Paco Miró Quesada Cantuarias: “Odiaba a muerte las matemáticas”

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Francisco Miro Quesada Cantuarias

Por Pedro Escribano

El reconocido filósofo narró vivos pasajes de su vida durante su presentación en el Centro Cultural Garcilaso.

Francisco Miró Quesada pasa las mejores horas del día en la biblioteca de su casa de Chacarilla. En la imagen, con sus padres Oscar Miró Quesada y Josefina Cantuarias.

NACIMIENTO. El 21 de diciembre de 1918.
ESTUDIOS. Primeros estudios en Francia y Perú. Abogacía en la PUCP y Filosofía en San Marcos.
OBRAS. Humanismo y revolución , Apuntes para una teoría de la razón y Hombre, sociedad y política , entre otros libros.

En el colegio era uno de los primeros en echar vicio. A veces sacaba 11 en conducta. Pero asegura que también estudiaba “como bestia” y que literalmente devoraba los libros de la inmensa biblioteca de su padre. Cuando ingresó a la universidad, afirma que convirtió el Patio de Letras de San Marcos en un centro de pugilatos discutiendo sobre temas religiosos. Se creaba un tumulto tal que las autoridades universitarias “terminaron por prohibir las polémicas sobre religión en el patio”. Estos son algunos de los recuerdos que el maestro Francisco Miró Quesada Cantuarias, reconocido filósofo y una de las mentes más lúcidas del Perú, desgranó, chispeante, durante su presentación el pasado jueves en el ciclo de conferencias “Grandes Maestros Grandes” que lleva adelante el Centro Cultural Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Presentado por el poeta Antonio Cisneros, el filósofo tomó el micrófono y antes de agradecer la invitación al Garcilaso, expresó sus sinceras condolencias al presidente de la República cuyo padre, Anatolio Toledo Campos, esa tarde había fallecido.

“Si esto fuera una fiesta –dijo–, yo la hubiera suspendido. Pero no, es una conferencia seria y agradezco al poeta Cisneros el haberme invitado”. Comentó el que lo hayan puesto entre Szyszlo, Rostworowski y Luis Jaime Cisneros –los otros invitados al ciclo–, “significa que Antonio me tiene en alta consideración”.

No poca consideración. Como filósofo, “Paco” Miró Quesada, como se le conoce con cariño en los círculos intelectuales, busca con sus cavilaciones que los hombres –los peruanos en sí–, paradójicamente, no dejemos, humanamente, de pisar la tierra.

El filósofo miró el pequeño y cálido auditorio del Centro Cultural Garcilaso. Reconoció a sus amigos, miembros de su familia y un público asistente ávido de escucharlo. Movió la cabeza de un lado a otro como sin perdón. “No me queda más que lanzarme a la piscina y tratar de nadar lo mejor posible”, dijo.

Recordó que ingresó al colegio en el año 1932 y que su padre, Óscar Miró Quesada de la Guerra “Racso”, fue un inmejorable guía.

“Fui educado por “Racso”, fuertemente intelectual y un humanista. Me enseñó a investigar”, dijo.

Refirió que ante una tarea difícil, su padre nunca le resolvió los problemas. Le entregaba los libros y él debía hallar los datos para resolver su tema. El trabajo era de su entera responsabilidad.

“Felizmente que salía bien, claro, con la educación que él me había dado. Me gustaban todos los cursos, pero el que más me gustaba era el de filosofía. Siempre he tenido un deseo universal de conocimiento”, comentó el maestro.

“Me gustaban las letras y las ciencias –agregó–, menos las matemáticas a la cuales odiaba a muerte sin saber que años después las iba a estudiar a fondo”.

Recordó que sus estudios escolares los había iniciado en Francia y cuando llegó al Perú lo matricularon en el colegio Italiano (hoy colegio Raimondi). Tuvo que ponerse al día en cultura peruana. Tuvo suerte. En su colegio enseñaba Raúl Porras Barrenechea, José Jiménez Borja, Raúl Ferrero, Carlos Rodríguez Pastor, entre otras personalidades.

“Es decir, una universidad en pequeño. La clases eran extraordinarias, además tenía compañeros muy divertidos. Era bastante popular entre los estudiantes. Aunque era muy estudioso, a veces metía vicio (risas). No era pues de los chancones chicheñó (risas).

Contó que allí el director todos los meses leía las notas en el aula.

“Las notas de mis cursos eran buenísimas, pero en conducta tenía 11 (risas)… ‘¿No le da vergüenza Miró Quesada?’ –me preguntó el director–. ‘No’ le respondí con naturalidad. Contesté así un poco para meter vicio” (risas).

Que vivan las mujeres

Le llamó la atención que en su colegio sus opiniones escandalizaran a sus compañeros. Sus padres le habían enseñado que las mujeres eran iguales que los hombres, que tenían el mismo derecho y que su vida sexual debía ser exactamente igual que la de los hombres.

