BRENDA OTERO

A Jimmy Page le han traído una bolsa llena de discos pirata de Led Zeppelin. Los maneja con expresión de disgusto y sin apenas mirarlos, como si barajase naipes tras una mala mano. En esta época de filtraciones digitales y ‘Torrents’ resulta casi enternecedor ver cómo el líder de una de las bandas de rock con más éxito de la historia todavía se molesta por un puñado de grabaciones no autorizadas. A finales de los sesenta, cuando los cuatro músicos empezaban, su corpulento mánager y exgorila, Peter Grant, amenazaba a los pequeños comercios que osaban vender esos vinilos ilegales. Cuarenta años después, Led Zeppelin ha vendido más de 300 millones de discos y Page (nacido en Heston, Middlesex, Inglaterra, hace 70 años) es poseedor de una fortuna. Pese a todo, se sigue tomando la comercialización de los conocidos como ‘bootlegs’ como una afrenta personal. “Es exasperante”, dice muy serio. Incluso a la hora de reeditar la discografía completa de los Zeppelin, un proyecto que le ha absorbido durante dos años, tenía en mente esta pila de discos aparentemente inofensivos. “Durante el proceso removí cielo y tierra para asegurarme de que nadie más tenía lo que yo tenía. Cuidé todo el material muy bien, pero siempre existe la posibilidad de que haya varias copias de las cintas”, comenta con su tono de voz afilado.

Page, de negro, con coleta y pañuelo al cuello, tiene esa delgadez de los rockeros de pasado excesivo y la reserva de quienes han experimentado la fama con mayúsculas. Es lo poco que le queda de esa época, en la que, enfundado en uno de sus trajes con bordados de dragones y armado con un arco de violín, se trasformaba en una especie de divinidad de los escenarios. A los 70 años ha perdido su halo luciferino, y más bien tiene el aspecto de regentar un herbolario. Sin embargo, no se le puede llamar vieja gloria ni pensar que es un rockero retirado al uso. Es uno de los guitarristas más venerados de la historia, precursor del heavy metal, coleccionista compulsivo de vinilos de todo tipo de géneros, perfeccionista implacable y alérgico a las entrevistas. Page es, además, un enigma que pocos presumen de conocer.

La vida da muchas proverbiales vueltas. Mientras señores como Leonard Cohen o los Rolling Stones siguen de gira, redefiniendo lo que supone ese término tan generalizador como es “la tercera edad”, Page se encerró voluntariamente para escuchar montañas de cintas antiguas. Teniendo en cuenta que no tenía que repasar todo lo que grabó de 1969 a 1982 para pagar la hipoteca, la explicación es que disfruta con esta laboriosa tarea. Tiene la visión que le dio producir sus títulos oficiales y, como líder de Led Zeppelin, la responsabilidad de mantener su legado. Su encierro ha dado como frutos varias golosinas para fans y mitómanos que quieran revivir los años dorados del rock: ediciones ampliadas y con mejor sonido de los nueve discos del cuarteto británico en varios formatos: compacto, vinilo, soporte digital y una caja deluxe limitada. Las tres primeras reediciones (“Led Zeppelin’ I, II y III) se colaron en los primeros puestos de la listas estadounidenses. Ahora se publican el cuarto trabajo originalmente sin nombre pero conocido como ‘Led Zeppelin IV(1971) y el quinto, ‘Houses of the holy’ (1973). La edición de superlujo incluye variaciones inéditas de cada tema del disco original y mezclas alternativas de varias canciones, como ‘Misty mountain top’ y ‘Four sticks’, y la versión alternativa e inédita de la celebérrima ‘Stairway to heaven’.

Usted insiste en que no vuelve a publicar estos discos para ganar dinero. ¿Cree que se sigue pensando eso?

El éxito de la primera tanda ha hecho que mis intenciones se entiendan mejor. Es difícil de explicar y muchos no tenían claro de qué iba el proyecto. Pensaban que sacaría temas extras, cuando en realidad el material inédito es un acompañante de los originales.

Que ironía que en una época en la que los músicos se las ven y se las desean para vender un mísero disco, las reediciones de trabajos publicados hace cuatro décadas sean un rotundo éxito comercial.

