César COLOMA PORCARI

En el Perú comemos frejoles guisados desde hace mucho tiempo, ya que son nativos de nuestro país.

La Real Academia Española (22ª edición, 2001, tomo 5, página 737) escribe “frejol”. Pero hay que tener presente que en algunos lugares del Perú y en varios países latinoamericanos, se conocen como “porotos”, palabra de origen quechua.

Fray Bernabé Cobo, en 1653, afirma que “Llámanse… en lengua quichua, purutu” (sic), y que “se comen cocidos y tostados” (“Biblioteca de autores españoles”, Madrid, tomo 91, páginas 174-175).

Ricardo Palma nos cuenta que el ocurrente padre Chuecas, para “afrentar en público la tacañería del reverendo padre guardián” franciscano, en un novenario, cantó: “Los frailes en las tarimas / y el guardián en los colchones” y las beatas contestaron en coro “Humilde y divino Antonio, / ruega por los pecadores”. Y continuó: “El guardián come gallinas, / los frailes comen frejoles”. Y las “rezadoras”, como loros, cantaron: “Humilde y divino Antonio, / ruega por los pecadores” (“Tradiciones peruanas”, Espasa-Calpe, 1983, tomo 5, páginas 128-129).

Además, el Dr. Manuel Atanasio Fuentes, en 1860, afirmaba que los frejoles eran vendidos por las almuerceras ambulantes, entre las nueve y las diez de la mañana. Pregonaban “¡Amozáa pué! ¡se va la amuesee!… ¡frijolito con aróoo!” (“La Ciudad de los Reyes”, Lima, Instituto Latinoamericano de Cultura y Desarrollo, 1998, páginas 112, 281).

Y un personaje del célebre Manuel Asencio Segura, afirma: “Yo como arroz y frejoles / con más gusto, si están hechos / en casa, que estos frangollos / que con cuatro candelejos / se atracan en una fonda, / hotel, como llaman ellos” (“Artículos, poesías y comedias de Manuel Asencio Segura”, Lima, Carlos Prince, impresor y librero, 1885, página 339).

Por último, Arturo Montoya se refería a los “Frejoles que se aderezan / con el pellejo bien limpio / del puerco son deliciosos / i rivales no han tenido” (“Romancero de las calles de Lima”, Lima, Imprenta Rivas Berrio, V serie, 1934, página 43).

Disfrutemos de los exquisitos frejoles con arroz, que, como le hemos podido comprobar, fueron alabados por algunos de los más famosos escritores del Perú.


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