“¿’Pero cómo pueden enseñarte esas inmoralidades tus padres, me decían” (risas).

“Quizá allí estuvo el primer germen de mi vocación filosófica. Todavía no tenía conciencia de la filosofía, pero yo decía no puede ser que haya dos morales completamente distintas. Tiene que haber una sola moral, hay que encontrarla algún día”, comentó.

Recordó que su padre siempre salía en defensa de la mujeres. Contó que hubo una moda en que ellas se cortaban los moños y su peinado terminaban en puntitas sobre el rostro. Dice que algunos sacerdotes se escandalizaron y empezaron a decir en los púlpitos que quienes se peinaban de esa manera eran unas descocadas y descarriadas.

Racso salió en defensa de la mujer. Escribió una serie de artículos diciendo que tenían perfecto derecho a peinarse como quisieran y que más bien pensar a partir de un peinado sobre la vida sexual de la mujeres eso era lo pecaminoso.

“Algunos sacerdotes desde los púlpitos de la iglesia lo llamaron degenerado y borracho (risas)”, contó Paco.

Y es que su padre lo había educado en libertad, de tal modo que cuando llegó a sus años de adolescencia no tenía ante quién rebelarse. “Mis compañeros de la universidad se rebelaban contra sus padres. Yo tendría que volverme un conservador… (risas), pero no, eso era imposible. Entonces me rebelé contra la U. Católica y empecé a fastidiar con una maldad de la cual no me arrepiento (risas). Me declaré radical con todo (risas).

El error de Kant

Discutía con todos, en el aula, en el patio, en los corredores. Un día le trajeron un alumno avanzado del último ciclo para que lo “revuelque” en el Patio de Letras.

La discusión era sobre si la maternidad era sagrada. En algunas cosas Paco dijo estar de acuerdo, en otras, no. Dice que el otro insistía y atacó: “Tú no sabes porque nunca has sido madre?’ ‘¿Y tú tampoco’, le respondí. (risas). Gané la discusión”.

El filósofo también recordó el momento más feliz de su vida como estudiante. Descubrió un error en Kant.

“Se lo digo al profesor, pregunté a mi compañero. ‘No seas bárbaro, cómo se te ocurre’, me reprimió. Pero no, pedí la palabra y le consulté al profesor. “Sí, tienes razón”, me dijo Julio Chiriboga.

Paco Miró Quesada miró al auditorio. Parecía que volvía a gozar ese momento corajudo.

“Me sentí feliz, caray, ¡haberle encontrado un error a Kant! (risas).

Solo el amor supera la filosofía

-¿Conoció a Sartre, no le sedujo el existencialismo?

-No, siempre lo leí con mucho cuidado. Sartre con el ser y la nada es brillante. No lo conocí, me hubiera encantado. Le cuento, yo era embajador en Francia y un día escuché un rumor. Venía la gente en protesta contra mí porque creían que iban a fusilar en Perú a Hugo Blanco. Me rompieron todos los vidrios. Eso lo había organizado Sartre. Me fastidió, pero Sartre es un genio.

-Usted que estudia la razón, ¿qué es lo más irracional?

-Un tirano, un dictador. Allí tiene usted a Fujimori, un gángster cínico.

-Usted que estudiaba mucho, ¿tenía tiempo para el amor?

-Por supuesto. Lo único que supera al amor es la filosofía.


ENFOQUE
Un maestro sin envidias

David Sobrevilla
Filósofo.

Con Francisco Miró Quesada Cantuarias el Perú posee uno de los tres mayores filósofos latinoamericanos vivos –los otros dos son Mario Bunge (Buenos Aires, 1919) y Luis Villoro (Barcelona 1922, pero de padres mexicanos).

¿De dónde procede la importancia de MQC y de su obra? En filosofía ha escrito obras fundamentales en el campo de la filosofía formal (lógica y filosofía de la matemática), de la filosofía teórica (teoría de la razón) y de la filosofía práctica (fundamentación de la ética, filosofía política y filosofía del derecho).

En el ámbito de la filosofía peruana fue uno de los fundadores de la Sociedad Peruana de Filosofía (en 1940). A nivel de la filosofía mundial recibió un gran reconocimiento al ser elegido en 1993 Presidente de la Sociedad Internacional de Sociedades de Filosofía.

MQC ha participado activamente en la actividad política peruana: fue ideólogo y Ministro de Acción Popular, Embajador del Perú en Francia y aconsejó a Morales Bermúdez que las FFAA regresaran a los cuarteles y el Perú volviera a la democracia.

Personalmente MQC es un hombre sin envidias –en el Perú que está dominado por ellas-, generoso y de una enorme bondad –y ella es la sal de la tierra. Lo escribía así hace años don Jorge Basadre que tanto conocía de las cosas y las gentes del Perú.


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