La realidad es que yo invertí mucho en ello. Dediqué horas y horas de trabajo y tuve que pagar a ingenieros de sonido. Es un tipo de labor muy particular y tenía que resultar en ventas. Afortunadamente, Led Zeppelin tiene una legión de fans. En general, eso de ofrecer la música gratis y sacar dinero de los directos o el merchandising no es tan fácil como dicen. No siempre funciona.

‘Led Zeppelin IV’ es el segundo disco de la historia más vendido en EEUU [detrás de ‘Thriller’, de Michael Jackson] y se considera uno de los mejores de rock and roll de todos los tiempos. Y no ha envejecido, pese a haberse grabado en 1971. Con la perspectiva que le da haberlo repasado recientemente, ¿qué es lo que le hace diferente a los demás?

Desde el principio, ofrecimos una colección de ideas yuxtapuestas que nunca se habían escuchado: la mezcla de acústico y eléctrico, las diferentes capas sonoras de guitarras, la actitud. Pero en este disco teníamos mucha más confianza en nosotros mismos como músicos. Habíamos crecido y mejorado. Pudimos expandir esas ideas porque sabíamos que todos podíamos tocar cualquier cosa que nos echaran.

¿Cómo recuerda su grabación? ¿Puede compartir algún detalle?

Para mí era muy importante encontrar un lugar en el que pudiéramos quedarnos a dormir y hacer mucho ruido. Sabía que Fleetwood Mac había organizado ensayos en una mansión de Hampshire (Inglaterra) que se llama Headley Grange. Nadie había grabado en ella, pero sabía que podríamos montarla porque los Fleetwood no se iban a la cama a las diez de la noche. Allá que nos fuimos y empezamos a explorar las habitaciones y a probar instrumentos. El disco tomó forma en ese lugar.

¿Qué es lo que más echa de menos de pertenecer a un grupo de rock?

Disfruto tocando en vivo y la manera en la que la música cambia en directo. Lo que quiero decir es que echo de menos la posibilidad de moldear la música mientras toco, la improvisación y la calidad de artistas que realmente escuchan y saben por dónde van los tiros. Si no encuentro a ese tipo de músicos, no puedo hacer nada.

Led Zeppelin se desintegró a principios de los ochenta tras una letanía de mala suerte. Los problemas con la heroína de Page y el fallecimiento del hijo del cantante, Robert Plant, por una infección intestinal fueron mermando la moral del grupo hasta que en 1980 el batería, John Bonham, murió ahogado en su propio vómito tras una colosal borrachera. Ese grupo de rock que parecía tocado por los dioses desapareció de repente. El punk, entregado a cortar de cuajo la herencia de los rockeros melenudos y ampulosos, les dio el tiro de gracia. Intentaron reavivar la magia con reuniones esporádicas y el hijo de John Bonham, Jason, como batería. Pero no llegó a cuajar. En el 2007 dieron su último concierto, que tuvo lugar en el O2 Londres. Page estaba más que dispuesto a volver a la carga, pero se encontró con la negativa rotunda de Plant, que estaba dedicado a su carrera en solitario y acababa de publicar disco con material original. Sus pocas ganas de juntarse con Page mientras cantaba temas de Led Zeppelin en sus conciertos contribuyeron al deterioro de la relación entre ambos. Plant mantiene que no vuelve con sus antiguos compañeros porque él no se aburre, y el guitarrista le replica que está cansado de “sus juegos”.

Todo apunta a que no volveremos a ver a Led Zeppelin en directo. Es una pena que los más jóvenes no puedan vivir la experiencia.

Bueno, también estas jóvenes generaciones pueden repasar grabaciones y filmaciones antiguas. Pero nunca se sabe… Otros de nuestros coetáneos que basaban su música en el blues, como Eric Clapton, Jeff Beck o los Stones, siguen tocando. Continúan siendo vitales a pesar de su edad. Esa generación de artistas sigue teniendo relevancia.

Robert Plant dijo que…

¡A Plant ni me lo mencione!

Es que declaró a la prensa que el material extra que ha incluido en las reediciones no es relevante.

