Dos países reconocidos por su sabor y culinaria se enfrentan por la paternidad de una hija sabrosa que un día se convirtió en una de las grandes protagonistas de la alimentación mundial: las papas fritas. A pesar de los eternos debates y luchas por delimitar a quién adjudicarle su autoría, la cuestión aún continúa siendo un misterio.

“Las papas fritas son hijas de la cocina de la calle, de baja extracción. Por eso es difícil establecer su certificado de nacimiento”, explica la historiadora francesa Madeleine Ferrière, según reporta la agencia de noticias AFP. Aquí las historias sobre el nacimiento de esta monarca de los ‘fast foods’, compañera perfecta del pollo a la brasa y habitante de restaurantes de todo tipo y clase.

LAS HIPÓTESIS
Por un lado, se dice que este producto nació en el corazón de París. No por gusto en inglés su traducción es ‘french fries’. Según algunos historiadores, este habría sido creado por los ambulantes que, después de que se ejecutara (casi literalmente) la revolución francesa (1789), se apostaban en el puente más antiguo de la capital francesa a vender sus fritas delicias.

En el otro lado del ring culinario encontramos la versión belga. Para ellos, la papa frita nació en el sur del país, en Namur. Se dice que sus habitantes acostumbraban pescar pequeños pescados en el río Mosa. En un invierno particularmente frío este se heló. Sin poder obtener su alimento del mar, habrían cortado las papas en forma de reducidos peces.

LAS DIFERENCIAS
Según el especialista cultural belga Roel Jacobs, no importa realmente la procedencia de las papas fritas. Para él lo que cuenta es la manera en que estas se implantaron.

“Los franceses y los belgas han optado por vías diferentes. Para los primeros, la frita acompaña a la carne, normalmente un bistec, mientras que los belgas la suelen comer sola, acompañada con una salsa”, cuenta Jacobs.

“Los belgas hemos convertido la patata frita en un producto noble y no un simple vegetal”, dice Albert Verdeyen, cocinero escritor. “Pero sobre todo, controlamos mejor que nadie el arte de la doble cocción, para que sean doradas y crocantes”.

La forma de disfrutarlas también es diferente en cada uno de los países que disputan su paternidad. Mientras los franceses la comen con tenedor en un plato, en el restaurante o en casa, los belgas prefieren comerlas con los dedos, a cualquier hora.

Probablemente nunca sepamos a ciencia cierta donde fue concebida. La cuestión es que, finalmente, el ADN de las papas fritas es mundial. Multiforme y camaleónica, esta se ha adaptado a su entorno. Ha sido homogenizada y globalizada con la contribución de las cadenas multinacionales gringas y se ha convertido en una de las compañeras fieles de los peruanos. No importa dónde la crearon, lo que cuenta es cómo la disfrutamos.


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