Escribe: Sonia Obregon

En el histórico distrito del Rímac, Orlando Velarde Vera, de 80 años, conserva intacta la tradición del sanguito, cuya receta heredó su esposa Marcela, antes de que falleciera. Uno de sus más grandes sueños es que más personas revaloren este postre popular.

Desde que su esposa Marcela partió a la eternidad, Orlando Velarde Vera le rinde homenaje con uno de los postres más antiguos del Perú: el sanguito, manjar culinario que se vende en las calles de Lima desde la época colonial. En memoria de su amada, él y sus hijos buscan que este rico dulce popular vuelva a ser incluido en las cartas de los restaurantes peruanos.

Herencia familiar
En la esquina del jirón Chira y prolongación Tacna, en el Rímac, Orlando ofrece su postre a los transeúntes que buscan engreírse con un antojito al paso. Sus 80 años de edad no son un obstáculo para endulzar a diario el paladar de su público, que no respeta domingos y feriados. Él sabe que solo así más personas conocerán esta tradición limeña.

Desde que empezó a preparar este dulce, hace 25 años, el buen trato ha sido una de sus principales estrategias para fidelizar a sus clientes. Aunque no cuenta con un puesto fijo, las personas que lo conocen saben que siempre estará en esa esquina que conserva el aroma de su sanguito. Por recomendación de sus vecinos decidió implementar el servicio de delivery.

Uno de sus mayores logros ha sido participar por siete años consecutivos en Mistura, la feria gastronómica más grande del Perú. “Mi vecina me recomendó con el chef Flavio Solórzano. Me llamaron para una prueba y pasé”, comenta emocionado. Cada año, los comensales que acuden al evento lo encuentran en el puesto de “Sanguito la tía Marce”.

Manjar peruano
La preparación de este potaje es una tradición para Orlando. Primero, muele el clavo de olor y el anís en un mortero. Luego, los vierte en una olla a fuego lento y le añade azúcar, harina de maíz, esencia de vainilla, un litro de agua y una pizca de sal. Después de una hora, retira la masa suave y consistente, lista para servirse con pasas y coloridas grageas.

Sobre los orígenes de este dulce hay muchas versiones. Algunos historiadores aseguran que el postre llamado sango era el principal alimento de los esclavos negros, que vivían en las haciendas. Uno de los primeros escritores en hacer mención al sanguito como lo conocemos fue Ricardo Palma, quien lo describió como un guiso popular hecho a base de maíz.

Este postre se hizo popular gracias a los pregoneros. Ahora son cada vez menos las personas que se dedican a difundirlo. Orlando mantiene la esperanza de que esta tradición culinaria se transmita a las nuevas generaciones como su esposa y él lo hicieron con sus hijos. Mientras tanto y hasta que la vida lo permita seguirá gritando a toda voz: “Sanguito rico”.


Fuente: http://identidadesperuanas.com/

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