¿Por qué me pregunta eso?

Porque este proyecto es importante para usted y quería saber cómo le ha sentado la opinión de su compañero.

Solo quiero decir que cada cual tiene derecho a pensar lo que quiera.

Cambiemos de tema, pues. El sonido Led Zeppelin es rock contundente, pero además tiene una dimensión espiritual. ¿Lo ve usted así? ¿Lo buscaba?

Si se refiere al espíritu manifestándose en pasión, entonces sí. Nunca lo he sentido de una manera especialmente diferente. Quería hacer música que pusiese el vello de punta.

Pamela Des Barres, una exnovia suya, escribió en su biografía que ver tocar a Led Zeppelin era como “tener un orgasmo”.

Supongo que eso es ir un paso más allá que el vello erizado.

¿Ha leído alguno de esos libros que relatan las batallitas de la época?

¿Por qué habría de hacer eso? Ahora mismo estoy leyendo ‘El manantial’, de Ayn Rand [filósofa y novelista de origen ruso que disfruta de una popularidad renovada entre los neoconservadores estadounidenses; el título de su libro está basado en la frase: “El ego del hombre es el manantial del progreso humano”]. Pero no lo ponga en la puta entrevista, es un dato aburrido y no quiero que se sepa lo que leo. La verdad es que no suelo leer libros sobre música, solamente sobre los autores clásicos.

No lee biografías, pero ¿ha pensado en escribir sus memorias, después del éxito de su autobiografía fotográfica ‘Jimmy Page by Jimmy Page’? Le habrán puesto buenas ofertas sobre la mesa.

Me tienta la idea, pero quiero que se publique tras mi muerte. De esa manera podré contar la verdad y decir exactamente lo que quiera sin que me vengan a visitar abogados. No tiene sentido aguarlo, quiero contarlo como realmente fue. Y otra ventaja es que no tendría que promocionarla.

Jimmy Page nunca ha sido muy amigo de hablar sobre su pasado, lo que no ha hecho más que acrecentar el mito en torno a la banda. Han corrido ríos de tinta sobre sus escarceos con las drogas duras, su relación con la ‘groupie’ Lori Maddox cuando ella tenía 14 años, que llenaba las carátulas de símbolos indescifrables y estaba tan obsesionado con la figura del ocultista Aleister Crowley que se compró su mansión embrujada en el lago Ness, Escocia. Él, de manera consciente, ha preferido no dar explicaciones ni pronunciarse sobre todo aquello. Escudándose en la idea de que la música debe ser lo más importante, el astuto Page ha sabido cómo hacer que la leyenda sobreviva. Las tropelías de Led Zeppelin durante las décadas de los sesenta y setenta aún despiertan morbo. Las orgías con fans y un tiburón recién pescado, el sexo duro, los destrozos de hoteles, las drogas, las guitarras de doble mástil de Page, la arrogancia, la energía sexual… Los lugares comunes sobre los grupos de rock nacieron con ellos.

Led Zeppelin nunca publicó sencillos ni aceptó salir en televisión. ¿Puede explicar esa decisión?

La razón es que prefería que la música hablase por sí misma. Era un mundo diferente, no teníamos que grabar videoclips, ofrecer imágenes a gente que no piensa por sí misma. La audiencia de aquella época no era tonta, eso es exactamente lo que no era. No había que describir las cosas, solo teníamos que emocionar. Las discográficas querían que sacásemos canciones similares al éxito del anterior álbum. Si nos negábamos, conseguíamos libertad absoluta para hacer que cada trabajo sonase diferente. Por esta razón no sacábamos sencillos. Por aquella época podíamos tocar las nuevas canciones en los conciertos antes de que saliera el disco. No es como ahora: los grupos tienen un miedo mortal de que lo saquen en Youtube.

¿Qué le parece que en algunas tiendas de guitarras haya carteles que expresamente prohíban tocar ‘Stairway to heaven’?

La canción va a contrapunto, por eso es un buen ejercicio. De todas maneras, le puedo garantizar que si yo apareciese por allí me rogarían que la tocase. Haría la prueba solo si usted viniese conmigo a documentarlo.


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