Reed “Satellite of Love”. Por cierto, la banda sonora que se comercializó en su momento no contiene todos los temas que aparecen en la película (desgraciadamente).

[10] Haynes ya había colaborado con Sonic Youth como director del videoclip de “Dissapearer”, un tema de su álbum Goo (1990). Se incluyó con posterioridad en la recopilación en DVD Corporate Ghost: The Videos 1990-2002 (2004) y también puede verse a través de Vevo-YouTube:

[11] Además de aparecer como componentes de las bandas ficticias The Flaming Creatures y Polly Small, los miembros de Placebo son retratados en varios momentos del metraje como amigos del personaje de Arthur Stuart en los 70.

Bibliografía, filmografía y enlaces de interés:

CASAS, Q. y FERNÁNDEZ VALENTÍ, T. “Todd Haynes. Cine clásico, perspectiva moderna”, Dirigido por… n. 463 (Feb. 2016), pp. 28-38.

HAYNES, T. (director) (1998) Velvet Goldmine (Largometraje, 118 min.) Reino Unido / Estados Unidos: Channel Four Films, Goldwyn Films, Killer films, Miramax, Newmarket Capital Group, Single Cell Pictures, Zenith Entertainment.


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